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Aurelio F. Concheso: Los argumentos en contra de dolarizar

Hay personas que se oponen a la dolarización como la reforma monetaria indicada para salir de la hiperinflación que nos agobia. Y tienen argumentos importantes a los cuales es preciso prestarles atención. Argumentos, sin embargo, que, si profundizamos un poco, terminan reforzando la necesidad de aplicar ese remedio a la enfermedad terminal que sufre el Bolívar Fuerte, en vez de las alternativas que ellos proponen.

El principal argumento es que la dolarización “…no garantiza crecimiento económico y el Estado pierde armas muy importantes: la política monetaria y la utilización de la tasa de cambio para contrarrestar “shocks” externos” (Luis Oliveros, El Nacional, marzo 16 de 2018).

Desde luego, ante tal explicación, no podemos estar más de acuerdo con la primera parte de la frase como evidente y más en desacuerdo con la última como argumento.

Efectivamente, la dolarización no puede garantizar crecimiento económico. Pero eso sucede si, después de aplicarla, se persiste en:

* Mantener una economía con ineficiencias estructurales, producto de la participación del Estado en actividades económicas productivas que no le son propias, incluyendo, por cierto, la de la extracción petrolera.

* Proteger artificialmente a sectores elegidos -por vaya usted a saber quién- como “estratégicos”.

* Gastar más de lo que le entra al erario público por vía de impuestos.

* Controlar artificialmente los precios inhibiendo las correcciones hacia arriba, pero también hacia abajo de los mismos, atendiendo a la oferta y la demanda.

* Mantener subsidios perversos, como son aquellos que benefician a los más acomodados a expensa de los menos afortunados.

* Y, por supuesto, si por vías subrepticias se sobre endeuda la economía en épocas de bonanza, como han sido dados a hacer los gobiernos venezolanos de los últimos 45 años.

Lo que la dolarización sí puede garantizar, es que no se utilice “la tasa de cambios para contrarrestar shocks externos” mediante emisiones de dinero para devaluarla, pues de esa cabuya los venezolanos ya tenemos un rollo bien grande. Además, sabemos que la competitividad alcanzada transitoriamente por esos medios artificiosos, beneficia a algunos a expensas de la mayoría, pero no fomenta la verdadera competitividad. Por el contrario, lo que sucede es que nos traen -más temprano que tarde- al sitio en donde estamos ahora.

Hay formas de contrarrestar esos shocks sin delegarle ese poder a un Banco Central de Venezuela. La más obvia de ellas es con la creación de un fondo anti-cíclico, que no es nada nuevo, sino algo que existe desde que hace 3.400 años. De hecho, José se lo recomendó al Faraón de Egipto, al sugerirle ahorrar durante los siete años de cosechas abundantes, para contrarrestar los efectos de los siete años de escasez que aparecen inevitablemente.

Venezuela ya tiene experiencia con ese tipo de fondos. Y, hay que decirlo: no le ha ido muy bien. Primero vino el Fondo de Inversiones de Venezuela de Carlos Andrés Pérez 1°, que terminó convirtiéndose en un caso en el que “se administró la abundancia con escasez de criterio”. Luego vino la desaparición del Fondo para inversiones de la industria petrolera. Este fue administrado con gran pulcritud por PDVSA Londres hasta 1982, cuando el mundo político decidió incorporarlo a las reservas del Banco Central de Venezuela. De allí, en un santiamén, se esfumaron, cuando se les usó tratando de defender una tasa de cambio, a la sazón insostenible.

Después, durante los 90, fueron creados dos ajustes fondomonetaristas. Nos referimos al Fondo de Estabilización Macroeconómica, el cual duró hasta que el Presidente Hugo Chávez Frías comenzó a malbaratarlo, partiendo de su insistencia del primer “millardito”, que le transfirió al Gobierno Central un complaciente Banco Central de Venezuela.

Por esa experiencia previa, fallida y recurrente, un Fondo Anticíclico que se diseñe, debe tener unas características que transmita credibilidad en los mercados financieros, probablemente con la figura de un fideicomiso administrado por un ente ajeno al Estado Venezolano. Y tendría que hacerlo con normas muy claras, en cuanto a la manera como el Gobierno de turno puede acceder a él.

Con un instrumento de esta naturaleza, la principal objeción a la dolarización que esgrimen sus adversarios dejaría de tener sentido. ¿Y saben por qué?: porque, con toda seguridad, sería mejor instrumento para montos de shocks negativos, antes que la emisión monetaria de un Banco Central sujeto a todas las presiones políticas que ya conocemos.

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