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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Diálogo: ¡ya está bueno ya! (08-02-2018)

Finalmente parece que la suerte está echada con el diálogo en República Dominicana, por ahora y por tiempo indefinido. Lo ha dicho sin muchos adornos el presidente dominicano Danilo Medina, quien informó ayer en una rueda de prensa que las partes no lograron llegar a un acuerdo definitivo, debido principalmente a la imposibilidad de acordar  una fecha para elecciones presidenciales que resultara satisfactoria tanto para el gobierno como a la MUD. Medina fue lapidario: “el diálogo entra en este momento en una especie de pausa indefinida”.

Tampoco nosotros doraremos ninguna píldora: de momento el diálogo ha fracasado ¿para quién? Dejemos esta pregunta en el aire por ahora. Lo cierto es que no estamos sorprendidos, desde hace tiempo hemos venido diciendo que en la disyuntiva política en la que está Venezuela, no podría haber diálogo, y si lo había, no sería eficaz. Véase lo que escribimos en nuestro Análisis del 15 de marzo de 2017, hace casi un año: “La derecha en su conjunto está planteando el regreso al plan neoliberal. No hay manera de que los revolucionarios conciliemos con eso, no puede ser, porque estaríamos abandonando nuestra esencia, nuestros principios. Por eso mismo, esta lucha no tiene ni tendrá cuartel, eso lo venimos diciendo desde hace tiempo, sobre todo cuando nos hemos referido a la posibilidad de un diálogo eficaz: no lo habrá hasta tanto una de las dos grandes fuerzas en feroz pugna por el poder se resigne a su derrota, si es que eso llega a pasar antes de que la sangre llegue al río. Lo de la sangre es metafórico, pero lamentablemente podría convertirse en literal. En Venezuela, un diálogo político verdadero entre la Revolución y la contra solo puede darse como diálogo para la capitulación del vencido, para que el perdedor morigere los costos de la derrota, a menos que decida enfrentarse a su acoso o liquidación en cualquier sentido, según las circunstancias”.

Esa opinión nuestra la ratificamos hoy. Fíjese el lector que el tema que tranca principalmente el juego, según el presidente Medina, es la fecha de las elecciones presidenciales, un hito en esa lucha por el poder. La oposición, a pesar de su mal momento, sigue en sus trece y aun guarda esperanzas de rápida recuperación, fundamentados en el aun importante descontento social por las dificultades económicas y en la intensificada agresión internacional contra la Revolución Bolivariana. Se cree todavía fuerte porque cuenta con la guerra económica y con el intervencionismo imperial. No se rinde, no ceja en su intención de acabar perentoriamente con la Revolución Bolivariana.

Pero es que los constantes llamados al diálogo de Maduro y nuestro Gobierno siempre han sido despreciados por la derecha. Cuando van a la mesa de conversaciones terminan por abandonarla o desconocen los acuerdos cuando los hay. Recordemos, en ese sentido, lo que ocurrió en diciembre de 2016, cuando el Gobierno y la oposición firmaron un “acuerdo de convivencia”. Entonces, la MUD publicó un comunicado, el 1° de diciembre, en el que amenazaban con patear la mesa. Allí se decía que “… el proceso de búsqueda de soluciones a través del diálogo se encuentra detenido por el incumplimiento del gobierno de los acuerdos logrados en las reuniones plenarias de la Mesa de Diálogo Nacional realizadas los días 30 de octubre, 11 y 12 de noviembre” ¿Quién incumplió realmente los acuerdos? Veamos.

Comencemos por evocar cuáles fueron tales acuerdos, expresados en el documento refrendado por ambos sectores políticos después de las reuniones del 11 y 12 de noviembre. Obviaremos en este recuento el punto referido al Esequibo, ya que no era objeto de controversia, y dediquemos atención a otros, especialmente al que en nuestro entender fue el acuerdo más importante, la declaración “Convivir en paz”.

Para muestra un botón. El acuerdo firmado bajo el título “En el campo económico-social” señalaba: “El Gobierno nacional y la MUD acordaron trabajar de manera conjunta para combatir toda forma de sabotaje, boicot o agresión a la economía venezolana. Decidieron priorizar en el corto plazo la adopción de medidas orientadas al abastecimiento de medicamentos y alimentos sobre la base de contribuir a promover su producción e importación. Promover el diseño y aplicación de políticas de cooperación entre los sectores público y privado para monitorear, fiscalizar y controlar los mecanismos de adquisición y distribución de insumos y mercancías”  ¿Cumplió la oposición, aunque fuera mínimamente, con este acuerdo? No solo no lo hizo, sino que actuó exactamente en sentido contrario. En vez de pronunciarse abiertamente contra las manipulaciones en torno al llamado “dólar paralelo”, omitió toda mención de esta forma de sabotaje y al abierto ataque contra nuestra moneda dirigido desde laboratorios de guerra, o soslayó con alcahuetería la responsabilidad de quienes especulan con el valor del dólar. Henrique Capriles, por ejemplo, declaró que “La destrucción de nuestro signo monetario no se debe a una página web ¡eso es mentira! El gobierno es el único culpable de la devaluación de nuestra moneda”. No se ha pronunciado nunca desde la derecha ni una sola palabra contra el acaparamiento de productos, la especulación comercial o la simplificación de la producción. Son cómplices del sabotaje económico. En vez de contribuir al control y fiscalización de la distribución de alimentos, se dio a sembrar rumores sobre desabastecimiento, corralitos bancarios, cierre de cajeros, con el auxilio de algunos medios de comunicación y a través de las llamadas redes sociales (que preferimos calificar de “digitales”).

En el acuerdo “Convivir en paz” se decía, entre otras cosas, que “Hoy queremos hablar de tolerancia, de derechos humanos, de paz, de prosperidad económica, de soberanía, de felicidad social”. Esto, en boca de la derecha, no era más que hipocresía. Todos esos términos forman parte de la propuesta general del chavismo y es claro que la situación idílica que se plantea en este párrafo no es compartida realmente por la contrarrevolución en feroz lucha por el poder ¿Cuánto tiempo pasó para que las calles se llenaran de violencia terrorista y muerte con el respaldo o al menos la anuencia de toda la oposición?

Las verdaderas intenciones de la derecha quedan claras en la siguiente declaración de Julio Borges después de suspendido el proceso de diálogo: “llamamos al pueblo venezolano a crear entre todos un frente amplio dentro y fuera de Venezuela para materializar esta lucha, ponernos de pie y lograr que la solución esté en nombre y en manos de todos los venezolanos”.

El fracaso del diálogo es, en primer lugar, del pueblo de Venezuela, que quiere paz y estabilidad. Pero también lleva su parte la oposición, que vuelve a mostrar su verdadera cara: no está trabajando por el país, sino por sus ansias de poder. Es lo que traslucen las palabras recientes de Zapatero y Medina. Nuestro Gobierno hace lo que tiene que hacer, interpretando los deseos y el interés de los venezolanos.

Ha llegado la hora de dejarnos de vainas, se ha anunciado ayer la fecha de las elecciones y, como dijo Maduro, que la oposición participe si quiere, y si no, que se vaya al diablo. Como se dice popularmente, ya está bueno ya.

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