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Alberto Mansueti: Una historia de amor, calvinismo y desarrollo económico

Hay un país con dos récords mundiales a la vez: crecimiento económico y estabilidad política. Si ambas variables se relacionan, sin duda es un ejemplo.

En 50 años, la riqueza per cápita ha aumentado más de 100 veces; y entre 1986 y 2003, ha disminuido la pobreza de 59 % a 30,6 % de la gente (datos del Banco Mundial). A sus Presidentes, la Constitución les fija un prudente límite de 10 años en el cargo; y la han respetado, por eso el país tuvo sólo cuatro desde su independencia en 1966. Todos del mismo partido mayoritario, aunque hay dos partidos de oposición, de izquierda ambos, con libertades políticas, y representación parlamentaria.

El 70 % de los ciudadanos se identifican como cristianos,​ anglicanos, metodistas, y congregacionales en su mayoría, aunque hay también otras denominaciones. La libertad de cultos alcanza también a los islámicos: había más de 5.000 en 2001, según el Censo de ese año; y sin atentados terroristas, pues en ese país capitalista y “políticamente incorrecto”, hay pena de muerte.

Su envidiable cultura política sigue el modelo de democracia parlamentaria de Westminster; y es un producto de una doblemente centenaria institución cristiana interconfesional: la “Sociedad Misionera de Londres”, creada en 1795 por William Carey, un zapatero bautista, y otros evangélicos anglicanos y no-conformistas, para hacer a un lado sus diferencias teológicas, y combatir males como la esclavitud de los negros, y la división de la sociedad en castas como en la India.

¿Qué “milagro” es ese? Botswana, un país mediterráneo en el Cono Sur de África. En los años ’40 del pasado siglo XX, la Sociedad Misionera protegió y educó en Londres al fundador y primer Presidente, Seretse Khama, hombre excepcional, fundador también de uno de los pocos partidos que no se rindió al socialismo en el continente africano. Los economistas liberales publican muchos buenos artículos con cifras asombrosas en la economía de Botswana y otras naciones emergentes; pero no hablan de los partidos que las sostienen contra viento y marea, ni de la cultura cristiana que inspira y moldea a muchos de ellos, como este Botswana Democratic Party.

Hoy 1 de abril, otro líder de ese partido, Mokgweetsi Masisi, ha asumido como quinto Presidente. Y como si todos estos datos no fueran suficientemente interesantes, la película “Un Reino Unido” se estrenó el año pasado, contando la increíble historia de amor del príncipe Seretse con su esposa Ruth Williams, una mecanógrafa de la empresa “Lloyd’s”, de la clase media anglicana. El matrimonio fue un escándalo en su día: le costó su reino al joven Khama, y se vio obligado a exiliarse, debido al racismo en Inglaterra, en Sudáfrica, y en su propia tribu, los “bamanwgato” de Bechuanaland, como se llamaba el país, entonces uno de los más miserables del planeta. El prejuicio racial no es cosa exclusiva de los blancos: los negros también pueden ser racistas cuando quieren.

Pero el segundo hijo de la pareja, Ian Khama, también fue Presidente, hasta ayer, 30 de marzo, día que entregó el poder a su sucesor, también electo democráticamente.

Su madre, la memorable Ruth Williams Khama (1923-2002) fue gran ayuda para su esposo en las tareas de hacer el partido, muy duras y exigentes, sobre todo en los comienzos. No había carreteras de una aldea a otra, en territorio extenso y poco poblado; ni había Internet. Fue luego primera dama de su país adoptivo, en la década de los ’70. Pero muy conservadora, mantuvo los usos y costumbres de su país natal: jamás se disfrazó con turbantes ni ropas tribales, a diferencia de las “progres” multiculturalistas de ahora, y todos los días invitaba al Té de las Cinco en la residencia oficial.

Algunos de mis amigos economistas ya lo saben: detrás de los éxitos económicos hay instituciones de Gobierno y políticas, como los partidos; y detrás de la política, hay cultura. ¿Y detrás de la cultura? ¿Qué hay? Hay religión, pero no en el sentido vulgar sino “cultural” de la palabra; o sea: cosmovisión.

¿Y qué tiene que ver el Calvinismo con el despegue económico de Botswana? Instituciones, nada menos. Y en este caso, instituciones occidentales sabiamente combinadas con otras indígenas, como las “Asambleas” de jefes tribales y de aldea, una especie de “Cabildos” locales, llamadas “Kgosi”. El Ntlo ya Dikgosi (“Casa de Jefes”) es un órgano consultivo del Parlamento. No tiene poder de veto ni legislativo, pero todos los proyectos de ley que afecten la propiedad y organización tribal, normas y cortes consuetudinarias, pasa antes por la Casa, que ha de ser consultada para revisar o enmendar la Constitución. Y tiene además el poder de convocar a los Ministros: ¿se ve por qué Botswana también tiene el record en menor corrupción de toda África, y uno de los menores en el mundo?

Para el tema del Calvinismo no me queda espacio, pero recomiendo leer en Internet: “Calvinism and the socioeconomic politics of Botswana’s liberal democracy”, un estudio del Profesor Moji Ruele, de la Facultad de Teología de la Universidad de Botswana, en Gaborone, la capital del país.

Se explaya sobre las ideas de independencia personal, propiedad privada, libertad y responsabilidad individual para labrarse uno su propio camino, hombre o mujer, sin interferencias, trabas ni “ayudas” del Gobierno. Y sobre la dignidad del trabajo, hasta la más humilde labor manual, y del comercio y las operaciones financieras; de la legitimidad del lucro y del cobro de intereses. Y desde luego, si se le reconoce a la persona tan amplias libertades de mercado y económicas, ha de reconocerse también su derecho a participar libremente en actividades políticas, partidistas, electorales y de Gobierno civil. Cito el Abstract:

“Botswana ha hecho grandes cambios económicos y políticos; y se puede decir que el país es una historia de éxito, y un verdadero modelo en el continente africano. Vale la pena explorar cómo la religión y la teología han contribuido a la fundación de una democracia liberal moderna. El articulo intenta mostrar cómo la moral cristiana, y la ética política del calvinismo, apoya tanto el desarrollo económico como los principios de la democracia liberal, y su impacto directo como indirecto en la configuración de la política y los logros en la economía.”

Sin más comentarios, ¡hasta la próxima!

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