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César Malavé: Reencontrémonos con Dios

Comienza la Semana Mayor y nos percatamos que la turbulencia de la vida actual, en la que andamos metidos todos, nos ha convertido en seres ajenos al quehacer  religioso. En nuestra agenda diaria, no hay tiempo para la reflexión de lo trascendente y verdaderamente importante. En su peregrinar, Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) nos ha  recordado, con una frase “ El mundo necesita cambios”, que de toda tarea  noble y legítima debemos ocuparnos los cristianos y a todas las actividades debemos imprimirle con pasión, el buen olor de Cristo, porque si a la actitud señalada se le agrega la secularización del mundo actual, es decir, el afán de apartar a Dios de todo lo humano, llegamos a la conclusión de que ciertamente, el hombre de hoy es un hombre sin Dios, su vida la hace sin Dios, arrinconándolo y apartándole absolutamente de su horizonte.  Un mundo sin Dios es un mundo invivible, lleno de tragedias personales y sociales.  A la falta de Dios en la vida de los hombres y mujeres de hoy se debe el creciente número de niños abandonados porque no tienen familia ni saben quiénes son sus padres, o incluso abandonados por padres que tienen una unión legítima y estable. Las familias desgarradas, la soledad de muchos que viven entre mucha gente pero sin sentirse acompañados. El crecimiento de la prostitución, de la delincuencia y de lo que ahora se llama delincuencia organizada, sobre todo en las grandes ciudades. El surgimiento del terrorismo, de un terrorismo institucionalizado, que crea pánico en el mundo entero porque se persigue a quienes no piensan como quienes promueven ese terrorismo o a seres inocentes. La aparición de enfermedades como consecuencia de la inmoralidad de las costumbres.

El hambre y la pobreza en inmensas multitudes de personas, producto del afán de lucro de pocos, cuyo egoísmo no les deja ver la necesidad de la solidaridad y respeto a la dignidad de la persona humana. Los asesinatos infantiles y juveniles en escuelas y universidades, que han marcado esta época en Estados Unidos y otros países. El tráfico de niños en el mundo de la prostitución. La droga, el sexo como instrumento exclusivo de placer y no de colaboración con el poder creador de Dios. Las leyes injustas e incluso depravadas que se presentan hoy como ejemplo de progreso y libertad, cuando en realidad son signos de regresión y perversión. Semana Santa o Semana Mayor, son algunas de los nombres que se otorgan al período sagrado del cristianismo, en el que se hace un memorial a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La fe y la devoción dicen presente, en el transcurso de la conmemoración de la vida del hombre que ha amado más a la humanidad, dando inicio el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, desde el punto de vista litúrgico.   La Semana  Santa puede servirnos para hacer un pequeño esfuerzo de reflexión de lo que cada uno de nosotros puede hacer para mejorar el mundo, empezando por el pequeño mundo donde nos desenvolvemos, casi siempre limitado a nuestra familia, nuestro trabajo y un poco más ampliamente a la sociedad donde nos ha tocado vivir Dios permita que en estos días de reflexión y de muchos corazones contritos, podamos buscar la presencia en nuestras vidas del Dios triunfante, poderoso, que anuncia su pronta venida, para acabar definitivamente con el pecado, el sufrimiento y la muerte.

cesarmalave53@gmail.com

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