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José Antonio Gil Yepes: El país bonito

La mayoría de los mensajes que escribimos o reenviamos son negativos; sean de opositores u oficialistas. Abundan las críticas, descalificaciones, amenazas y hasta insultos personales. Por lo que se ve, así no estamos construyendo un país bonito sino el peor para todos. Es más, mientras quienes no estén de acuerdo con el status quo no empiecen a divulgar el país bonito, es muy poco probable que se pueda cambiar la situación porque hacer oposición no es sano; se necesita una proposición.

Actuamos así porque la preponderancia del autoritarismo en nuestra cultura nos hace adaptarnos o rebelarnos a lo que unos pocos nos imponen. Nuestra cultura formal sí es democrática, pluralista y tolerante. Pero, esos principios no se reflejan en la mayoría de las organizaciones sino que en ellas predomina un patrón histórico, cultural y social autoritario; desde las familias hasta el gobierno. El predominio de la crítica refleja el autoritarismo en los mismos que lo rechazan porque pretende quitarse al otro de encima mediante la descalificación y el ostracismo: El método de cambio político que hemos practicado en 500 años de historia, con malos resultados.

Este síndrome se supera empezando por reflexionar si lo anterior es cierto y, si así fuese, es necesario bajarle el peso al poder, la desconfianza y al individualismo y subírselo al logro, la confianza y a la solidaridad en cualquier ámbito en que nos desempeñemos.

Preguntando a los ciudadanos cómo pintaría el país bonito, nos encontramos con más coincidencias que divergencias. Aproximadamente, un 90% desea una democracia, pluralista, con separación de poderes, descentralización, respetuosa de las leyes, ideas, religiones, iniciativas y de las propiedades de los demás. Hasta sabemos que la negociación o ponerse de acuerdo son la clave para resolver nuestras diferencias. De lo que no tenemos conciencia es que, para ponerse de acuerdo, hay que dibujar claramente lo que se quiere, divulgarlo y organizarse para tener suficiente poder para negociar. Así parece que la desconfianza hacia el esfuerzo conjunto es el principal bloqueador de la construcción de un país bonito.

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