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Enrique Meléndez: La pardocracia en el poder

Este es un gobierno de godos negros: una pardocracia, como diría el Libertador, a quien los pardos combatieron en lo que él llamaba la I República; pues como dicen algunos historiadores: nuestra guerra de independencia fue una guerra civil, y para ese instante las razas de color se inclinaban por el bando de los realistas, y es la resaca de esta conciencia la que tenemos hoy en día en el poder. Bien hacía ver un representante del entonces reino de España en un informe, que le presenta a la corte sobre la situación política del país, luego de acaecidos los sucesos del 24 de enero de 1848; donde comienza a vulnerarse nuestra institucionalidad; partiendo de lo que se conoce como el atropello al Congreso de la República de ese tiempo por parte del régimen de José Tadeo Monagas, y entonces dice allí el representante español que ese régimen ha llevado al poder a las clases de color, en detrimento de las clases blancas; que son las ilustradas.

Esto en razón de que Monagas le había dado libertad y nombrado superministro a Antonio Leocadio Guzmán; quien alimentaba una ideología negroide, a propósito del carácter populista de su tesis política, y que poseía un gran poder para la agitación; siendo, como lo califican algunos historiadores, un demagogo brillantísimo, editor de un famoso periódico, conocido como El Venezolano, y que se mantenía en la época por suscripción popular, para que se vea el alcance de su popularidad.

Monagas dice que la Constitución da para todo en este país, una vez que lleva a cabo ese asalto al soberano congreso, y del cual se están cumpliendo 170 años por estos días; lo que da lugar al libertinaje político, a la decadencia; como expresan los nostálgicos de la Venezuela de Santos Michelena; quien muere en ese asalto, la de José María Vargas, la de Fermín Toro: nuestro escenario político se comienza a llenar de sujetos gárrulos, improvisados e irresistibles. He allí lo que Chávez conocía como el haber politizado a la población; que hasta entonces le parecía apática e indiferente, y que no es más que la exacerbación del igualitarismo hacia abajo. De las tres categorías desprendidas de la Revolución Francesa: igualdad, fraternidad y libertad; la que ha privado por encima de todas las cosas es la igualdad: menosprecio a la meritocracia; que es lo que explica el arribismo, precisamente, de un Chávez; que asume la presidencia sin estar capacitado para tal; contando con lo que llamaba la buena voluntad, que no es más que improvisación, y de allí el que se diga que el venezolano no sabe trabajar, como sí mandar. En ese sentido, esta gente ha venido tejiendo todo un engranaje alrededor del Estado, como una especie de tela de araña, con la que no pueden ni cien elefantes, para mantenerse en semejante situación de privilegio sin poseer las credenciales, para el ejercicio de esos cargos; porque ellos entienden que el poder es para disfrutar, y no para administrar los recursos públicos en procura del bien común.

De modo que esta gente no tiene razones para gobernar; tomando en cuenta que ese espíritu de la improvisación los lleva a manejarse sobre la base de malabarismos políticos; maniobras, es decir, más que razones, lo que priva en ellos son instintos, y que es lo que le ha permitido a esta gente hasta la fecha ostentar el poder, en detrimento de un país que está en la completa ruina a todos los niveles. He allí las consecuencias, que hemos pagado al caer en manos de un ex teniente coronel ignaro y felón, como le decía Vargas Llosa en su momento, y quien emuló a Monagas; cuando dijo, al momento de tomar posesión de la presidencia, que juraba sobre aquella moribunda Constitución, esto es, otra forma de decir que la Constitución da para todo, y que es lo que ha estado presente durante todos los años de su gobierno, como del presente: la célebre “bicha”, como la llamaba Chávez.

En todo caso que lo que hizo Chávez fue despertar esas pasiones ancestrales, que arrastramos en nuestro inconsciente colectivo; una guerra de colores, y que ha llevado a que el dios venezolano, como lo es el Libertador, tomando en cuenta eso que se conoce como “el culto a Bolívar”, lo hayan ennegrecido con la figura de un mulato. Lo que se conoce como un resentimiento racial, y, en ese sentido, tienden a actuar con la mayor de las crueldades. No se olvide que en nuestra guerra de independencia se jugó al más cruel, y que fue lo que dio lugar al famoso decreto de Guerra a Muerte, emanado del Libertador.

Pues, además, de esta crueldad, que esgrimen contra sus enemigos vencidos, se burlan de su tragedia, como ganar dos veces una misma batalla; en pocas palabras, no tienen paz con la miseria, con lo que reproducen el famoso complejo de Aquiles; famoso, porque una vez muerto Héctor, su más encarnizado enemigo, arrastra su cadáver por el campo de batalla, según lo cuenta la Ilíada, y que es lo que explica ese despliegue de medios de comunicación; donde se expone al escarnio público a toda la dirigencia de la oposición, a los altos prelados de la iglesia, y todo aquél que se le oponga o le formule críticas, y esto porque se arrastra con una gran inseguridad; de modo que el gobernante se vuelve paranoico. Obsérvese solamente el número de escoltas, que acompañan desde Nicolás Maduro hasta el último de los grandes burócratas de este gobierno.

No se olvide que uno de los temas que más manejó Chávez a lo largo de su gobierno fue el de su posible asesinato, y que Fidel Castro se encargó de reforzárselo, a propósito de la tutoría que ejercía sobre él, y que le deparaba sustanciosos honorarios; una paranoia, derivada del cuestionamiento a una muy mala gestión, y que tiene a todo el mundo descontento. Miedo a ser linchados por hordas de hambrientos; porque eso es lo que resuena en toda Venezuela: el resultado de gobierno de estos godos negros es hambre, y ese descontento se espera que de un momento a otro explote, es lo que dice la gente: aquí va a pasar algo.

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