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Rafael Guerra Ramos: El control totalitario

Detrás de las peinillas de la Guardia Nacional hizo su entrada la arbitrariedad totalitaria en los establecimientos de 26 cadenas de abastos y supermercados el Día de Reyes en Caracas. Gigantescas colas y tumultos mostraban la vergonzosa y deprimente imagen de la Venezuela arruinada bajo la incapacidad de los conductores de la “revolución bonita”. Tras el virtual asalto a los anaqueles fue quedando el vacío que no sabemos por cuánto tiempo mostrarán la escasez y junto a ésta el hambre. Muy lejos están los tiempos de los puertos abarrotados de buques en espera de turno para suplir la decreciente producción nacional determinada por el acelerado desmantelamiento del aparato productivo bajo el mandato del “exprópiese”.

Después del célebre “dakazo”, nadie podría negar el notable avance de la irresponsabilidad populista con el pretexto de la lucha contra la especulación desatada por la escasez y la hiperinflación. Pero no se trata solo de los improvisados ensayos a los que no terminamos de acostumbrarnos. En la naturaleza del régimen descansa el interés del control del individuo y de la sociedad. Y acciones como esas encajan dentro de la ejecución de la estrategia dirigida a la fría ejecución del plan totalitario: posesión o control de los medios de producción y de distribución, de comunicación, de expresión, de difusión en manos del Estado-partido único, del poder omnímodo. Ese es el objetivo y esa es la razón del obsesivo aferramiento al poder.

Tras los anaqueles vacíos de abastos y farmacias habrá más escasez, más racionamiento, más hambre, más miseria. Con el petro y demás esquemas cambiarios no habrá, por supuesto, la requerida capacidad de importar lo que no producimos ni podemos producir. En esas condiciones, con el carnet de la patria, el talonario mágico, los Clap, la bota institucional, los colectivos armados, el TSJ y sus jueces, el Fiscal General designado por la ilícita y fraudulenta ANC, etc…, el Estado aspira a mantener con la mano tendida a hambrientos, enfermos, a todos los desesperados de esta tierra de gracia.

Esta podría parecer una lectura sombría. Exagerada. Pero examinada a la luz de los hechos, de la conducta y de la práctica diaria de la nomenclatura civil y militar ante el país y el mundo, de las pasmosas revelaciones de las prominentes figuras del chavismo hoy disidentes, es una conclusión indefectible. Aún confiamos en que con la ayuda solidaria de la comunidad democrática internacional, en elecciones libres, transparentes, confiables, el pueblo imponga su voluntad soberana para evitarlo.

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