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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Schemel, la rosa y la espina (19-02-2018)

Nosotros hemos sostenido que el 22 de abril, día de elecciones presidenciales, no se acaba el mundo para nadie. Vendrán nuevas situaciones, como dijo Chávez aquel inolvidable 4 de febrero. Acaso algunas de las batallas que nos esperan sean más duras y más cruentas que todas las que hemos librado hasta ahora. Por supuesto, la victoria electoral de Maduro condicionará todos los desarrollos futuros, pero no amaneceremos el 23 de abril fuera de la zona de riesgo y no estaremos entonces cerca de salir de lo que Chávez llamaba “el punto de retorno”, la situación en que habríamos alcanzado la recuperación plena del equilibrio económico, la consolidación del programa revolucionario y el respaldo mayoritario e irreversible del pueblo.

El día después de las elecciones nos acosarán aun las duras dificultades económicas que sufren las clases populares y medias como consecuencia de la agresión económica, y de los errores cometidos que tratamos de enmendar tanteando el camino. Es lo que asoma el sociólogo y analista brasileño Emir Sader, coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadal de Rio de Janeiro, sobre la actual realidad venezolana: “El gobierno ha logrado recuperar la iniciativa política con la convocatoria de la Asamblea Constituyente que, a su vez, dejó marginalizada y sin efecto la mayoría que la derecha había logrado en el Congreso tradicional. Pero no se puede decir que el gobierno ya haya logrado dar un nuevo cauce a la situación económica, que arrastra muchos problemas desde hace años y tampoco mejorar la situación de desabastecimiento, pérdida del poder adquisitivo de la población, retrocesos en los programas sociales”.

Nosotros tenemos una mente compleja, crítica, inconforme. Consideramos la duda como una de las principales herramientas del conocimiento. Por eso a veces podemos parecer aguafiestas o fastidiosos, discordantes, desafinados. Ayer, por ejemplo, hubo un par de eventos que concitaron la atención de todos. Uno fue la jornada de carnetización del PSUV, el otro la “sorpresa” que ofreció el presidente Maduro en horas de la noche. Ambos muy interesantes. El primero sin duda un rotundo éxito política y mediáticamente, nosotros vimos la descomunal cola de los solicitantes en la Plaza Caracas. El otro, la creativa cuña electoral del Presidente con algunos dirigentes revolucionarios, utilizando el lenguaje de señas, pieza coherente con los excelentes conceptos de campaña que están en desarrollo. Pero ambos eventos que ocuparon, sobre todo la carnetización, el pleno espacio de VTV durante el día entero, eclipsaron lo que para nosotros fue estratégicamente lo mejor del día, la entrevista que le hizo José Vicente Rangel a Oscar Schemel, una de las voces más lúcidas y más subestimadas de la Asamblea Nacional Constituyente. Fue para nosotros lo que más aportó para lo que es nuestra máxima preocupación, el tiempo posterior al 22 de abril.

Volviendo a los temas trascendentales de la zona de riesgo y el punto de retorno, apreciamos y compartimos la visión particular de Schemel, que no es la primera vez que se expresa. Tres tareas propuso Schemel al chavismo, que haríamos bien en escuchar con atención, en medio de la “fiesta” (para nosotros más bien batalla) electoral.

Antes que nada, Schemel reconoció los grandes logros del presidente Maduro y del chavismo en el enfrentamiento contra el brutal acoso de la derecha internacional, tal como lo hace Emir Sader, y describió la desoladora perspectiva para una oposición errática, sin brújula, sin liderazgo, sin ideas. Igualmente señala números de su encuestadora que son favorables para el Presidente y el Gobierno, sin ser óptimos pero sí suficientes como para augurar una contundente victoria electoral, con buena participación del electorado. Una vez más ponderó muy positivamente la amplitud de los cambios culturales, de conciencia, que ha sembrado la Revolución Bolivariana en el seno del pueblo, sobre todo de los sectores más vulnerables. Luego le entró a sus ideas de renovación, la mayoría de las cuales compartimos muchos de los que participamos de nuestro “partido intelectual”, el chavismo leal y crítico.

Schemel propone ir por las clases medias populares, crear (nosotros diríamos más bien “expandir”) una clase empresarial aliada, desarrollar alianzas con sectores del capital. Según este empresario constituyente, la situación económica puede volverse más difícil. Pocos dudan que eso ocurra en el corto plazo, aunque nosotros pensamos que la persistencia, el arduo trabajo, la constancia y sobre todo las correctas decisiones que tomen el Presidente y la dirección revolucionaria podrían comenzar a revertir la situación en el mediano plazo.

Pero Schemel concibe las dificultades como una oportunidad, sobre todo por todo lo logrado por el chavismo en el plano simbólico, de los valores y la cultura de los venezolanos. Para él, el chance del chavismo es “abrirse al mundo”, construir una fuerza mayoritaria patriótica, de cara a lo cual el gobierno tiene una agenda de medidas económicas pendientes, “una alianza clara, franca, sensata con el capital, tiene que replantear su hegemonía para incorporar a nuevos sectores a su concepción y su visión del mundo. Ahí está el gran reto y la gran posibilidad. No solamente manejando acertadamente la subjetividad, sino también manejando acertadamente la dimensión material del comportamiento político”.

Ayer, cuando veíamos la cola de la Plaza Caracas, conjeturamos que unos cuantos de los que ahí estaban lo hacían por razones clientelares, pensando que el carnet del PSUV les facilitaría acceder a los beneficios sociales. En eso hay de todas formas un acto de fe, la gente cree mucho más en nosotros que en la nada que es la oposición. Esta fe hay que convertirla en esperanza, tarea en la que se debe incluir la derrota del dogmatismo y el sectarismo en todos los terrenos, en el político, en el económico, en el social, en el cultural.

Es necesario escuchar voces como la de Schemel. El es un hombre sincero, no es un camuflado como algunos otros. No podemos confiar solo en el que adula, en el que repite lo que todos quieren oír, en esos especímenes que no son más que escaladores que buscan el aplauso y el favor. Esto hay que decirlo porque la Revolución es una obra humana donde hay de todo, por supuesto. Hay ángeles y demonios, altruismo y egoísmo, desprendimiento y bajos intereses. Hay rosas y hay espinas.  La rosa nos brinda su exuberante aroma y también su espina puede herir la piel del pueblo.

Hagamos el trabajo largo, dedicado, cuidadoso, de separar las espinas del tallo de nuestra flor, para que algún día ella se haga inmarcesible

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