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Néstor Francia / Análisis de Entorno: 2018: el año que viviremos en peligro (IV) (11-01-2018)

El presidente Maduro ha dado por seguro que este año habrá elecciones, lo cual debemos tomárnoslo en serio, pero sin olvidar el dicho popular: seguro está el infierno. Puede haber circunstancias que cambien el panorama nacional tan radicalmente que obliguen a posponer esos comicios, como por ejemplo una situación de violencia extrema promovida por la derecha. Aunque en este momento luce mucho más probable que las elecciones sean adelantadas por la Asamblea Nacional Constituyente, si bien esto tampoco puede darse por hecho. Así que vamos a quedarnos en que este año es electoral presidencial, dentro de los parámetros normales, en fecha aún por determinarse.

Las principales fuerzas que se disputan el poder político en Venezuela llegan al año electoral en condiciones muy diferentes. El chavismo lo hace con diversas fortalezas que le proporcionan claras ventajas. Tiene toda la iniciativa política desde hace más de seis meses, ha reforzado su presencia institucional, pues a su amplio dominio de gobernaciones y alcaldías logrado en elecciones del año pasado, hay que sumarle la poderosa herramienta de la Asamblea Nacional Constituyente, además de tener en sus manos todas las instituciones del Estado, salvo la decaída y prácticamente nula Asamblea Nacional.

Desde el punto organizativo, la superioridad del chavismo es igualmente evidente. El PSUV, el partido de gobierno, es la gran organización política del país, sin que haya ninguna que ni siquiera se le acerque en cuanto a solidez, coherencia, unidad, alta moral y consciencia de la militancia, capacidad de convocatoria y movilización, así como vinculación a organizaciones sociales de base. Ni siquiera ese irregular y errático archipiélago que es la MUD.

Por su parte, la oposición arranca el año con notables debilidades, que ya las tenían pero que se han profundizado con la cadena de derrotas que ha sufrido después del descalabro de la táctica terrorista guarimbera. La división en sus filas no ha hecho sino ahondarse. Los sectores más extremistas ya no disimulan ni esconden sus diferencias con los partidos que dominan en la MUD. Tales divergencias se han reflejado con claridad en las distintas posiciones que han asumido individualidades y organizaciones opositoras ante la Asamblea Nacional Constituyente, el gran dolor de cabeza de la derecha. Eso ha hecho que una de las principales voces del terrorismo fascista en Venezuela, María Corina Machado se haya mostrado opuesta a la recién electa y espuria directiva de la Asamblea Nacional, al declarar que “Para nosotros en Vente Venezuela, para la fracción del 16J y para Soy Venezuela es inconcebible que se la haya entregado la directiva a partidos o a miembros de partidos que reconocen a la Constituyente”, y consideró como un “gravísimo error y muy lamentable que se le haya dado, por parte de todos los partidos que dicen formar parte de la Mesa de la Unidad democrática , ese reconocimiento y esa dirección a la Asamblea Nacional”. Vale recordar que los cuatro gobernadores actuales y los alcaldes electos en diciembre igualmente han reconocido a la Constituyente, lo cual ha incidido igualmente en la división pública del sector opositor.

Hay otros signos de desencuentro en la oposición, como los que se ven reflejados en la carta de Timoteo Zambrano que comentamos en Análisis anterior y aquellos que todo el mundo conoce en cuanto a la disputa interna por la supremacía partidista y por la candidatura presidencial.

Algunos dirán que en la actualidad la incidencia de los más extremistas es poca, sobre todo por la colosal derrota de la violencia guarimbera, pero es que     la división pública de los opositores incide de manera devastadora en la moral de su base social, además de la serie de derrotas y la percepción de fortaleza que ha venido proyectando el chavismo, sobre todo con la imagen todopoderosa de la Asamblea Nacional Constituyente, que se ha convertido, sin duda, en un factor determinante de todos los desarrollos políticos en el país.

Es claro, pues, que el chavismo es nítido favorito para cualquier evento electoral que se programe en medio de la perspectiva que se percibe hoy. Pero no todo es felicidad para las fuerzas revolucionarias venezolanas. Si bien un análisis somero deja en evidencia sus grandes fortalezas, también hay notables debilidades que hacen que no podamos dar por seguras las victorias, las cuales habrá que trabajar con ahínco y precisión de cirujanos. Pero dejemos esto hasta aquí y reasumamos mañana ese tema que requerirá más espacio que el que nos queda por hoy en el uso propio de estos Análisis.

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