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Nelson Totesaut Rangel: Tiempo político

“Qui tient la télévision tient un pays” [quien mantiene la televisión mantiene el país]. Con estas palabras, Charles de Gaulle, expresaría la importacia de los medios de comunicación durante la década de los 60. ¿El contexto? La introducción de la televisión a color. En EEUU por medio del sistema NTSC, y en Europa con la propuesta francesa del SECAM. Esto daría paso a lo que se conocería como la guerra por la televisión a color.

El “grandioso diseño” que tenía Estados Unidos para Europa chocaba con la aspiración francesa de ser una “gran nación de primer rango”

De Gaulle estaba dispuesto a frenar la “americanización de Europa”, por ello se aliaría con los soviéticos para presentar una propuesta alterna a la tecnología gringa. “El Concorde franco-russe” sería el apelativo que llevaría esta iniciativa, la cual ganó amplio reconocimiento en el año 1962, llegándose a considerar un digno competidor del NTSC estadounidense. Luego, otro sujeto entraría a la lucha de la mano de la Alemania occidental: el sistema PAL. En fin, los tres competirían por una estandarización de la televisión a color, en un campo ideológico, en medio de la guerra fría; entre el comunismo y el capitalismo.

El “grandioso diseño” que tenía Estados Unidos para Europa chocaba con la aspiración francesa de ser una “gran nación de primer rango”. Este anhelo, los llevaría a un acercamiento con los rusos, visto este como una alianza tecnológica, más no ideológica. “La televisión en color hay que ponerla en marcha sin miedo a una crisis oriental” rezaría de Gaulle, mientras buscaría vender su opción como superior a las ajenas. Pero, pese a lo que los franceses pensaban, la controversia NTSC-SECAM-PAL iba mucho más allá de lo tecnológico. Y, las motivaciones “à la fraçaise”, fallaron en convencer a occidente de lo contrario.

La complejidad de esta controversia concluye con una imposible estandarización de la televisión a color en Europa. Andreas Fickers nos explica que una estandarización es mucho más que adaptar un sistema de un país a otro. La misma “tiene que ser vista como un proceso abierto en el cual hay diversos intereses, diversas racionalidades de actores e interacciones entre relaciones humanas sobre una estructura compleja”. Por ello, el no haber podido adaptar un sistema único, fue tanto un problema tecnológico, como diplomático. Ya que todo, todo, está condicionado por la política.

Estandarización política

Buscar estandarizar un proceso requiere, necesariamente, de una lectura histórica. Quizá, el problema anterior es fácilmente visto desde el contexto de guerra fría; en donde ni los soviéticos optarían por la tecnología gringa, ni los occidentales por una alianza con los soviéticos. El problema entonces irá más allá de los fines prácticos que se tenga, ya que está condicionado por un motivo superior a la economía: por la política.

El caso anterior sirve para mostrar cómo un proceso positivo puede engatusarse ante un problema ideológico. Cuando la guerra es confesa, llegar a acuerdos con el enemigo es traición. Por ello, países como Inglaterra se negaron a aceptar una alianza, así sea, por un sistema de televisión. Los franceses, en cambio, vieron al enemigo en otro continente. Temían por una invasión estadounidense que americanizara el viejo mundo. Por ello, optaron por su propia tecnología y, también, por el apoyo de un gran patrocinador, la URSS.

Este pragmatismo francés debió de venir acompañado de un proceso de convencimiento mucho más acertado. Se podría decir que su diplomacia erró en no hacer una lectura ideológica del asunto. Las condiciones del momento (en plena crisis de los misiles) se prestaban para que un acuerdo de esta magnitud fuera descartado. Y los británicos no son culpables de ello. Ya que simplemente buscaban proteger sus intereses en un mundo que vivía bajo una guerra confesa.

En fin, hay que entender que los tiempos en política son lo más importante. Si la situación se hubiese gestado en un momento menos turbulento, probablemente los franceses hubieran podido vender su propuesta como única en Europa. Y es que aquellos que juegan con el tiempo político, gozarán de ventaja para actuar. En contraste con los otros que se dejan arrear por un reloj ideológico, que parecieran no entender.

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