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Nelson Totesaut Rangel: Buscando a un reformista

Buscando a un reformista

Una reforma es, según W. J. Tompson, una “política tomada deliberadamente para generar una alteración significante en la asignación de valores del sistema político”. Generalmente, los actores emplean las mismas en respuesta a alguna amenaza seria: la cual atente a los objetivos planteados como nación, o a la supervivencia del líder/partido en el poder. Ahora, entre sus contratiempos, hay que recordar que las reformas generan perdedores y ganadores. Los cuales se encontrarán tanto en el lado que incite las mismas, como del que se oponga a ellas. Así es como el reformista ha de procurarse una poderosa coalición para conglomerar el apoyo suficiente, permitiendo que sus cambios sean aprobados.

Grandes reformistas soviéticos

La historia es de los mejores maestros posibles. Si bien nunca se va a repetir, su delicada lectura nos permite reflexionar sobre temas presentes, haciendo uso de ejemplos pasados. Cuando Nikita Khrushchev llegó al poder había una necesidad de cambio. La muerte de Stalin dejó un vacío en un régimen que se fundamentó bajo el personalismo del líder. Y, si bien existían aliados para respaldar las reformas necesarias, ciertas presiones provenían de diferentes fuentes. Solo mencionaré el problema de la “legitimidad”, que afrontará cualquier gobierno que transcienda con la muerte del “Vozhd”, término como también se le conoció a Stalin. En contraste tenemos a otro reformista soviético, Gorbachov, quien encaró problemas de otra índole: la economía de la URSS de 1985, la cual se encontraba estancada. De esta manera, el primero, Khrushchev, luchaba contra el legado de Stalin; a diferencia de Gorbachov, quien luchó con el legado entero del modelo soviético.

Es decir, distinto a Khrushchev, Gorbachov abandonó rápidamente el ideal del comunismo, yendo más allá de un proceso de “de-Stalinización” (que implementó su predecesor) a uno de de-Leninización. Es por ello que Gorbachov actuó como un verdadero hombre de Estado, ya que lo hizo poniendo los intereses del país por encima de los personales (o, incluso, los de su partido), estando consciente de que la ausencia de reformas podían ganarle unos años más en el poder (entre 5 y 10, según él mismo). Pero claro, esto en detrimento de la población entera que sufría los estragos de una crisis catastrófica. Khrushchev, a diferencia del anterior mencionado, luchó contra otros males. Su proceso de reformas lo premió con enfocar al partido como la fuente referencial del poder. Pero, su negación en crear un sistema socialista sin un “culto a la personalidad” le costó su misma permanencia por un período más prolongado de tiempo.

Necesidad de reformas

En Venezuela necesitamos con urgencia a un reformista con el pragmatismo de Gorbachov. Alguien que implemente las políticas correctas, sin velar por su supervivencia en el poder. De hecho, el país entero parece encontrarse sumergido en los primeros años de su gobierno, el cual se caracterizó por un sentimiento general de que algo debía de hacerse, pero ningún consenso respecto a qué. La sociedad, la elite y los gobernantes, no podía ponerse de acuerdo sobre qué métodos emplear para solventar la situación caótica vivida. Al igual que nosotros, quienes no negamos la necesidad de un cambio en el modelo, pero difícilmente nos ponemos de acuerdo sobre qué vía seguir.

¿Cuál es la solución? Evidentemente la discusión nacional y la inclusión de todos en la búsqueda de una salida sensata. El gobierno demostró que solo no puede. Sus diagnósticos han sido errados y la cura tampoco ha sido la correcta. Y con esto no quiero negar los tímidos esfuerzos que ha tenido por “reformar” el sistema, pero los resultados no han demostrado mejoría de algún tipo. Ya que, según Tompson, “no hay garantía de que el estudio de la reforma vaya a revelar las amenazas reales (…). Puede revelar [incluso] solo lo que los líderes creen que sean las mayores amenazas”; obviando de esa forma la verdadera fuente del problema, la cual sí que necesita ser reformada.

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