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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Tillerson out y Venezuela (16-03-2018)

El sorpresivo despido de Rex Tillerson del Departamento de Estado yanqui ha causado revuelo en el mundo, aunque nadie debería sorprenderse por la ya proverbial inestabilidad de la administración del magnate extremista. Seguramente la relevancia del cargo que detentaba Tillerson tiene mucho que ver con esa reacción, sobre todo por el momento en que ocurre, en el cual Trump enfrenta varios frentes problemáticos en su política exterior: la supuesta inminencia de una reunión presidencial con Kim Jong-um, la situación diplomática Rusia-Reino Unido, la controversia comercial con China, las complicaciones en Siria y con Irán, las elecciones en Venezuela (y la situación latinoamericana en general).

El columnista pro imperialista Andrés Oppemheimer escribió un artículo en El Nuevo Herald bajo el sugerente título “El caótico gobierno de Donald Trump” en el que critica duramente las decisiones del presidente gringo: “Estados Unidos, que durante mucho tiempo ha sido un símbolo de estabilidad y seriedad, se está pareciendo a una república bananera o -mejor dicho- a un país serio que está siendo gobernado por un presidente errático, o mentalmente inestable”. Más allá del desprecio por los latinoamericanos que rezuma la referencia a las “repúblicas bananeras”, lo cierto es que muchos en el gobierno real, “profundo” de Estados Unidos, estarán pensando algo parecido a las opiniones de Oppenheimer.

En las dos últimas semanas han renunciado o han sido despedidos varios altos funcionarios de la Casa Blanca: el principal asesor económico, Gary Cohn, la directora de comunicaciones Hope Hicks y el asesor personal del Presidente, John McEntee. Antes se habían ido el jefe de estrategia del Gobierno Steve Bannon y el jefe de gabinete  Reince Priebus. En el mismo artículo citado, Oppenheimer informa que siete de los nueve cargos principales en el Departamento de Estado están vacantes o a punto de quedar vacantes por renuncias que ya han sido anunciadas.

Hay quienes piensan erróneamente, que cualquier presidente de Estados Unidos no es más que un jarrón chino, una especie de marioneta insignificante manejada por el gobierno real, el de las grandes corporaciones vinculadas al complejo industrial-militar, el lobby judío y los poderes financieros de Wall Street. Es una visión simplista, porque aunque esto es así a final de cuentas, mientras se desarrollan las contradicciones que existen incluso a lo interno de ese gobierno real, la personalidad, el estilo, y los propios intereses e ideas del presidente de Estados Unidos, juegan un papel importante en el desarrollo de los conflictos internos y externos del país.

Por otro lado, además de ser significativo el despido de Tillerson, también lo son los nombramientos del ex director de la CIA, Mike Pompeo como Secretario de Estado y de Gina Haspel, hasta ahora segunda de la CIA, como nueva directora de la agencia de espionaje. Estas designaciones son interpretadas como un endurecimiento del equipo de política exterior de Estados Unidos, incluida la de Haspel, conocida por su papel en las cárceles clandestinas en Asia, y su vinculación con acciones de tortura y tratos crueles a prisioneros.

En cuanto a Venezuela,  algunos han señalado que el despido de Tillerson puede deberse a un supuesto fracaso de su gira latinoamericana, por lo que la manzana de la discordia entre Trump y su ex canciller sería Venezuela. Inclusive, la agente imperial venezolana Rocío San Miguel está muy contenta porque piensa que Pompeo hará que la política de Estados Unidos contra Venezuela se radicalice aun más: “La designación de Pompeo tendrá consecuencias importantes sobre Venezuela, sus acciones estarán orientadas a un seguimiento más detallado de las acciones del presidente Nicolás Maduro”.

A decir verdad, Venezuela está lejos de ser el único problema exterior de Estados Unidos y tampoco puede decirse que sea el principal. Claro, un halcón como Pompeo en el Departamento de Estado significará un endurecimiento en toda la política exterior de Estados Unidos, también en lo relativo a nuestro país, pero en realidad somos una pústula más en la piel infectada del Imperio en decadencia. Atribuir la salida de Tillerson a un supuesto fracaso de su gira por América Latina puede ser una exageración.

Un dato importante para reforzar esta opinión nuestra es que uno de los principales y más activos enemigos de Venezuela en el Congreso de USA, el senador demócrata Bob Menéndez, quien es además el demócrata de más alto rango en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, se ha mostrado muy molesto con el despido de Tillerson y ha definido a Trump como “Comandante en Caos”, parafraseando su cargo de Comandante en Jefe: “El presidente Trump ha demostrado una vez más que es el Comandante en Caos… Nunca ha entendido el papel fundamental que desempeña el Departamento de Estado en la definición de nuestros valores y la promoción de nuestros intereses en el exterior”.

Los factores que han influido en esta nueva “boutade” de Donald Trump son diversos: la guerra arancelaria se ha iniciado, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte está en la cuerda floja, el pacto con Irán debe ser renovado en cuestión de semanas, Trump ha aceptado reunirse con Kim, además de los problemas con Rusia, China, en Siria y hasta con la Unión Europea.

Por supuesto, no cabe duda de que el principal foco de la política imperial en el continente americano seguirá siendo Venezuela, pero esto era ya así bajo la batuta de Tillerson en el Departamento de Estado.

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