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La Esfinge de Guiza y sus misterios

 

La Esfinge de Guiza ha sido objeto de múltiples estudios para tratar de resolver todos los enigmas que rodean a su misteriosa figura. Uno de ellos es el que se refiere a su cronología, al habérsele atribuido una antigüedad mayor a la que se le reconoce.

Llama la atención el tamaño de las enormes piedras con las que fue construida, mayores que las utilizadas en los edificios circundantes con excepción de uno de los templos situados en las proximidades de la Esfinge, cuya cronología también ha sido objeto de debate. De igual forma, se ha aludido a la información presente en la Estela del Inventario, cuya traducción parece dar a entender que el templo ya existía mucho tiempo antes del reinado de Kefrén. Aunque, por otra parte, no se debe olvidar que este documento es tardío, de época saíta, y por lo tanto poco fiable para ofrecer una datación precisa.

Todas estas anomalías llevaron a un grupo de estudiosos a plantear hipótesis de naturaleza seudocientífica. Uno de ellos y tal vez el más conocido fue Edgar Cayce, un curandero y visionario estadounidense que, ajeno a toda realidad, llegó a afirmar que la Gran Esfinge fue construida por la civilización atlante. La explicación de Cayce dejó atónitos a todos los investigadores serios del Antiguo Egipto, aunque más impacto provocó el hecho de que alguien en su sano juicio se “tragase” sus delirantes ideas. En efecto, en 1957, Rhonda James viajó hasta Egipto junto con su hermana con la intención de protagonizar uno de los hallazgos más importantes de la egiptología: dar con una supuesta Sala de los Archivos en donde debían seguir escondidas las memorias de los atlantes. En 1973 le tocó el turno a otro defensor de las tesis atlantes, Mark Lehner, pero, como no podría haber sido de otra manera, sus investigaciones resultaron igual de improductivas.

Nuevos investigadores plantearon una antigüedad de la Esfinge mucho mayor que la que aceptaba la ciencia apuntando hacia 10500 a.C., lo que parecía amoldarse a las propuestas de Schwaller de Lubicz, un arqueólogo que, tras excavar entre los años 1937 y 1952 en el Templo de Luxor, afirmó que la cultura egipcia había sido muy anterior a lo que se creía hasta ese momento. En una de sus obras, Sacred Science, al hablar de grandes inundaciones que asolaron Egipto en el XI milenio a.C., dice: “Una gran civilización debió de preceder a los vastos movimientos de agua que arrasaron Egipto, lo cual nos lleva a deducir que, esculpida en la roca de la colina situada al oeste de Guiza, ya existía la Esfinge, cuyo cuerpo leonino, salvo la cabeza, muestra signos inconfundibles de una erosión causada por el agua”.

No pocos geólogos apoyaron las tesis de Schwaller, al no encontrar huellas de un período pluvioso en la zona anteriores a 10000 a.C., que explicasen la erosión de la Esfinge provocada –en esto no parece existir controversia– por el agua. Uno de los que apoyaron la idea fue Robert M. Schoch, que aseguró en 1992 que la erosión sufrida por el monumento no podía, en ningún caso, haberse producido como consecuencia de la acción de viento. Estas ondulaciones se produjeron por las precipitaciones, las cuales provocaron fisuras verticales aún observables y, por lo tanto, según Schoch, la enigmática figura no podría tener una antigüedad menor a 9.000 años. Recientes investigaciones dejarían, en cambio, sin argumentos sólidos a los investigadores que pretendieron desafiar a la Historia.

A pesar de que la razón nos lleve a desechar todas estas teorías seudocientíficas, la espectacular Esfinge tiene un gran interés por sí misma, por su significado y su relación con el mundo de los dioses y la muerte. Desde los albores de la civilización egipcia, las esfinges simbolizaron el poder y la fuerza del faraón, cualidades asociadas a la figura del león. También tienen relación con la idea de la vida después de la muerte, por lo que su presencia es habitual en contextos funerarios y cerca de los grandes templos.

Teoría descartada

La rotundidad de las afirmaciones de algunos geólogos, en su intento de demostrar la extremada antigüedad de la Gran Esfinge, parecía jugar a favor de los partidarios de las teorías heterodoxas. Sin embargo, aunque son muchos los que siguen defendiendo las premisas del geólogo estadounidense Robert M. Schoch, que asegura que la erosión de este desconcertante monumento egipcio se debe a la acción del agua en tiempos muy anteriores a los que los arqueólogos plantean, esta teoría parece haber quedado descartada, porque parte de falsos presupuestos. Fundamentalmente, porque en Egipto sí que se producen precipitaciones, con poca frecuencia pero de forma torrencial, y este tipo de clima se impuso en la zona hacia el año 2000 a.C., lo que explicaría el tipo de erosión de la Esfinge, provocado evidentemente por el agua pero en fechas más recientes. En este sentido, los geólogos J. Harrel, K. Gauri y G. Vandecruys echaron por tierra la teoría de Schoch, al atribuir a la Esfinge una datación correspondiente a la IV Dinastía.

Fuente: muyhistoria

 

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