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Alfredo Monsalve López: Venezuela: eso es lo que hay

Fue en una panadería. Viernes 12 de enero de este año que recién comienza. “Te estoy leyendo”. Oí que me dijo. “Pero, por qué escribes temas de corte problemático”. Fue el saludo directo de un colega profesor que hacía algunos años no lo veía. Apenas me dio chance para el abrazo fraterno. Sonreí. Sabía que seguirían las indirectas. En efecto, dándome la mano me lanzó esta perla: “¿No te parece que con el estrés que tenemos en el día a día es suficiente”? Volví a sonreír. Y remató: “Aborda temas que nos llenen de alegría, donde la gente se sienta contenta de lo que le transmiten los escribidores”. Le respondí: en este momento amigo mío, es un tanto difícil complacerte. El país se nos descompone. Nuestro país, el país de todos los venezolanos, lo están destruyendo. No es momento para hacernos los locos. Hay que buscar una ventana para exteriorizar lo que ocurre. Y le recordé lo que en su momento había dicho Cuto Lamache: “escribe que algo queda”. El amigo profesor pidió una “canilla” y recibió como respuesta: “no tenemos pan salado”. Abrió los ojos, miró a su alrededor y se despidió con una sonrisa.

Así andamos en este calvario de país que nos arrebata la “revolución”. La gente está cansada. Acogotada de sandeces. De necesidades pues. Millones de venezolanos quieren volver a la abundancia. Pero no pueden. No los dejan decidir. No hay espacio. Los tiene el régimen para sí. La fuerza del poder, o mejor dicho, los que poseen poder, suelen estar de primero en las buenas, mientras que la mayoría camina por el sendero de las adversidades. ¿Cómo podemos escribir sobre alegría si nos estamos arrebatando nuestras propiedades? Miren las noticias de lo que diariamente ocurre en casi toda Venezuela. Estamos corroídos por el estamento económico-socio-político. Pareciera que el grito es “sálvese quien pueda”. La vorágine de la saciedad nos lleva por delante. Porque así lo pide el régimen de turno. El mundo se pregunta: ¿No hay salida posible para la solución de nuestras dificultades? Porque el tamaño de los problemas es como una ola que nos envuelve, nos arrastra y nos tira hechos un amasijo humano hasta la orilla. ¿Cómo escribir sobre alegría si llevamos a cuesta, desde hace rato, una olla de presión que en cualquier momento pudiera estallar?

Algún amigo alegre pudiera decirnos: pero en República Dominicana está la “mesa de diálogo”. La respuesta pudiera ser: ¿cuál “mesas de diálogo” del carajo? Aquí lo que tenemos es desabastecimiento y escasez de productos básicos, hiperinflación, corrupción, saqueos, hampa desbordada, dolor por las muertes que ocurren en las calles,  hospitales sin medicamentos y la lista de problemas se pierde de vista. Eso es lo que hay.

En los rostros de la gran mayoría no se ve alegría, solo amargura de saber que su hijo no tendrá la comida suficiente para su desarrollo y crecimiento. O cuando se enferme sabe que no encontrará medicamento para su mal. Y si existe, su costo no le permitirá comprarlo. Eso es lo que hay. Mientras que el régimen nos “vende” la idea de que hay amor, progreso, y que se han anotado una “victoria”. Pero veamos un solo ejemplo, el art 83 (CRBV), el cual reza: “La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte al derecho a la vida…”. Pregunta obligada: ¿está garantizada la salud en Venezuela? Pues un rotundo NO. Con esta cadena de circunstancias adversas no podemos expresar alegría. Ya nos la han quitado. Eso es lo que hay. Se abre el debate.

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