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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La “crisis migratoria” (14-02-2018)

En un año que hemos definido como de agudización y radicalización de la lucha de clases en Venezuela y en el mundo, no tenemos ninguna duda de que la intervención imperialista en nuestro país ya está en marcha desde hace mucho tiempo, de muestra solo bastaría el botón de las insolentes declaraciones de la semana pasada del encargado de negocios de la embajada yanqui, quien es en este momento el máximo representante diplomático estadounidense acá, Todd Robinson.

Sin embargo, siempre hemos expresado que descreemos de la posibilidad inmediata de una intervención militar, sea directa o a través de terceros ¿y si estamos equivocados? ¿Y si el extremismo de la ultraderecha fascista que se ha hecho del gobierno en Estados Unidos alberga tanto odio que es capaz de someter a su propio pueblo y/o a los de países aliados en aventuras criminales de destino incierto? Son dudas que nos acosan al ver la formidable campaña mediática actual con el tema de la “migración” venezolana, sobre todo a Colombia y Brasil, países limítrofes gobernados por la extrema derecha.

La brutal campaña sobre migración, que busca reforzar la matriz de “crisis humanitaria” y de que Venezuela es una amenaza para la seguridad y el bienestar de toda la región, es parte del libreto que pretende tender la alfombra y construir el escenario que justifique la intervención directa a futuro en cualquier modalidad.

Por supuesto, la campaña migratoria es alentada y sustentadas desde Estados Unidos . El subsecretario de Estado para Latinoamérica y el Caribe, Francisco Palmieri, en una rueda de prensa sobre la primera gira en la región del jefe de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson, afirmó que Estados Unidos ofrece asistencia “técnica y humanitaria” para los “migrantes y refugiados” venezolanos y aboga por “mantenerlos cerca de la frontera con Venezuela porque quieren volver a casa cuando la democracia sea restaurada en su país”. Palmieri agregó que aunque Colombia y Brasil son los que están recibiendo más venezolanos, se trata de una “tema regional” porque también están llegando “a Curazao, Aruba, Lima, Buenos Aires y Santiago”.

Ayer, en el marco de la reunión del Grupo de Lima, el canciller chileno Heraldo Muñoz declaró el deseo  de que el trabajo de este club de neoliberales pueda contribuir a que los venezolanos “dejen de pagar los costos de esta situación para que no tengan que emigrar a otros países… A Chile han llegado casi 100.000 venezolanos, y para qué hablar de los países vecinos como Colombia y Brasil, donde llegan por cientos de miles. Es una situación muy grave, como lo ha dicho ayer la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en un informe”.

Justo es decir que Muñoz también se mostró opuesto a una intervención militar en Venezuela, al afirmar que “Nunca vamos a estar a favor ni de esa ni de cualquier otra acción de otra naturaleza” y se pronunció a favor de “una salida pacífica, electoral y una salida política. Hay que descartar cualquier mención siquiera del uso de la fuerza”.

La campaña está teñida, por supuesto, de xenofobia contra los venezolanos, una manera de manipular la sique de los ciudadanos de esos países para que se armen de odio y así prepararlos para una posible agresión directa.

Según agencias de noticias de la derecha, con la “crisis” habrían llegado a Colombia unos 550.000 venezolanos, a los que se sumarían 37.000 que cada día cruzarían la frontera, muchos de los cuales lo harían en busca de alimentos y medicinas. Para nada reportan que en Venezuela hay varios millones de colombianos, empujados a emigrar por la guerra interna en Colombia, y que en Venezuela la mayoría de ellos se han establecido con sus familias, trabajan y son beneficiarios de los programas sociales de la Revolución.

Ambos gobiernos, el de Colombia y el de Brasil,  han venido tomando “medidas” que refuerzan igualmente la matriz de “crisis humanitaria” que generaría un fenómeno de migración desordenada y situación de refugiados parecida a las que se han producido en países con profundos conflictos, sobre todo de África y Asia occidental.

En Brasil, el pasado diciembre, el gobierno regional de Roraima, un estado amazónico fronterizo con Venezuela, declaró el estado de “emergencia social” para atender la “crisis” supuestamente provocada por los inmigrantes venezolanos llegados en los últimos meses. Según cifras que reportaría el gobierno brasileño, entre enero y septiembre de ese 2017, 12.193 venezolanos habrían solicitado refugio en Brasil tras haber ingresado al país por la frontera de Roraima. Ese número de solicitudes sería más de cinco veces superior al acumulado en los dos últimos años.

Por su parte, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, dio a conocer el pasado  jueves una serie de medidas para endurecer los controles migratorios en la frontera con Venezuela. Una de ellas fue suspender la expedición de Tarjetas de Movilidad Fronteriza (TMF), usadas por los ciudadanos de regiones de frontera para cruzar los límites nacionales. Con estas tarjetas, los venezolanos no pueden trabajar, pero sí pueden permanecer siete días en Colombia. También se creó un “Grupo Especial Migratorio” (GEM) para reforzar aún más el control y la seguridad en los puestos fronterizos.

Por supuesto, la canalla mediática está muy activa en esta campaña contra Venezuela. Es el caso del editorial del diario reaccionario mayamero El  Nuevo Herald, fechado el pasado 9 de febrero y titulado “El éxodo en Venezuela denuncia el fracaso de Maduro”. En ese libelo se asevera que “Ante la marea humana de venezolanos que huyen del chavismo, cruzan la frontera y buscan una nueva vida en Colombia, el gobierno de Juan Manuel Santos está tratando de poner orden… El gobierno de Santos está en una encrucijada. El mandatario colombiano quiere mantener la solidaridad con los venezolanos que huyen del colapso del modelo económico impuesto por el presidente venezolano Nicolás Maduro. Pero al mismo tiempo, Santos quiere que la inmigración se realice de manera legal. Quiere evitar lo que ya se está convirtiendo en una crisis migratoria en la vasta zona fronteriza con Venezuela. No le será fácil controlar y ordenar la entrada de los que huyen despavoridos del país vecino. Escapar del hambre y de la represión es una reacción natural”.

Al uso típico de estas campañas, se manipula sentimientos primarios de las personas para “sensibilizarlas”  montando relatos dramáticos y dolorosos. Según el editorial de marras, “Se calcula que unos 600,000 venezolanos ya están residiendo en Colombia. Muchos viven en condiciones angustiosas: realizando trabajos precarios para sobrevivir, pidiendo dinero en las calles, durmiendo al aire libre porque no pueden costearse un techo. Aun así, muchos dicen que están mejor que en Venezuela. Tal es la magnitud del desastre económico que Maduro preside, que los fugitivos de su régimen prefieren la incertidumbre del futuro en otro país, donde salen cada mañana sin saber cómo se van a ganar un puñado de pesos en un duro esfuerzo por sobrevivir”.

También la agencia de derechas AFP muestra un tono dramático parecido en un “reportaje” sobre el tema: “‘Es un éxodo… Hay que cruzar a Colombia a buscar medicinas y alimentos. Es obligatorio’, dijo a la AFP Alí Prieto… Este ex trabajador público  -ocupó un cargo en la agencia tributaria-  dice que seguirá fiel a la tierra en la que nació, aunque comprende a quienes deciden migrar: ‘Entiendo la situación y entiendo a todos los venezolanos que se están yendo’, se lamentó. Su voz se corta, mientras trata de resistir el llanto”.

El editorial  de El Nuevo Herald apenas esconde las intenciones profundas de esta nueva campaña contra Venezuela: “es importante que se cierre el cerco internacional de presiones contra el régimen chavista, y que los gobiernos, sobre todo de los países vecinos, ayuden a los que emigran. La huida de los venezolanos hacia otros países es una prueba del fracaso de un gobierno que debe realizar elecciones, de acuerdo, pero limpias, transparentes y con una supervisión internacional imparcial”. Entretanto, los lacayos del patio hacen su parte. La Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional en desacato declaró que la integración con Colombia y Brasil finalizó tras las medidas adoptadas esta semana por estos países para hacer frente a la “oleada migratoria” producto de la “crisis” y “en defensa” de sus ciudadanos: “Con las medidas adoptadas, se declara de hecho el fin de la integración colombovenezolana y brasilera-venezolana que había generado un juego ganar-ganar desde la década de los años noventa”, declaró el presidente de esta comisión, el diputado fascista Luis Florido, según un comunicado emitido por la AN.

Florido justificó que estos dos países vean ahora en Venezuela “un problema” y que esto “genera una tensión entre Integración y Defensa del Interés Común a través de la Soberanía, donde ambos endurecen sus medidas migratorias para defender su interés nacional”.

Florido aseveró que estas decisiones “dejan su problema del lado de la frontera a quien lo ha generado, el régimen de Nicolás Maduro”, y añadió que tanto Brasil como Colombia “son conscientes más que cualquier otro de la crisis humanitaria” por la que pasaría Venezuela y añadió que aunque “tratan de colaborar”, “criminales han abusado de estos beneficios” razón por la que a Brasil y Colombia se “les obliga, por razón de Estado, a tomar estas determinaciones… Las medidas dictadas por Colombia y Brasil, más que ser favorables a Venezuela y los venezolanos, son una acción en defensa de sus connacionales y sus recursos a nivel doméstico”. Crece el expediente de estos traidores.

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