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Jesús Alexis González: Dolarización, un término atractivo pero……..

Reflexión inicial: La dolarización es un concepto global que hace referencia a la adopción, por parte de un país de cualquier moneda extranjera, no solo el dólar estadounidense, como moneda de curso legal.

A tenor de dicha reflexión, la dolarización ha de entenderse como un proceso mediante el cual un país adopta la moneda de otro país o la emplea conjuntamente con la moneda nacional, en el entendido que cuando una Nación se dolariza no necesariamente quiere decir que adoptó el dólar estadounidense, puede ser cualquier otra moneda. La dolarización surge ante la debilidad de la moneda local de poder cumplir con alguna de las tres funciones que le son inherentes: Medio de Pago (se acepta como pago por cualquier bien o servicio); Unidad de Cuenta (a los fines de fijar los precios); y como Depósito de Valor (capacidad de conservar dicho valor en el transcurso del tiempo). Es de acotar, que el dinero falla en sus funciones, muy especialmente, ante variaciones bruscas de la tasa de cambio (precio de una moneda extranjera en términos de la unidad monetaria doméstica) lo cual equivale a una devaluación nominal, propiciando que los agentes económicos prefieran tanto conservar la mayor parte de sus activos, como realizar sus transacciones en una moneda extranjera.

La dolarización, es básicamente, una alternativa para intentar enfrentar y protegerse de las consecuencias  surgidas de numerosas y severas crisis inflacionarias y cambiarias atándose a una moneda más fuerte; siendo que entre los factores que propician una dolarización pueden citarse: 1.- Inestabilidad Macroeconómica; 2.- Ausencia de Programas de Estabilización (o falta de credibilidad en ellos); 3.- Inflación creciente perfilada como hiperinflación; y 4.- Crisis de Institucionalidad política. Es así, que para algunos la dolarización de una economía representa una forma de superar la inestabilidad monetaria  en un contexto de transformación del Sistema Cambiario: conjunto de reglas e instituciones que rigen la forma como se manejan las reservas internacionales y se determina la tasa de cambio (número de unidades de la moneda nacional que podemos obtener por una unidad de moneda extranjera); todo ello en el marco de lo que se denomina una crisis cambiaria que tiene lugar, según la ortodoxia, cuando la tasa de cambio nominal (con respecto al dólar, p.ej) se devalúa al menos un 25% afectando con rigor el resto de la economía; que en lo atinente a Venezuela durante la etapa “madurista” la devaluación nominal oficial varió desde Bs 4,30/US$ en febrero 2013 a Bs 25.000/US$ en febrero 2018 materializando una evidente depreciación significativa del bolívar; en un contexto mayormente causado por una indisciplina fiscal y por la impresión de dinero sin respaldo en un desenvolvimiento que hemos venido observando con desdén (indiferencia y desprecio). Recordemos,p.ej. que durante el “proceso revolucionario” se han aplicado 48 aumentos del salario mínimo (vs 9 durante la etapa democrática) siendo que solo en 2017 se incrementó 6 veces mientras que el incremento aplicado en 2018 fue de un 62,5%; en conjunto a una populista y electoral asignación directa e indirecta de dinero que en muy poco contribuye con la elevación social del estrato más necesitado.

La dolarización puede instrumentarse mediante tres modalidades: A.- Extraoficial: Es de carácter espontáneo y se materializa cuando los agentes económicos prefieren mantener parte de sus activos financieros en moneda extranjera, como un preámbulo a la etapa de sustitución monetariacuando toman como referencia la moneda extranjera relacionándola con la moneda nacional sólo para fines de pago; B.- Semi-Oficial: La moneda extranjera es de curso legal, sin embargo la moneda nacional continúa jugando un papel primordial en la economía; C.- Oficial o Formal: La moneda extranjera relega a un segundo plano  la moneda nacional o la hace desaparecer, y tal condición se lleva a cabo de manera bilateral mediante un Acuerdo o Tratado limitado y específico. Los costos de asumirla, impactan de manera variada con especial énfasis en la reducción de la flexibilidad en la política monetaria del país que dolariza; o lo que es lo mismo reduce su campo de acción en materias como la regulación del nivel de empleo, la estabilidad de precios, el equilibrio de la Balanza de Pagos, el crecimiento económico, entre otras.

Desde un ángulo complementario, ha de señalarse que la viabilidad de dolarizar está fuertemente condicionada por la situación de las reservas internacionales del país que aspira hacerlo, en aras de estar preparado para financiar posibles desequilibrios de la Balanza de Pagos, así como para contrarrestar ataques especulativos contra la moneda nacional, para cumplir con los pagos internacionales, para soportar el flujo de capitales y comercio; al tiempo de ser, a nivel internacional, el reflejo de la solvencia del Banco Central. En lo que a la Venezuela de la actualidad se refiere, dichas reservas internacionales liquidas poco pueden contribuir en pro de una dolarización ya que su volumen para finales de 2017 apenas alcanzaba, según cifras que suponemos “maquilladas” del Banco Central de Venezuela, a unos pocos US$ 3.500 millones que luego de “quitarle el maquillaje” apenas se ubicarían en menos de US$ 1.000 millones; con el agravante que el oro (reserva no liquida) representa un alto porcentaje sobre el total a pesar de haber perdido en gran parte su condición de monetizado (al no encontrarse en las bóvedas del BCV),  un hecho grave que adquiere carácter dramático habida cuenta que en las reservas están contabilizados bonos cubanos, pagarés del Banco Nacional de Cuba, Ecuador, y Argentina, así como deuda de PDVSA y de la República; es decir instrumentos de elevado riesgo.

Reflexión final: A efectos del caso venezolano, hemos de tomar en cuenta que la dolarización 1.- No implica necesariamente la adopción del dólar estadounidense; 2.- No es una “tabla de salvación” para la economía ya que no resuelve la mayoría de los problemas de fondo que existen en ella; 3.- Limita, para bien o para peor, el manejo de la política monetaria; 4.- Obliga, en caso de ser necesaria la dolarización, a la instrumentación de claras premisas económicas y sociales, las cuales paradójicamente tendrían efectos muy positivos sin necesidad de dolarizar; 5.- Es condición necesaria una tasa de cambio y un régimen cambiario adecuado para que surta el efecto positivo deseado en materia de progreso y prosperidad (que de existir no haría falta una dolarización); 6.- Es una obligación la existencia de una profunda definición sobre economía política  (más allá de lo monetario y cambiario) habida cuenta que ella recoge la intención gubernamental tanto en materia de pensamiento económico (en caso de tenerlo) como político, que para “el proceso” bien pudiera ser permanecer eternamente en el poder; 7.- En el entendido que la dolarización es un proceso donde puede adoptarse cualquier moneda (no necesariamente el dólar estadounidense, como antes se mencionó) ha de ser de conocimiento público, previo a su instrumentación, cuál es la moneda extranjera que se tiene prevista ante el riesgo que representa una  sesgada “visión comunista”.

Finalmente, cabe preguntarse: En Venezuela hace falta dolarizar, o bastaría simplemente con cambiar la actual cúpula gubernamental-dictatorial mediante elecciones libres y justas, para, con plena seguridad, abrir paso al retorno de un enfoque económico-social totalmente alejado de la fracasada visión comunista.

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