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Enrique Meléndez: La comedia del chavismo

 

Definitivamente, este es un gobierno de comediantes cínicos; lo que es peor, que no tienen paz con la miseria. Los tiene sin cuidado el hecho de que día a día mueran niños, causa de la desnutrición; que ya viene de la propia madre, y quien, lo más probable, es que durante el embarazo ha tenido una dieta a base de yuca con arroz; que es la comida hoy en día del venezolano, según un estudio de la firma encuestadora, Encovi; aparte de que yuca sin más nada es lo que están sirviendo en algunos comedores de universidades; cuando no, éstos están cerrados, como sucede con el comedor de la Universidad Central de Venezuela.

Incluso, ya la gente en el transporte público habla de un infierno para estos gobernantes. Ya no se cala el cuento de la guerra económica, y que si Mendocita, el pelucón, como le dice Maduro; que dicho sea de paso, éste se transformó en el mejor jefe de campaña, en ese sentido, del susodicho, es decir, del señor Lorenzo Mendoza; al punto de que una onda mayoritaria de sus compatriotas se ha empatado en una de solicitarle, que se lance a la presidencia de la República, y con el perdón de la digresión; ningún fantasma de éstos le compra el venezolano de los barrios, a pesar de las bolsas CLAP, y de todos los regalos; ya es a Maduro y a Diosdado Cabello, a quien apunta la gente de esta tragedia, que estamos viviendo.

Y así como se habla de la dieta Maduro, también se habla de la dieta Diosdado; de quien se dice que es el autor verdadero de la tragedia, conocido en los bajos fondos como el ministro de la Maldad; en especial, porque es el que tiene más que perder en estas circunstancias; empezando por su relación, según se señala, con el narcotráfico, y, luego, porque se ha venido convirtiendo en una especie de chivo expiatorio; como lo fue Carlos Andrés Pérez en su época, en lo que se refiere, a acusaciones sobre corrupción administrativa, al punto de que se ponderan sus propiedades; algo de lo cual dudan muchos; sólo que, decíamos, por el momento es el que más tiene que perder, y que es lo que explica algunas de sus reacciones; donde hay casos de violencia de por medio; porque, por lo demás, se trata del hombre fuerte de las fuerzas armadas.

El hecho mismo de prometer Maduro que, si gana las elecciones, entonces sí se ocupará de la economía, resulta en el fondo una gran burla para el pueblo. ¿Entonces nos tenía castigados, hasta esperar que purgáramos por nuestros pecados? ¿Una especie de purgatorio en el que nos tenía, ya que hasta entonces había dejado que la economía se desplomara? Téngase en cuenta que para este año, incluso, se estima un comportamiento del PIB de -8%, para continuar con la tendencia al decrecimiento; que arranca desde el 2012; en momentos en que teníamos un precio del barril de petróleo boyante, y no se sentía esa caída. Pero lo que Maduro no va a hacer tampoco; pues si no lo logró, cuando recibió un país, donde había un dólar paralelo, que no pasaba de 18 bolívares, y hablo de esta variable macroeconómica, porque es la que en este instante influye en los niveles de los precios de la economía, menos lo va a lograr con un paralelo en más de 200 mil bolívares, y por la forma como actúa, decretando aumentos compulsivos de sueldos y salarios u ofreciendo bonos populistas a personas particulares, a través del sistema del Carnet de la Patria, demuestra que no tiene noción ni siquiera por donde empezar.

Lo que sí sabe esta gente es hablar; apelar a ese cinismo histriónico, que mencionábamos al comienzo: Venezuela es faro de la América Latina; por lo tanto su modelo de desarrollo económico es necesario abortarlo, a los fines de que no se adopte en el seno de la región, y se deje al imperialismo norteamericano por fuera; un discurso extemporáneo en las actuales circunstancias; sobre todo, porque corresponde a la época de la Guerra Fría; cuando el mundo estaba repartido en dos grandes bloques de poder, y entonces había el mundo comunista; la cortina de hierro, lo llamaban, y el mundo del capitalismo o el mundo de las libertades; aparte de que hoy en día se admite que, si no hubiese sido por ese imperialismo, no hubiésemos pasado de ser un país cafetalero y cacaotero; pues para el momento en que comienza la explotación de petróleo, aquí no había ni investigación científica, ni desarrollo industrial; como tampoco capital inversionista, que desarrollara una industria petrolera nacional. De modo que además de extemporáneo ese discurso nacionalista, se mira tanto el ombligo, que no es capaz de reconocer la impronta que dejó ese imperialismo en el desarrollo industrial y minero de nuestro país.

Además, es un falso nacionalismo, porque ha ido en busca de un protectorado a Cuba, y así tenemos la presencia de una fuerza o de una inteligencia policial; que a eso se ciñe el papel que juega el gobierno cubano en nuestros asuntos públicos, en nuestras narices. De hecho, durante toda su vida, que fue el alter ego de esta gente, Fidel Castro fue un gran comediante. Fue la última gran vedette del mundo comunista, y quien se caracterizaba precisamente por su interminable e inagotable parlamento. Cierta vez le dijo a Chávez que él había hablado durante ocho horas seguidas, sin ir al baño, lo que entonces significó un reto para Chávez; un hombre de una gran incontinencia verbal, como le decía Carlos Andrés Pérez; razón por la cual nunca superó a su maestro; que, al menos, mantenía una cierta coherencia, en eso que los poetas conocen como el difícil sacramento de la palabra.

Ya en la década de 1930 a José Ortega y Gasset le parecía que el mundo de los comunistas era el mundo de los comediantes; sobre todo, porque aupaban una utopía demasiado demagógica, y eso que no se había pasado todavía por el experimento del llamado socialismo real, y el que implicó hambre, miseria y muerto, como lo estamos viendo nosotros.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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