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Earle Herrera: Club de Lima a media asta

No se trata de un poemario de mi amigo Tarek William. Es algo más prosaico, como cuando en la puerta de un prostíbulo alguien coloca un lazo negro. Allá adentro también sufren y lloran a los suyos o suyas. ¿Quién murió? ¿Una anfitriona? ¿La corista? ¿O la madame? Hay duelo en el Club de Lima después de tanta prepotencia, de tanta viga en el ojo ajeno y tanto Nicolás Maduro. El presidente de Perú, cabeza del Club, renunció por corrupto. Su carta es más un epitafio que un poema.

La víspera, Donald Trump decretó sanciones para cuatro venezolanos y aprobó una Orden Ejecutiva contra la criptomoneda bolivariana, el Petro. En esa onda de perritos modosos, la cancillera de Perú reiteró que Nicolás Maduro no era invitado a la Cumbre de la Américas y, por tanto, no podía entrar al Perú. El anfitrión tampoco estaría en la cumbre porque se había despeñado por el barranco de la corrupción. La cancillera no estaba en capacidad de captar el abismo que se abría sus pies y amenazaba con succionar la cumbre.

El Club de Lima había quedado acéfalo. Muchos que sabían cosas que otros ignoraban, lo llamaban cartel en lugar de club. La Cumbre de las Américas perdía toda la lumbre que Trump le quiso dar, con varios de los capitostes que impartían clases de moral a Venezuela, embarrados hasta el cuello en el pantano de la corrupción. Cuando la cancillera peruana vociferó que Maduro no era bienvenido, hasta Trump aplaudió. Por esas volteretas de la vida, hoy es un honor no ser invitado a semejante aquelarre.

Por el prontuario de sus integrantes, el símbolo del Club de Lima debería ser un par de esposas. O la correa de un perrito, en correspondencia a la autodefinición del renunciante Kuczynski de ser un cachorro que mueva la cola en la alfombra imperial. Con el bloqueo a la asistencia de Venezuela a la Cumbre de las Américas, la patria de Bolívar y Chávez obtiene una victoria diplomática antes de empezar el evento. La derrota se la granjean los gobiernos que apoyaron esa exclusión. En el Club de Lima hay una bandera a media asta. Su capo anfitrión cayó. Y mire qué ironía, solo Venezuela puede salvar a la Cumbre de las Américas de su ya cantado y estruendoso fracaso.

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Earle dice que solo Venezuela puede salvar a la Cumbre de las Américas, entre carteles del mismo club, es posible

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