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Luis Fuenmayor Toro: Más sobre la situación actual y los sueños

Sin lugar a dudas que la comunidad internacional que depende abiertamente de EEUU, con Colombia y Guyana a la cabeza, dados sus apetitos sobre parte de nuestro territorio, no está interesada en la realización de elecciones en este momento en Venezuela, ni siquiera en el caso de que el Gobierno cumpla estrictamente con las condiciones constitucionales y legales existentes. No se puede concluir otra cosa de la negativa, de quienes negociaron por la Mesa en la República Dominicana, a firmar un arreglo con el Gobierno con el que hasta ese momento habían estado de acuerdo. Sólo les faltaba acordar la fecha de las elecciones, pero el día de la firma se presentaron con un documento no discutido, para justificar su negativa a firmar y tratar de explicar a sus seguidores las conductas hasta ese momento asumidas.

Entendamos que en el párrafo anterior no estoy diciendo que la MUD ha debido firmar el acuerdo en cuestión, relato simplemente los sucesos tal y como ocurrieron según la información existente. Un artículo reciente de Carlos Raúl Hernández, persona informada e insospechable de estar con el Gobierno, señala la existencia de presiones extranjeras en la decisión de la Mesa de no firmar el acuerdo y de no ir a elecciones. Julio Borges siempre señaló un avance en los puntos discutidos y, en conversación privada llegó a decir, el mismo día que salía para República Dominicana, que estaba acordado “todo menos la fecha”. Esto coincide con la declaración del Presidente de la República Dominicana, al informar sobre el resultado negativo final del diálogo.

El Gobierno, por su parte, nunca ha debido llegar a los extremos de violación de la Constitución y las leyes, entre ellas las electorales, ni mucho menos a la perversión de designar, que no elegir, una Asamblea Nacional Constituyente “supraconstitucional y plenipotenciaria”, categorías que no existen en ninguna parte del mundo y que retan la lógica racional de cualquiera no ideologizado al extremo. En democracia, no puede existir ningún poder supraconstitucional; el único que puede estar por encima de la Constitución es el pueblo soberano, que en elecciones generales se pronuncia aprobando una nueva Carta Magna o modificando la existente. Con esta decisión el Gobierno llegó al “llegadero”, al colmo de su desprecio por la legitimidad democrática, y le dijo al mundo sin ambages que había decidido tomar la ruta dictatorial. La respuesta internacional era obvia.

Cómo es posible que llegaran a una situación, en la que todo estaba acordado menos la fecha, y el Gobierno se cerrara en que tenía que ser antes del 30 de abril, porque así lo había decidido el bodrio ése que llaman ANC. ¿Acaso se trataba de la resolución de un organismo independiente, que no podía con cualquier pretexto modificar su propia decisión y colocar la elección para mayo, como lo solicitaba la Mesa? Esta absurda rigidez, propia de quienes quieren evitar confrontaciones internas, dio el tiempo suficiente para que quienes trabajaban para impedir cualquier arreglo (EEUU, su peón Almagro y el gobierno colombiano) pudieran presionar a los partidos negociadores de la MUD y prácticamente obligarlos a no firmar el acuerdo.

El Gobierno, por su irresponsabilidad, por su soberbia y autosuficiencia, está en este momento contra la pared, lo cual no tendría importancia si no arrastrara consigo a la nación venezolana toda. Como fiera herida y acosada desde varias direcciones, golpeado y con contradicciones internas, que obligan a Maduro a llevar también una lucha al interior de su partido y de su gobierno, trata hoy, aplicando parte de lo señalado en el documento no firmado, de seguir adelante como si nada hubiera ocurrido: Solicita la supervisión electoral de la ONU, inscribe los nuevos votantes, inicia las auditorías del sistema, escoge por sorteo a los miembros de mesas y regresa a sus sitios originales a los centros electorales trasladados desde los comicios de los gobernadores, todas éstas decisiones aprobadas por los negociadores en Santo Domingo.

Sin embargo, lo hace solo, sin el acompañamiento de la oposición de la MUD ni de los representantes internacionales, por lo que su valor en detener la violencia intervencionista gringa y en desmontar la abstención electoral está muy disminuido. De nada valen los llamados públicos a conversar con Santos ni con Trump, más bien lucen como claro producto de la debilidad existente. Y como si fuera poco, terminan por aceptar la presión del sector radical, que hace lo imposible por evitar el “peligro” de la “conciliación” y hace más difícil e irreversible la realidad, convocando elecciones de la Asamblea Nacional, para la misma fecha de las presidenciales. Maduro habla ahora de mega elecciones. Parecieran no darse cuenta de la gravedad de la situación ni del peligro a que se exponen ni al que están exponiendo al país. Son unos irresponsables de marca mayor.

A menos que hayan llegado a concebir un mega proceso electoral en agosto, y así poder diferir las presidenciales para ese momento, e incorporar los consejos legislativos regionales, los concejos municipales y una nueva Asamblea Nacional. Proceso que desarrollarían dentro de todas las condiciones legales y constitucionales, con supervisión internacional imparcial, pluralidad completa de participación, sin exclusiones ni inhabilitados ni ventajismos de ningún tipo. Aplicarían todo lo acordado, aunque no firmado, en Santo Domingo y Maduro demostraría ser un hombre de palabra y se llevaría como gloria haber salvado la Patria de una intervención militar extranjera. Bueno, soñar no cuesta nada.

La Razón, pp A-, 25-2-2018, Caracas; Costa del Sol 25-2-2018,

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