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“Maracaibo es un verguero” / Entrevista a: Carlos Valbuena

Era una tradición que el habitante de Maracaibo se sintiera indisolublemente unido a su ciudad. El imaginario del marabino creó una pequeña tierra de gracia en la que el progreso se fue tejiendo progresivamente desde el siglo XVI. Sin embargo, 19 años de una historia política contemporánea signada por la palabra “revolución” causaron estragos en la urbe, a tal punto que ahora el citadino la ve convertida en “un verguero” y “un suciero”

Una mujer se acerca al mostrador de una panadería para hacer un pedido. Mientras le despachan, ella entrega su percepción de la ciudad:

–Maracaibo es un espantajo en este momento. Parece que aquí hubiéramos vivido una guerra. Todo se ve destruido, en todas partes hay basura, no hay transporte público, casi no nos llega el agua, hay racionamiento de luz y bajones todo el día y todos los días, no sirven los semáforos, todas las calles tienen huecos, en las noches las calles se ven oscuras y desoladas. Aquí vivimos como en Siria.

Lejos de esa versión de la ciudad de hoy parece haber quedado la fotografía de una Maracaibo romántica, firmemente cosida al imaginario de un habitante que se sentía viviendo en una urbe acogedora, marcada por una predestinación de singularidad. Pese a las contradicciones de la vida cotidiana, tradicionalmente el marabino había establecido una unidad con un entorno que se configuraba de modo ideal gracias a los aportes de la narración oral de quienes habían vivido en décadas pasadas y a lo que agregaba la letra de cronistas e historiadores empeñados en una especie de filigrana del ensueño.

No por nada las páginas históricas sobre Maracaibo se fueron llenando con una visión según la cual esta metrópoli era la gran capital de un rico mundo productivo agrícola y pecuario que comenzó a gestarse desde el siglo XVI y se consolidó en el XIX. Después, en el siglo XX, el marabino se acomodó a otros modos de vida que impuso la economía del llamado oro negro.Así se hizo el progreso del núcleo urbano, según pergeñaron las letras doradas de la historia oficial, que contribuyó a que el marabino fuera conformando un imaginario que le permitía estar a gusto con su espacio.

Hoy, sin embargo, pareciera que 19 años de una historia política signada por la palabra “revolución” hizo estragos en la ciudad del lago, a tal punto que ahora su habitante no la reconoce, le cuesta trabajo identificarse con una urbe que lo espanta y a cuyos lugares públicos acude prácticamente por necesidad. En otras palabras, esta que fue una città apertatiende a un enclaustramiento y a marcar distancia respecto de la adjetivación “muy noble”, con la que apenas ayer se le conoció oficialmente.

Para saber cómo ve actualmente a Maracaibo su propio habitante, Carlos Valbuena, antropólogo, especialista en cultura y docente de las materias Antropología Urbana y Antropología del Espacio, adscritas a la Maestría en Antropología de la Facultad de Ciencias de la Universidad del Zulia (LUZ), decidió elaborar una entrevista flash cuyo objetivo principal fue captar representaciones que la gente tiene de la ciudad. Este estudio, realizado entre agosto y noviembre de 2017, forma parte de un proyecto más amplio que Valbuena adelanta desde 2016 y que se denomina Maracaibo, memorias, ficciones y otros imaginarios en la construcción cultural de una ciudad en presente continuo.

También en Maracaibo se repite un índice del país: los camiones para la mercancía se utilizan como transporte público / L. Noriega

Un equipo formado por Valbuena, sus alumnos de Antropología y algunos colaboradores armaron cuatro preguntas para entrevistar a 250 transeúntes repartidos en sitios neurálgicos de todos los ejes geográficos de Maracaibo. Estos lugares fueron: Lago Mall (este-centro), plaza de Las Banderas (este-sur), centro comercial Sambil (norte-este), Curva de Molina (sur-suroeste) y Patria Bolivariana (norte-noroeste). De acuerdo con el docente, cada uno de los lugares está marcado de forma predominante, bien porque se transita o se vive allí, por la presencia de uno o dos de los tres grupos étnicos que son característicos de la ciudad: criollo (que se considera a sí mismo como la continuidad del mundo hispano, republicano), wayú (indígena) y colombiano (inmigrante o descendiente de él en primera y segunda generación).

La primera pregunta realizada fue: “Defina con una palabra la ciudad de Maracaibo, contestando la siguiente pregunta: ¿Para usted Maracaibo es…?”. Un total de 88 personas respondieron: “Un verguero” y 46 dijeron: “Un suciero”. El resto de los entrevistados, 116, se decantaron por afirmar: es “la ciudad más bella”, es “un pueblo grande” o “mi ciudad”. Hubo, por supuesto, quienes no supieron qué responder y otros que ignoraron la actividad. La segunda pregunta fue: “¿Cuál es la actividad productiva más importante de la ciudad?”. 115 personas dijeron: “La comercial”, y ante la subpregunta “¿Qué actividad comercial?”, 86 declararon: “Comercio informal”. Los demás entrevistados, 135, vieron a la urbe como agrícola, petrolera, pesquera o portuaria.

“¿Quién gobierna a Maracaibo?” fue la tercera pregunta. Ante ella 112 marabinos optaron por responder: “Los malandros” o “los pranes”; 80 más dijeron: “Arias Cárdenas”; 42 indicaron: “Eveling” (se referían a quien fue alcaldesa de la ciudad, Eveling de Rosales); y el resto, 16 entrevistados, afirmó: “Nadie” o “Nadie gobierna”. Por último, el equipo hizo la cuarta pregunta: “¿De qué color ve usted a Maracaibo?”, para la cual solo tres colores fueron parte de las respuestas: 92 personas dijeron verla “negra” u “oscura” y 151 transeúntes dijeron verla “amarilla” o “anaranjada”. El resto, 7 entrevistados, no respondió.

–Cuando vimos que había gente que percibía negra u oscura a una urbe como Maracaibo –dice Carlos Valbuena–, donde el sol es tan intenso, enseguida nos preguntamos por qué. Se entiende, al menos tradicionalmente, que el habitante la vea amarilla o anaranjada, pero no negra. Comenzamos a madurar la idea de que esta percepción tiene que ver con los corredores de oscuridad que actualmente existen en la ciudad. Algunos de estos lugares, vitales para el ciudadano, son la Ciudad Universitaria y el Hospital Universitario (zona norte); de igual modo se encuentran las avenidas 5 de Julio y Ziruma y áreas del casco central, como el hospital Chiquinquirá y el malecón.

Rafael Urdaneta, héroe epónimo del Zulia y quien acompañó a Bolívar en la gesta de la independencia, se convierte en un “don nadie” en las noches de Maracaibo. Su plaza, ubicada en el casco central, es zona de oscuridad / L. Noriega

Diversas áreas de Santa Lucía, tradicional barrio marabino fundado en 1876, forman parte de los corredores de oscuridad de la capital del Zulia. La avenida 5 de Julio fue inaugurada en 1923 por la dictadura de Juan Vicente Gómez. Nadie reconoce en la desolación nocturna de la vía la que fue una de las arterias comerciales más importantes de la metrópoli. Su muerte comenzó en el siglo XXI / L. Noriega

Desde su punto de vista, ¿por qué a Maracaibo la han convertido en una ciudad oscura?

–Una posible interpretación es que la oscuridad es una estrategia empleada para reducir el uso de ciertas zonas de la ciudad. Si estamos funcionando con el imaginario del miedo, si el ciudadano siente un relativo temor a salir en las noches porque considera que en estas horas hay mayor peligro, evidentemente hay un sentido de riesgo y la sensación de vulnerabilidad se profundiza. La gente evita transitar por ciertos espacios satanizados debido a la oscuridad.

“El uso de la ciudad durante la noche se ha reducido”, continúa Valbuena, quien considera que los espacios culturales y comerciales, por ejemplo, han movido sus horarios para evitar trabajar en las noches, con lo cual se reduce el tiempo de uso de esas áreas públicas y se construye una noche deshabitada. Como consecuencia de ello es posible determinar —afirma— que cuando el ciudadano no ocupa estos ámbitos en horas nocturnas, tienden a ocuparlos los anticiudadanos, es decir, los delincuentes, que comienzan a despojar a la ciudad de las condiciones y elementos que utiliza el ciudadano para operar en su espacio.

–¿Qué le pasa al ciudadano que por razones de seguridad tiene que renunciar casi obligatoriamente a su ciudad durante la noche?

–Se convierte en un ciudadano sitiado, en una especie de prisionero en su propia casa, y así no puede ejercer la ciudadanía. Y los espacios de las ciudades que no son usados caducan, también mueren, terminan deshabitados. ¿Qué ocurre con una plaza si nadie le da uso? La herrumbre y la arena se la comen.

–¿El ciudadano individual puede perder el temor y retomar la ciudad?

–No, porque la ciudadanía es una circunstancia colectiva que está indisolublemente atada a la ciudad. Esta se usa en conjunto, no en solitario. Lo que está pasando es que el ciudadano se convierte en un ser caótico intentando conseguir formas de operar en los espacios públicos, y este caos es entropía, disolución de la ciudadanía. Claramente los entes gubernamentales tienen que incidir en la reactivación de la urbe porque el mandato se debe ejercer en función de la ciudad y los ciudadanos.

–Esa es tarea de un gobierno democrático, pero en este país hay demasiadas evidencias que demuestran que a quienes detentan el poder no les interesa ni una orientación democrática ni un estado de bienestar para el ciudadano.

–El Gobierno tiene un constructo relacionado con el buen vivir, pues que lo cumpla.

–Eso es pura teoría, un discurso que ex profeso no se cumple.

–A mi manera de ver, el Gobierno tiene que acortar la distancia entre la idea del buen vivir y la forma en que los ciudadanos están viviendo. Si el ciudadano percibe a la ciudad como “un verguero” es porque hay un ejercicio caótico por parte de quienes llevan la administración.

Hay una realidad expuesta por los marabinos en la entrevista flash que Carlos Valbuena y su equipo realizaron en 2017. Y ante esa visión retumban en la memoria auditiva algunas expresiones, como “oscuridad”, “satanización de la noche”, “entropía”, “disolución”, “ciudadano sitiado”, “anticiudadanos”, “aquí vivimos como en Siria”. ¿Un país en guerra es un espejo para la actual Venezuela?

En la actualidad muchos marabinos definen a la ciudad como “un suciero” / L. Noriega

El Pitazo

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