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Aurelio F. Concheso: El BCV y el delirio de los ceros

El Bolívar nació en 1879 durante el Gobierno de Antonio Guzmán Blanco. Sesenta años después, en 1939, se le otorga al Banco Central de Venezuela el monopolio de la emisión de monedas y billetes del signo monetario nacional. Durante los 130 años que trascurren hasta 2008, nunca fue necesaria una variación del cono monetario que eliminara dígitos a esa moneda. Ésta se había mantenido, con altibajos, como mecanismo funcional para preservar el valor de los ahorros ciudadanos.

Sin embargo, en 2008 el Gobierno de Hugo Chávez Frías llevó a cabo lo que se llamó una “Reforma Monetaria”. Reforma que, en realidad, no resultó ser otra cosa que quitarle tres ceros a la moneda, para facilitar los cálculos económicos y las transacciones bancarias. Para ese momento, lo que se denominó eufemísticamente como “Bolívar Fuerte”, arrancaba a una tasa de cambio de Bs. 2,30 por dólar.

En escasos diez años, luego de que a una tasa libre el Bolívar (nada) Fuerte se ha depreciado el 99.999%, es decir, a unos Bs. 230.000 por dólar, se rumora que el BCV, una vez más, está contemplando quitarle tres ceros a la moneda, sin haber hecho absolutamente nada para corregir los desequilibrios que él, en su contubernio con el Gobierno Central, ha causado, y que ambos siguen profundizando.

La noticia, en realidad, no sería esa. Sí que tan solo quitarle tres ceros no resolverá absolutamente nada. Al ritmo de la hiperinflación en la que nos encontramos, y con los tiempos que se requieren para poner en circulación los billetes de un nuevo cono monetario, sería necesario eliminarle, cuando menos, cinco ceros a la moneda. Sería la manera de que, al día de hoy, se regresara a una paridad de Bs. Fuertes Nuevos o BFN 2,30 por dólar.

El motivo de todo este revuelo es relativamente sencillo, pero difícil de explicar. Las plataformas tecnológicas de los bancos están colapsando por varias razones: Una de ellas es la falta de fondos para la adecuación tecnológica, la sustitución de puntos de venta y cajeros automáticos dañados. No obstante, el tema más complejo de resolver es que una transacción de, por ejemplo, 20.000 bolívares para comprar un huevo o de Bs. 10.000 para pagar el servicio de estacionamiento (0,10 dólares o 0,05 dólares, respectivamente) contribuyen a colapsar el sistema.

Dicho de otra manera, hay que ocupar los “bits” de 7 posiciones numéricas para esas insignificantes transacciones. Para transferir cantidades verdaderamente “importantes”, como 10 dólares o 100 dólares, se emplean entre 10 y 11 posiciones. ¿Lo quiere comprobar?  Multiplique eso por el número de transacciones y se dará cuenta del cuello de botella al que se enfrenta la banca.

Sin billetes en circulación, que ya han descendido a 4.2% de la liquidez total cuando deberían ser el 10%, y con las transacciones por transferencia y débito colapsando, la premura por mochar ceros es comprensible. Pero, como suele suceder con las políticas (si es que se pueden llamar así) de la actual administración, ella tiene en sí misma la semilla de su propio fracaso.

Lo cierto es que mientras el Banco Central de Venezuela siga aumentando la cantidad de dinero electrónico que imprime de manera exponencial, pasarán pocos meses -si no semanas- para que el problema vuelva presentarse. Si no lo creen, veámonos en el espejo de Zimbawe, el patrón de medida más cercano a nuestra actual situación.

El ejemplo: durante la semana del 9 de febrero, ya el aumento interanual de la liquidez iba por 1.500% y subiendo. No podría ser de otra forma, mientras el Gobierno siga invitando a bonificaciones que se producen de la nada y tienen su déficit en un 17% del Producto Interno Bruto. Añádale a eso el déficit de las empresas del Estado que el BCV también financia, y tiene un déficit de 30% de la producción nacional de bienes y servicios o PIB, algo inusitado en nuestra historia.

Ante este panorama, quitarle tres o cinco ceros al Bolívar, insistimos, no servirá de mucho. ¿Qué hacer?: una reforma monetaria integral de la cual mucho hemos hablado. Sólo eso podrá llevar al país a ver una luz al final de este túnel hiperinflacionario que arrastra todo lo que se encuentra por el camino.

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