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Gustavo Coronel: 30 millones de venezolanos tendrían que elegir entre dos granujas

 

Parece mentira que los venezolanos deban estar discutiendo hoy si votar o no votar, en elecciones fraudulentas convocadas por narco-criminales. Y que la escogencia deba ser entre dos granujas, Nicolás Maduro y Henri Falcón. Uno, Maduro, básicamente un pomposo analfabeta impuesto por el fallecido sátrapa Hugo Chávez, quien ha logrado destruir los restos de Venezuela que dejó el paracaidista fallecido. El otro, Falcón, un doble tránsfuga, colaboracionista de Chávez y, ahora, de Maduro, en plan de rescatar al chavismo del juicio penal que se le viene encima, validando un fraude que será rechazado por el país decente. Aspiramos a votar, algún día, en elecciones transparentes y genuinas, por candidatos más destacados que este par de melancólicos bates quebrados

Alrededor de este par de granujas se agrupan dos pandillas:
La una, ahíta de riquezas mal habidas, integrada por los golpistas de 1992, militares de alta graduación traidores a su misión constitucional, familiares y amigos de los miembros principales, contratistas codiciosos y gerentes corruptos de las empresas públicas, todas en bancarrota. Todo esto es fácilmente documentable y deberá ser castigado de manera ejemplar, si Venezuela desea recuperar su dignidad como nación. En esta pandilla hay unos 600 miembros principales pero los cabecillas han sido Hugo Chávez y sus hermanos; Nicolás Maduro y su familia; Rafael Ramírez, Néstor Merentes, Jorge Giordani, Diosdado Cabello, los ministros de la Defensa del narco-régimen; los líderes del partido PSUV; los embajadores del chavismo arrodillados y sin honor y un grupo de banqueros que han manejado a su antojo los dineros del estado para su propio beneficio. Sus nombres son bien conocidos y ya muchos de ellos han sido objeto de sanciones personales por parte de países como USA, Canadá y la Unión Europea, donde existe el estado de derecho. Esta pandilla pretende continuar en el poder por seis años más, lo cual sería una tragedia adicional para el país. Esto no debe suceder.

La otra, la que está en este momento en etapa de integración, es un saco de gatos donde aparecen chavistas con un ligero barniz opositor como Falcón y su amanuense, Eduardo Semtei, quienes se están rodeando de líderes políticos que estaban archivados, como Eduardo Fernández y Enrique Ochoa Antich y de algunos NI-Nis, quienes esperaban una oportunidad de engancharse en un vehículo que les pueda proporcionar figuración, dinero y/o poder. Mucha de esta nueva “alianza” de circunstancias busca llegar al poder a fin de poder disfrutar de su porción del botín que es Venezuela, un botín dramáticamente disminuido, mientras que otros simplemente sienten la necesidad de ser “famosos” de nuevo. Falcón recibe hoy ayuda del régimen, a fin de que mantenga la fachada fraudulenta de una candidatura de oposición, cuando la verdad es que han estado negociando una “transición” macabra, mediante la cual el chavismo salga impune del país, con sus dineros mal habidos.

De pugnas como esta es de lo que se ha tratado, históricamente, mucha de la actividad política en Venezuela, desde tiempo inmemorial, una larga y nociva sucesión de caudillos, falsos líderes, demagogos, banqueros corruptos, embajadores adulantes, empresarios vividores de la riqueza pública y audaces aventureros de escasa o falsa ilustración. Basta leer sobre los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, de los hermanos Monagas, de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez o haber vivido durante las presidencias de Jaime Lusinchi y de Hugo Chávez, para darnos cuenta de que el ingrediente que les ha faltado ha sido la grandeza. Cuando se han requerido estadistas han aparecido ineptos aventureros. Esta tragedia no es solo la culpa de quienes han tomado el poder por asalto sino culpa de quienes – como pueblo – lo han permitido en silencio y en pasiva actitud. La “lucha” actual entre Maduro y Falcón demuestra que en Venezuela no se requieren credenciales intelectuales, profesionales o éticas para ser un aspirante a la presidencia de la república. Pareciera que mientras más audaces y más incultos, mejor.

Hoy nos acercamos a otra encrucijada similar a las muchas que el país ha tenido en el pasado. Casi siempre el país se fue por el peor de los caminos. Esta vez, no hay camino digno que pase por las elecciones planteadas. El único camino aceptable no es el más cómodo pero si el único digno de la nación, la rebeldía ciudadana, la formación de una masiva alianza nacional que concrete el repudio de los venezolanos frente a este nuevo intento de humillarnos. Si esto no sucede la diáspora se convertirá en avasalladora estampida y Venezuela seguirá, como hoy, en los últimos lugares de bienestar y civilización entre los países del planeta.

 

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