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Néstor Francia / Análisis de Entorno: ¿Una nueva oposición?  (21-02-2018)

No deja de ser interesante que una parte de la oposición venezolana se muestre dispuesta a participar en las elecciones presidenciales del 22 de abril próximo. Como fenómeno político podría significar cambios importantes en el escenario, tanto nacional e internacional.

Actualmente la MUD se bate en desbandada, desdibujada, y languidece contando con una incierta intervención foránea, mientras que otros sectores opositores se muestran como opciones emergentes. Estos actores vienen haciendo un trabajo político lento pero sostenido, medrando ante los errores evidentes de los partidos mayoritarios de la derecha, AD, VP y PJ. Tanto Falcón como el MAS, por ejemplo, han venido diseñando un discurso propio, el primero, con su partido Avanzada Progresista, sin deslindarse de la MUD y el segundo, el partido que fundara Teodoro Petkoff, habiéndose separado de la alianza opositora desde hace algún tiempo. Dos aspectos de ese discurso son la decantación expresa hacia la vía electoral y el rechazo tanto de las tácticas violentas como del fomento de una intervención foránea en Venezuela.

Por supuesto, tanto Falcón como el MAS no son opciones electorales victoriosas, ni que vayan juntos, lo cual aparece como muy probable. Pero si votare el 30% de la base social opositora, eso podría equivaler a una cifra cercana a los 4 millones de votos, un muy buen punto de partida para desarrollar una nueva fuerza política importante en el escenario nacional.

Por otra parte, la participación electoral le permitiría a estas fuerzas difundir un discurso que podría llegar a ser potable para un amplio espectro de ciudadanos que se definen como opositores al Gobierno y que se sienten defraudados por el frustrado liderazgo de la MUD, que alguna vez existiera como vía para que ese sector expresara su descontento. Para ello necesitarían generar una concepción de la política que se exprese en el llamado a esa parte de la ciudadanía para perseverar en sus posiciones pero al mismo tiempo desechar el inmediatismo, el odio enfermizo, y que proponga el reconocimiento del chavismo como una fuerza real que va más allá de Maduro y del PSUV. En otras palabras, tendrían que esforzarse en atraer a esos electores hacia la realidad, y liberarlos de las mentiras y las manipulaciones del tipo que practican factores como El Nacional, los restos de la MUD, Machado, Ledezma y otros extremistas. Para ello requerirían de algo que no han mostrado hasta ahora, al menos no suficientemente: el coraje político que les impida sucumbir a los chantajes y presiones que ya se están ejerciendo sobre ellos, tildándolos de colaboracionistas y, en el caso de Falcón, de chavista encubierto.

Si serán capaces de perseverar en diferenciarse de la MUD y de los más extremistas de la derecha, está por verse. Lo deseable es que lo hagan, porque eso podría derivar en algo conveniente para el país: el establecimiento de una oposición que se adapte a las nuevas realidades de nuestra Nación, asuma con dignidad su papel de contrapeso, compita por el poder dentro de los términos constitucionales y refuerce, para bien de todos, la cultura de cambio con paz que generó el pensamiento de Chávez.

Otra cosa positiva de esa hipótesis: una oposición así podría ser competitiva en el mediano plazo, y esto obligaría al chavismo a reforzar la función autocrítica, la eficiencia de su gestión, y sus vínculos políticos y afectivos con el pueblo.

En cuanto a los otros candidatos opositores que asoman, Claudio Fermín parece condenado por la providencia a repetir su historia de candidato desechable, a conformarse con acaso un lejano tercer lugar y a regresar a los rincones olvidados de la política. A menos que a última hora tenga el tino de plegarse al candidato que mejor esté representando a la oposición y sumarse a la nueva fuerza política nacional que en teoría podría aparecer.

El otro contendiente hasta ahora visible es el pastor evangélico Javier Bertucci, quien no representa una amenaza electoral, sobre todo por su inmenso rabo de paja, pues ha estado vinculado al escándalo de los papeles de Panamá, estuvo preso en 2016 acusado de contrabando y aparece dudosamente relacionado a varias empresas de Florida y Centroamérica, particularmente de Panamá, pero que sí corporiza otros peligros en el escenario. Se trata del primer factor político que se presenta como alternativa de cierto fundamentalismo cristiano que ha comenzado a cundir teniendo como herramienta principal varias sectas evangélicas que se están expandiendo en Venezuela y más allá. Como se sabe, la promoción de los fundamentalismos religiosos es uno de los instrumentos que ha usado el imperialismo para la mediatización de las mentes y la colonización cultural, sobre todo entre las clases más empobrecidas. Aquí vamos a citar un artículo de Roland Denis, “El fundamentalismo evangélico toca la puerta de Venezuela.  No lo dejes entrar” (Aporrea.org, 19/09/2104): “Lo que está pasando en Venezuela no es más que la confirmación de lo que se veía a lo lejos podía ser un plan cuidadosamente diseñado de la expansión mundial de los fundamentalismos religiosos, llevado a cabo por las grandes potencias internacionales, básicamente desde los Estados Unidos de Norte América e Israel. Desde allí es donde surge el núcleo ideológico fundamental que le da sustento a todos estos grupos que operan no solo en Venezuela, sino en toda Latinoamérica”.

Por supuesto, el surgimiento de una nueva oposición del tipo mencionado no es un hecho dado, sino tan solo y por ahora, una posibilidad. Por otra parte, eso tampoco sacaría del camino definitivamente a la ultraderecha extremista interna y externa, que seguirá adelante con sus planes.

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