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Maryclen Stelling: Y después, ¿Qué?

A medida que se acerca la fecha de las elecciones crecen los miedos, el triunfalismo, las descalificaciones, las promesas, la procura del voto… y los sondeos de encuestadoras que, desde dos aceras políticas antagónicas, pretenden evaluar “rigurosamente” el terreno electoral.

Se abandona o suspende la  política del diálogo y respeto, el consenso, tolerancia y “reconciliación nacional”. En tiempos de elecciones retorna el accionar arbitrario y pasional,  la intolerancia y  exclusión,  el conflicto permanente y antagonismo exacerbado.

La oposición se debate en un mar de dudas expresadas por su liderazgo y analistas afines políticamente. ¿Es posible derrotar al gobierno por la vía electoral? ¿Unida la oposición le gana al Gobierno? ¿Se debe acudir o no a estas elecciones? ¿Es la abstención un gravísimo error? ¿Cómo esperar ganar si no se vota?  ¿Se cuenta con la credibilidad y la confianza para acometer esta tarea? ¿Disponemos de un proyecto país claramente formulado que sea asumido como propio por el electorado?  ¿Existe un líder capaz de consolidar una contundente fuerza electoral que conduzca al triunfo? ¿Se cuenta con  la capacidad organizativa para movilizar al país?

Mientras tanto, la  distinción “amigo-enemigo” trasciende la tradicional confrontación Gobierno-oposición para expresarse fuertemente al interior del bando opositor. La lógica antagónica conduce  a segregar y estigmatizar  como traidor a quien  que se ha atrevido a postularse para enfrentar a Maduro.  En  una asamblea denominada “Venezuela no se rinde”, se visibiliza  la estrategia antagónica y  se oficializa el entierro de la MUD como instancia integradora político-partidista.

Así, desde las entrañas de la oposición brota el Frente Amplio para el rescate de la democracia, dando  paso a la sociedad civil como fuerza aglutinadora para la confrontación de proyectos antagónicos en tiempos electorales.

En medio de una asamblea altamente emotiva y valorativa, curiosamente el FA se presenta como actor racional, suerte de apuesta  estratégica e instrumental, dirigida a concentrar el descontento con miras a que los individuos participen en “la hora del cambio”.

Sectores de la oposición (iglesia, gremios, sindicatos, académicos, estudiantes) lanzan un discurso legitimador, a la vez que envían un mensaje ¿apolítico? a los partidos políticos y denuncian, la crisis interna de representatividad política, el desgaste de la MUD y  la incapacidad política de motorizar la oposición y los cambios en la sociedad.

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