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César Malavé: El papel  periódico, enemigo del régimen

Como siempre a este Gobierno hay que leerlo al revés; cuando denuncia algo en su contra es porque está cometiendo a su favor tal fechoría. La guerra económica tan cacareada por Maduro sí existe pero no es de la empresa privada contra él, sino del Gobierno contra el comercio y la industria independiente que queda en el país. Prueba de esto es el caso del no otorgamiento de las divisas a los medios impresos para que puedan comprar el papel y otros insumos que necesitan para funcionar. Los dólares que según Mario Silva le dieron a manos llenas a empresas de maletín asociadas a Diosdado Cabello, le son negados a los periódicos del interior, la  franja de territorio más castigada por un Gobierno centralista incluso a la hora de administrar los efectos geográficos de sus desastres,  que viven sus peores momentos históricos. El persistente acoso que han de padecer los medios de comunicación social no sumisos ante el poder; o, en su defecto, a la crasa e irremediable negligencia oficial es insoportable. Un Estado interventor, paquidérmico, movido por su delirante vocación totalitaria, se atosiga de un inabarcable cúmulo de controles que han acabado por incapacitarlo. Pese a ello, cada día que pasa pretende abarcar más. Y si el pronosticado colapso arrastra en su deslave a los molestos “enemigos” de la prensa, para qué mover un solo dedo. Mejor así. La crisis, está claro, se acomoda a sus intereses.  El Gobierno dicta cada prioridad de la vida nacional, y si dejó a los hospitales sin gasa, a los supermercados sin harina ni papel higiénico, y a las farmacias sin medicinas perentorias, ¿qué podía esperarse de los insumos indispensables para editar periódicos, revistas y libros?  Cinco pequeños diarios de la provincia se han visto forzados, por estos días, a interrumpir su circulación, el Impulso de Lara y el Oriental de Maturín, son las penúltimas víctimas.

Otros han apelado al doloroso recurso de recortar su tiraje o el número de sus páginas. Al zarpazo del cierre por vía de la no renovación de la concesión por parte de Conatel, al acoso del Seniat, a la persecución judicial, la criminalización de la denuncia, las multas, la inflación, la creciente lista de impuestos confiscatorios, las secuelas de la legislación laboral, la dramática contracción del abanico de anunciantes, y al sospechoso cambio de dueños en algunos medios, tanto televisivos como impresos, se agregan las innúmeras trabas, retrasos burocráticos, excusas, postergaciones, desplantes, en una palabra, al indecoroso ruleteo que es preciso sortear al tocar las puertas de los “amos del poder”, con miras a la asignación de divisas para la adquisición, en el exterior, de insumos sin los cuales no es posible elaborar este ejemplar que usted sostiene en sus manos: papel, tinta, planchas de impresión, repuestos de las máquinas. El papel glasé, o satinado, que usan las revistas, se tornó prohibitivo. Una verdadera extravagancia en el seno de un país sumido en semejante espectro de violencia, así como de carencias, materiales unas, espirituales otras. Los periódicos del interior reducen sus cuerpos pero agrandan sus ganas de informar, ganándose el aplauso de la sociedad democrática y de todos quienes saben que la hegemonía comunicacional es dictadura y nada más. Por eso, seguiremos escribiendo mientras haya por lo menos una hoja de papel en un periódico de Venezuela.

cesarmalave53@gmail.com

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