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Arturo Molina: ¿Quién da más?

El juego electoral venezolano (no es distinto en otras latitudes) comienza con los efectos de atraer electores mediando las circunstancias por las que atraviesa la sociedad. La visión de los candidatos y sus comandos de campaña van direccionados desde la óptica de los asesores estratégicos y políticos. Se aplica la conveniencia por encima de la realidad. La costumbre es “dile a las personas lo que quieren oír, no lo que deberían oír”. De allí todo es posible en el escenario del PAN y EL CIRCO.

La crisis económica marca pauta. La devaluación permanente de la moneda inducida por el régimen a través de la hiperinflación o alto precio del dólar, se traduce en el bajo nivel adquisitivo de los ciudadanos, llevándolos a la pobreza y la dependencia. El hambre y la miseria son los elementos asumidos para crear eslogan publicitarios y de propaganda, sin interés de resolverlos, pero cabalgan sobre la polarización para hacerse de los votos.

El régimen ofrece: “Ahora sí es verdad que todo va a mejorar porque con el triunfo del camarada Nicolás vendrán tiempos de abundancia”, “nunca más le entregaran el poder a la disidencia apátrida”, “los traidores a la revolución deben pagar con creces tal afrenta”, “la derecha es la responsable del hambre, muerte y desolación de los hogares”, “con Nicolás todo, sin él nada”, “las armas de los cuarteles, son las armas del pueblo para defender la revolución y su proyecto”, “todo soldado mismo es el defensor de la patria revolucionaria”, “el carnet de la patria proveerá”…

Otro candidato ofrece: “entregar tarjeta electrónica a cada uno de los ciudadanos con deposito en moneda extranjera para paliar el bajo ingreso”, “con la presencia de la ONU el régimen respetará condiciones mínimas en proceso electoral”, “la garantía del cambio es representado por nuevo mesías”, “sí el régimen no cumple, renuncio”…

Dolarizar la moneda es la alternativa que ofrecen unos; cambiar la moneda (¿?) es lo puesto en marcha por el otro. Mientras el ramo se lo dividen entre viudas, el campo no produce; la medicina no llega a los hospitales, y la que llega se la devoran las mafias allí enquistadas; la empresa privada fue saqueada, arrebatada y quebrada por el oficialismo. Los revendedores de alimentos crecen en proporción a los precios, superando un solo producto el ingreso mínimo mensual, y los estantes del supermercado se exhiben vacios. Cualquier ingreso económico se traduce en ilusión al momento de adquirirlos.

La desgracia es patentizada en la propuesta. La creencia de que el venezolano es ignorante y perezoso se refleja en la misma. Se apuesta con creces a la conquista del voto asumiendo con desprecio la condición de ciudadano. Cada palabra aleja al ser pensante y abre espacio a la manipulación. Los caballos que salieron a correr no representan los deseos de cambio de la mayoría. Ir a un proceso para votar obligado por cualquiera de los allí presentes, so pena de que no hacerlo es apoyar al actual gobernante, o de hacerlo, es para favorecer al imperio, son muestra de la tribulación por la que atraviesa la sociedad venezolana. La democracia es arrebatada por el déspota. En oportunidad escuche de un amigo decir “el problema es que hay candidatos sin identidad nacional, sin arraigo, y pretenden ser Presidentes a juro”. El grito que se escucha en cada barrio, sector, urbanización o caserío es: ¿Quién da más?

jarturomolina@gmail.com

 

www.jarturomolina.blogspot.com

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