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Maryclen Stelling: Rehumanización

Es momento de reflexionar con responsabilidad y desapasionadamente en torno al proceso de deshumanización que, gradualmente, se ha ido insertando en la sociedad venezolana.

Pretendemos dialogar, cuando somos aparentemente incapaces de calcular los altísimos costos de la violencia y del fuerte resentimiento que corroe la convivencia. Pretendemos alcanzar la paz, cuando la violencia ha sido legitimada por la sociedad y se la emplea para obtener beneficios y objetivos específicos, sin medir las consecuencias.

Se instaura al uso de la violencia tanto directa como estructural y cultural hacia otros seres humanos, contra ese adversario político convertido en enemigo a eliminar. Somos víctimas y cómplices de la violencia estructural, aquella que se instala y contagia la estructura social, política, económica… Participamos de la violencia cultural simbólica, invisible, profundamente arraigada, que legitima las dos anteriores y se expresa a través de nuestro comportamiento y lenguaje, según el espacio político donde nos ubiquemos. Violencia que incide sobre la forma como nos aproximamos al otro, nos acercamos o alejamos del adversario y como percibimos el dolor ajeno.

Una sociedad que se construye y sostiene en torno a la violencia en tanto realidad y espectáculo, donde las relaciones de fuerza y poder son las que definen la legitimidad o ilegitimidad de medios y fines, supuestamente “justos” para el logro de objetivos políticos.

Cual puerto inseguro, arribamos al proceso de legitimación de la violencia como forma de solucionar los conflictos; a la justificación de medios y fines como vía para la construcción de “un mundo mejor” y a la deshumanización. En una suerte de “equilibrada” y pautada no-convivencia, llegamos a la construcción del enemigo no-humano, suerte de criatura subhumana, despojada de sus cualidades humanas, a quien se relaciona y distingue con cosas, animales y sentimientos negativos, que facilitan y justifican acciones violentas en su contra.

Se produce la transformación discursiva del enemigo absoluto, sujeto con el que no se dialoga; al contrario, se lo elimina dado el peligro que supone para la sociedad venezolana, confrontada en dos bandos irreconciliables, expresión de la concepción de la política como guerra. Proceso en el que juegan papel importante el discurso político, medios y narrativas transmediáticas.

Es momento de legitimar la paz y tiempo de la rehumanización del adversario.

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