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Gloria Cuenca: Utopías imposibles

Es una redundancia decir, o escribir, utopías imposibles. Por cuanto la utopía es el sueño imposible; sin embargo, recurro a la exageración pedagógica con la finalidad de acentuar la locura de quienes apuestan a la utopía del comunismo, mejor conocido como “socialismo real” o, “socialismo del siglo XXI”.

No solo ha sido un estruendoso fracaso en todo el planeta, sino que ha dejado un rastro y un rostro de horror: miseria, hambre, corrupción, desabastecimiento, inseguridad, insalubridad y, particularmente, ignorancia, inconsciencia y una falta absoluta de ubicación en la realidad. Se adelantan las elecciones.

Ninguna sorpresa para quienes los conocemos, allá los ingenuos. Lo que me causa un efecto imposible de describir es la inconsciencia de los dos precandidatos del oficialismo. Ramírez, con unas historias de corrupción en Pdvsa. Que paran los pelos de punta, descubre ahora el señor, “las ilegalidades que comete el Gobierno”.

¿Qué es esto? Con cara cínica pretende “que le den garantías para ir a “primarias” y aspirar a la presidencia. ¿Qué le pasa? Mientras tanto, el que ha acabado con Venezuela se ha metido en cosas que de verdad no quiero ni pensar, mucho menos decirlas, pero todos lo saben con certeza: arruinó a propósito uno de los países más ricos del mundo. Mientras él, acusado por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional de La Haya, entre otras lindezas, con una historia terrible por la vinculación con una parejita, conocida como “narcosobrinos”, condenados a 18 años en cárceles de Estados Unidos.

Probablemente no los condenaron a cadena perpetua porque contaron historias de terror que dan vuelta al mundo para escándalo del planeta entero. Este personaje (autor del desastre más grande en la historia del país) tiene la osadía también de lanzarse como candidato a la Presidencia de este arruinado y destartalado país.

Él y su consciencia (¿la tendrá?) deberán darse cuenta de que, ni con los mejores asesores de propaganda, lograrán cambiar la imagen del hombre que destruyó Venezuela. Los utopistas seguirán en lo mismo: la culpa es del imperio, de DolarToday, que si patos y guacharacas. Hay que dejar de lado los sueños inalcanzables (¿utopías?) y aterrizar. Dar la cara, enfrentar la verdad. Lo dijo Albert Camus: “no existen culpables, solo responsables”.

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