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Arturo Molina: ¿La propuesta?

La sociedad venezolana se debate entre el creer o no a su dirigencia política. La frustración se apodera de las decisiones de la sociedad. La desconfianza y no credibilidad es la conversación entre personas en distintos lugares de encuentro. Desde reuniones familiares, hasta en oficinas de trabajo, el comentario es el mismo. La situación financiera es crítica, y cada aumento salarial es visto con terror. La miseria planificada por el régimen sigue su curso. El oficialismo apuesta al dinero inorgánico para tranzar sus deudas a lo interior del país porque el dinero legal les es escaso, y en cualquier momento insuficiente para cancelar salarios. La hiperinflación desbarata cualquier incremento y los dólares ya no son dispuestos para continuar con la compra de conciencia ciudadana a través del regalo o la dadiva. Los dólares que ingresan ya tienen destino, porque la deuda exterior es inmensa. La sociedad está resquebrajada, dividida, desconsolada, frustrada, desempleada, excluida, explotada y mal pagada.

El quiebre de la moral ciudadana ha sido trabajado con sapiencia por el régimen de los revolucionarios siglo XXI. Reconstruir el tejido social requiere de alta ingeniería. La inclusión no puede ser un discurso para conquistar voluntades, hay que demostrarlo, asumirlo con conciencia y dejar de lado la actitud de choque contra quienes piensan distinto, y comenzar a mostrar el camino para alcanzar el cambio de sistema de gobierno totalitario por el de libertades. No se trata de cambiar a un presidente por otro, o un funcionario por otro, se trata de ser responsable en el manejo de la cosa pública, para depurar la impunidad e irresponsabilidad con la que se maneja el señor Nicolás y su entorno, como legado a lo iniciado por el finado Presidente galáctico.  La alternativa democrática tiene el compromiso y responsabilidad de relanzar el país por el sendero del desarrollo y la productividad, con el esfuerzo e integración de la empresa privada, sector público, trabajadores, estudiantes y sociedad en general, pero antes hay que cambiar el actual gobierno nacional.

El protagonismo perverso de sectores políticos y económicos por el control del poder, y su falta de compromiso para cumplir ofertas en lo que denominan la cuarta república, llevaron a la decepción ciudadana, facilitando el discurso mesiánico de los dirigentes radicales y frustrados de ayer, quienes hoy avivan la confrontación entre las personas y someten a las instituciones a su capricho. Las instituciones no tienen porque recibir la descarga de molestia ciudadana para resarcir lo que hizo persona alguna. Allí se transita por aguas turbulentas que conllevan al error, al igual que lo ha sido la llamada quinta república.

Los ciudadanos que se van del país escapando del totalitarismo y la barbarie, no solo son del sector disidente al actual sistema de gobierno, también son del sector oficialista, quienes han dejado de creer en esos pseudo dirigentes. Se marchan cansados del odio, y la miseria impuesta por sus camaradas a través del engaño y manipulación. Son seres humanos con familia, padecen hambre y enfermedad, y los ingresos económicos le son exiguos para contrarrestar el alto costo de medicamentos y alimentos. El cuadro de deterioro social es dantesco y grosero por la cantidad de recursos económicos dilapidados o sustraídos de las arcas públicas por funcionarios del régimen con sonrisas burlonas en sus labios. La responsabilidad no puede ser evadida, y menos perdonada. Allí la impunidad es mala consejera.

En condiciones de respeto a la norma electoral no cabe duda de que el régimen pierda las elecciones presidenciales y cualquier otra a la que se convoque, pero también hay que decir, que la desunión en la alternativa democrática abre la puerta para que el régimen se sostenga en el poder aún siendo minoría. En consecuencia, para derrotar el totalitarismo, además de ser mayoría, se requiere de unidad de criterio y de acción. Las posiciones adelantadas en factores de oposición, le ha brindado excelentes oportunidades al oficialismo, allí hay otro error que genera desconfianza en los ciudadanos.

El 64% de los venezolanos desean votar para cambiar el régimen. 75 % es el rechazo al actual Presidente de la República y su sistema totalitario. La posibilidad de relanzar la alternativa democrática mediante plataforma incluyente de todos los sectores de la sociedad, con decisiones lo suficientemente debatidas y aprobadas por la mayoría de sus integrantes es la vía para alcanzar la unión deseada por los ciudadanos. Restituir la credibilidad y confianza de las personas hacia sus dirigentes y representantes es tarea que debe ser asumida con la responsabilidad que el momento histórico señala. Hay que exigir sin complejos el respeto a la Ley electoral y las condiciones allí señaladas. El error de las parlamentarias 2005 no puede repetirse. El mesías esperado por algunos está en veremos. Sin unidad no hay cambio, y la propuesta se desconoce. Así estamos.

ARTURO MOLINA

jarturomolina@gmail.com

www.jarturomolina.blogspot.com

 

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