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Jesús Alberto Castillo: El 2018, hacia un liderazgo que supere lo fantasmal

El afamado escritor argentino Jorge Luis Borges, en su célebre relato “La biblioteca de Babel”, publicado en 1941, sostuvo que “La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”. No deja de tener razón el gran hombre de letras, porque la vida que se presenta tormentosa por una eternidad, suele dar cambios vertiginosos para brindarnos satisfacción y alegría. Pero tal fenómeno no es tan azaroso, como algunos creen y defienden. Son los pequeños detalles que generan consecuencias fundamentales en el devenir cotidiano. La voluntad humana, esa caja de pandora que llevamos dentro, sobrepasa los límites de la realidad para sumergirse en un imaginario mundo que todo lo crea y transforma. Al fin y al cabo, todo es un permanente fluido de cosas que va tejiendo nuestra existencia y relación  con los demás.

Muchos lectores se preguntarán por qué inicié este primer artículo del 2018 con un aparente silogismo filosófico. Nada de eso. Toda esta reflexión forma parte de la realidad que vivo como padre, esposo y ciudadano común, arrastrado por los desafueros de una crisis económica más inclemente que el propio capitalismo salvaje, satanizado por los fervorosos amantes del “socialismo del siglo XXI”, autores mismísimos del deterioro de vida y la muerte de venezolanos. Esos que han dilapidado caprichosamente el patrimonio público, promueven la desunión familiar y alientan a miles de jóvenes a abandonar el país. Para colmo de males, aspiran eternizarse en el poder al considerarse ungidos por la Providencia. Pero, como soy optimista, me niego a aceptar esta realidad agobiante.  Por eso leo mucho, escribo con pasión, lucho, enseño valores a mis hijos y doy lecciones a mis alumnos en las aulas universitarias a no rendirse y ser mejores en todo.

El 2018, aparentemente se nos presenta fantasmal, abominable y decepcionante. Hay sobradas razones si juzgamos el recién fenecido 2017. Es posible que muchos tengan desgano y desilusión ante las condiciones infrahumanas a las que hemos sido arrastrados por los “Caballeros del Armagedón Rojo”. Todo es comprensible en una sociedad resquebrajada institucional, moral y culturalmente. Sin embargo, la historia de la humanidad está llena de muchas lecciones y sorpresas. Lo que parecía inmutable y fuerte se ha desvanecido como un castillo de naipes. Quien pudiera imaginarse que el propio Mijail Gorbachov, electo del seno del PCUS, sería el sepulturero de la entonces fortificada Unión Soviética, protectora de una clase privilegiada que se enriqueció a costa de los descamisados y en nombre de la revolución bolchevique.

Los vencedores son los que se atreven, perseveran y luchan por su superación. Ya lo dijo Bolívar en su manifiesto de Carúpano, el 7 de septiembre de 1814: “Dios concede la victoria a la constancia”. Tal tarea requiere de un liderazgo participativo, con visión de futuro y emprendedor. Convencido estoy que se ha incubado un liderazgo con esas características en el país, ese que surge de las propias circunstancias sociales para producir cambios significativos en el ámbito socio-político. Dicho liderazgo está pegado del tejido social, aunque todavía no lo vemos ni sentimos. Está allí silencioso y latente en las propias entrañas del venezolano. Actuará con el sigilo de una pantera, sin mácula como una paloma. Deberá plantearse una reingeniería del país, priorizando la producción de alimentos, el imperio de la justicia, el resguardo de los derechos humanos y, particularmente, fomentar una cultura ciudadana responsable y no conformista.

Es en la educación de la gente donde reside la clave del progreso social. Ya de esto ha escrito José Luis Cordeiro, en su interesante libro “El desafío latinoamericano”. Destaca este venezolano, con maestría en Ingeniería Mecánica en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusets, que “una nación puede tener muchos pozos petroleros, muchas minas de metales preciosos, muchas tierras fértiles, muchas riquezas marinas, muchos bosques tropicales y muchos otros recursos naturales, pero si los cerebros de sus niños están vacíos esa nación no tiene futuro”. Demos pasos firmes, pues, en este 2018 para concretar esa gran nación que nos merecemos. Atrevámonos  a levantar nuestra moral y romper con esta realidad fantasmal que nos persigue.

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