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Franco Silvio: El no percibir

Un problema inaparente, pero decisivo. Vale preguntarse cómo un problema inaparente es decisivo. Es lo que traducen las líneas que siguen: el no percibir los problemas esenciales de la república

 

El no percibir podemos referirlo a: “cosa”, “objeto” y a nuestro “yo”; pero vamos a centrarnos  específicamente en la tradición de nuestro devenir político republicano. “La vida es ante todo toparnos con el futuro. La vida es lo que vamos a ser, lo que aún no es”[1].

La Tradición en su consolidado equilibrio de creencias[2], está de-terminada, de-finida, finita. Es lo que no se percibe: su finitud. Es necesario trascender esa finitud, pero el peso casi absoluto de la tradición, nos mantiene en un estancamiento aceptado como válido.

En el no percibir dejamos de lado una latencia inaparente[3] que el peso de la tradición y sus límites, obstaculizan para que la razón las haga patentes y claras, las des-cubra. La mitificada certeza de creencias tradicionales, en nuestro caso, una específica tradición republicana que, sin profundizar en la circunstancia, impide problematizarla[4] en sí misma, necesita un intento por crear la posibilidad de una mediación que la des-cubra, de esa experiencia que nos permite crear la alteridad de trascendencia trasformadora [un horizonte distinto desde el cual la República puede avanzar al mundo contemporáneo que merecemos]. Es una específica circunstancia que al mantenernos su la tradición secular, no cuestionamos. Atrevernos a hurgar en los detalles de la mundana cotidianidad [lo contingente]; de, a lo que siempre nos obliga la tradición a repetir, no posibilita el cuestionamiento sobre los que siempre hacemos, impide esa duda positiva que permite crear, innovar por sobre las creencias establecidas. Hurgar, des-cubrir, abre ante nosotros el horizonte transformador.

El problema de no percibir es una complejidad nada fácil cuando la tradición secular en su devenir se construye como status natural, en condiciones normales de estabilidad, genera una actitud natural de  aceptación, sin sobresaltos ni accidentes políticos, de las creencias establecidas por la tradición. Cuando la circunstancia presenta condiciones catastróficas, de emergencia incontrovertible, la actitud natural comienza a ser problematizada; ya hay evidencia tangible de ser así, solo que los mecanismos polarizadores [herramienta útil y exitosa del modelo político autoritario] crean callejones ineludibles para la sociedad, que es obligada compulsivamente a mantenerse en el carril de la tradición, pero la des-naturalidad en la sociedad existe y se manifiesta en desapego; se necesita, entonces, con urgencia una dirección política bien centrada y efectiva en darle cara a los polos dominante, como posibilidad aglutinadora ante un descontento que es evidente. Los dos polos, por hábito y conducta persistente en la tradición política no lograrán caracterizar el momento. Esta característica en los dos polos [PSUV y MUD] es evidente, sus discursos, propuestas y desempeño, demuestran que no perciben el rigor de una circunstancia problematizada por la finitud de la tradición.

Ejemplos de rigor sobre cómo nos mantenemos en una diatriba in-esencial y estéril sobre decisiones políticas.

Sobre el destino del ingreso petrolero, la diatriba está centrada en la incidencia del porcentaje que (cada quien: PSUV y MUD) dedica a la inversión productiva o a la inversión social. No está demás apuntar aquí, que por encima del peso que se dedique a una o a otra, las dos tienen un carácter populista, es evidente lo que se ha despilfarrado en inversión productiva y que ello no haya cambiado en nada (durante cien años) el estancamiento de casi nula diversificación económica. Respecto a la inversión social; todos, con mayor énfasis en uno o en otros, son partidarios a ultranza de los subsidios como única salida, receta populista practicada por todos en nombre de los más necesitado, pero que al final los deja en lo mismo, más necesitados. Sostenemos que ambas formas son equivocadas, porque lo trascendente está en cómo es la inversión productiva y cómo es la inversión social: la inversión productiva debe ser en áreas de desarrollo estratégico para Venezuela, no en dar dinero para producir a cualquier avispao que se despilfarra o en una empresa que sólo es importante para el bolsillo del avispao, o se va a una cuenta en el exterior, es evidente que en cualquiera de las dos formas, no es inversión en función del interés nacional. En la inversión social, sin negar subsidios necesarios, lo central es enfocarnos en la educación de calidad como el mayor esfuerzo concreto de redención social; cambiar al clásico todero de la sociedad venezolana, por seres humanos con una alta calificación de trabajo, que permitan, junto a medidas colaterales en otros ámbitos, una base para el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco de una sociedad de conocimiento que requiere Venezuela para Construir Nación.

Sobre El Diálogo: punto crucial de la diatriba política [aparentemente]; podemos decir que dentro de todo es necesario, siempre es bueno que en un país compartimentado entre gobierno / oposición, por lo menos que se hablen, es positivo. Queremos expresar que al no percibir los problemas esenciales de la República, los actores de la diatriba política subsumidos en los parámetros [límites] de la tradición, es casi imposible que los intereses fundamentales de la nación sean el centro de un diálogo pertinente para todos los venezolanos. No está demás advertir que estos problemas esenciales son arrastrados durante toda nuestra vida republicana; de verdad, superarlos, trascender sobre el devenir que ha marcado nuestra República, es una necesidad incontrovertible; es poco importante si se es de derecha o de izquierda (como se expresa la división), conviene a toda la nación superarlos. Lo pertinente de un diálogo es construir un Acuerdo Nacional, centrado en nuestros problemas esenciales, cómo trascenderlos, para Construir Nación, Nación de Primera.  El Acuerdo Nacional nos interesa a todos y requiere la participación más amplia posible de todo  ente propositivo [partidos, organizaciones civiles, organizaciones productivas y de la economía, universidades y organizaciones educativas, medios de comunicación y la F.A.N.B.]. Aquí nace un compromiso básico con Venezuela, Construir Nación, que nos interesa a todos. Debe reflejarse el compromiso en un Nuevo Proyecto Nacional [compromiso de políticas de Estado]. Este compromiso ni desconoce ni desvaloriza la alteridad de cada ente, pero conjura necesidades básicas de la Republica para trascender el estancamiento que vivimos.

Otro problema fundamental es La Unidad. Aglutinamiento del segmento mayoritario de quienes se oponen al gobierno. Se constituye en el concepto de mayoría hegemónica acrítica ya caracterizada, que denominamos el uno-asociado; donde la cúpula asociada (la que decide), ha demostrado hasta la saciedad, hasta más no poder, ser una dirección errática, demostración tangible, evidencia de errores que demuestran incoherencia y discapacidad operativa. En verdad, ya no pueden, se mantienen en los parámetros del modelo político autoritario y en sus hábitos y conductas no se privilegia el interés nacional; su no percibir arranca en una caracterización incorrecta de la circunstancia que vivimos que los ha llevado a los disparates políticos que a diario observamos. El error de caracterización es generalizado y ha restado importancia a otros intentos por crear otra dirección.

La Unidad debe tener un vector político para Venezuela, con sentido y dirección (sentido y significación para que la República avance), es proponernos un Nuevo Proyecto Nacional, que solo puede nacer de un Acuerdo Nacional (pero no de mochos, sino de mucho, más amplio). Debería ser la base de un Diálogo por el País.

Al dejar en claro puntos de la diatriba contingente que forman parte del debate y confrontación estéril que solo conducen a un cambio de ropaje en la política, seguramente se preguntarán cuáles son esos problemas esenciales a los que tanto nos referimos. Queremos decir que constituyen, de parte nuestra, percepciones que ya hemos mediado en reflexiones que nos colocan en un punto distinto a otros; pero es perfectamente admisible que puedan surgir otras con la misma consideración de rigor.

1.- Es notoria la ausencia de independencia de poderes en la capa conjuntiva del Estado[5], la diatriba lo asume en la notoria desproporción de hoy por el peso fundamental del Poder Ejecutivo [Presidente] sobre los otros poderes, lo cual es cierto; pero en esta materia, el argumento opositor para la diatriba política, otorga al proceder del pasado democrático (cuarto-republicano según la jerga) un status perfecto como el proceder debido y correcto; lo cual, NO ES VERDAD. Siempre los Presidentes han tenido un peso determinante en el manejo de la capa conjuntiva del Estado [Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Poder Legislativo]. Ello es producto de la asimilación, en la era democrática, del Modelo Político Autoritario que prevalece desde los tiempos de J.V.Gómez, donde se retroalimenta el autoritarismo secular con la conjunción en un solo cuerpo, del “Hombre Fuerte” [esencia tangible del autoritarismo] con el Estado con Dinero. El Hombre Fuerte, de presencia secular en nuestra vida republicana, asume una nueva dimensión (fortalecida), que en la era democrática se transmuta en Presidente de la República [Hombre Fuerte elegido por el voto popular]. Las sutilezas de los de antes, frente a la impronta desproporcionada del Presidente Maduro en su acción ejecutiva, no limpia del pecado a los anteriores Presidentes.

La independencia de poderes, interpretada por el Hombre Fuerte y aceptada, sin más, por las mayorías [“…así, así, así es que se gobierna”], ha sido historia de siempre. Demás está decir que es inconveniente, una primera, Hombre Fuerte-Estado con Dinero, representa el manejo discrecional del Dinero y una actitud conniciente sobre su destino; segunda, cercena la equidad del equilibrio de los Poderes Públicos, con la deformación que ocasiona al devenir democrático de la República [esto es hoy y ha sido evidente en el pasado]; tercera, la falta de independencia de poderes es una barrera terrible contra la diversificación económica.

Todo esto es una realidad que debemos transfinitar, porque llegó al llegadaero, ya no permite a la República avanzar.

  1. Toda Nación que se valore necesita construirse como una sociedad de conocimiento. Ello implica dar importancia esencial a la Educación de su población, educación calificada. Necesita invertir en Ciencia, Investigación y Creación Tecnológica. Sin embargo en Venezuela, esto fundamental, se trata y se ha tratado con displicencia, sólo importante para la ocasión oportuna de algún discurso, nada más. Las Universidades Nacionales han desmejorado, se ha aumentado la matrícula universitaria creando otras universidades, sin darle importancia a la calidad educativa. Otro tormento lo constituye el bajo nivel de educación formal y el déficit de maestros, así como el retraso en el mejoramiento de los educadores en función.

Es un problema esencial de la República al que muy pocos prestan atención y a los que se enfocan en su primordial importancia, son tratados como desubicados.

3.- Otro problema fundamental (importancia primordial) lo constituyen las imperfecciones del sistema electoral más perfecto del mundo (como se ha dado en llamarlo.) Más allá de las quejas y lamentos de la política tradicional sobre la transparencia, válidas o no, son problemas superables; que inclusive superándolos, persiste el problema esencial, en el que la política tradicional no se detiene: nuestro sistema electoral es un pernicioso sistema mayoritario, que genera mayorías hegemónicas acríticas, porque es el que le conviene al Modelo Político Autoritario (el modelo se ha adaptado a las circunstancias que le ha tocado, se retroalimenta, mediante una base jurídico-política que le permite prevalecer). Las mayorías hegemónicas acríticas generan compulsivamente dinámicas forzadas de polarización que cercenan la pluralidad democrática del libre juego de ideas, mediante la inexistencia de proporcionalidad de hoy [a pesar de estar consagrada en la Constitución], o la anteriormente usada de representación proporcional de las minorías, que es un extremo mínimo posible, limitante, un saludo a la bandera.

Este problema esencial es fundamental para la democracia; sin embargo, la inmensa mayoría no lo percibe y la élite política la evade, aunque es lo más conveniente a la democracia, porque le daría un dinamismo efectivo, contra el compulsivo criterio mayoritario del uno [único o asociado (PSUV-MUD)] de lo tomas o lo dejas, empobrecedor drástico de la democracia.

Franco Silvio / 2017.

[1] Camilo Arcaya; “Ortega y Gasett y la superación de Filosofía Moderna”. Colección N° 17de Filosofía del Derecho y otros temas afines. Homenaje a Juan Bautista Fuenmayor Rivera. Tribunal Supremo de Justicia.

[2] Asimilada y admitida como perfectas para la vida subsumida en ellas, en los límites de la tradición, en su estado finito, [inaparente para esas vidas].

[3] El no percibirlas, no es ignorancia ni descuido, sencillamente la tradición establece creencias muy firmes, que determina que las cosas son así, la mundanidad, la cotidianidad en el devenir republicano lo ha establecido como lo verdaderamente válido; quien vive sumergido en la tradición, no ve, ni siente necesidad de pensar distinto de lo que admite que es; en su vida, así está establecido, es su mundo. No repara en la latencia fáctica de las creencias, que es urgente trascender, transfinitar.

[4] Ponerla en duda

[5] “La democracia como ideología” Gustavo Bueno http://camiloarcaya.info/?s=la+democracia+como+ideolog%C3%ADa+Gustavo+Bueno

 

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