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José Manuel Rodríguez: La exaltación no construye

Muchos vimos a Oscar Schemel dar este consejo a la derecha: no hagan nada, no hablen, no parpadeen, no suspiren, no respiren y ganan… Más allá de la natural carcajada, resulta un claro señalamiento a la irracionalidad que parece asolar todo el espectro político del país. Luce evidente que Schemel, un agudo analista (de los mejores), cualifica así un comportamiento generalizado donde lo emocional se monta encima de la razón.

A los socialistas radicales, lo que nos debería preocupar es lo que hacemos desde la izquierda. Asombrarnos de que, estando en guerra con la derecha, que tiene bajo su control la economía, el equipo gubernamental se la pase presentando como logro haber hecho cuatro elecciones en menos de un año. Es, cuando menos, insensato que se subordine el esfuerzo de construir las nuevas fuerzas productivas, a la lucha electoral, así esto último este normado. Si se emprenden campañas prolongadas, los recursos no alcanzarán… Sun Tzu.

Al hablar de fuerzas productivas no me estoy refiriendo a nuestro tradicional empresariado, redomados especuladores que convierten la sedición en negocio. Tampoco a la masa asalariada acorralada entre la explotación de esos empresarios y el chantaje sindical que la parasita. Y menos aun a los “comerciantes de la oportunidad”. Hablo de aquellos que intentan construir, en el campo y las ciudades, un modelo alternativo de producción.

Lo que no nos debe asombrar es la irracionalidad de esa derecha, así es el capitalismo. Sus dirigentes, mentirosos natos, exaltan perversidades: la supremacía racial, la codicia, la sobrevivencia del más fuerte. De ahí que Schemel les aconseje no hacer nada. Lo desconcertante y desolador es ver a nuestros dirigentes, también exaltar lo que sería una mejor sociedad, sin dar pasos efectivos hacía ella.

Lo anterior está a la vista. Un sólo ejemplo: la ANC era, sin lugar a dudas, necesaria. No sólo para neutralizar la violencia opositora. Lo era para constitucionalizar el nuevo modo de producción, es decir, hacer sustantivo el socialismo. Pues bien, se redujo ese poder nacional y supremo, a marcapasos. Tanto es así que hay quienes lo abandonan para lanzarse de candidato a algo.

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