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Las alucinaciones y mentiras de Jorge Rodríguez

 

Jorge Rodríguez pertenece al círculo más íntimo del poder de Maduro. Hoy pregona por el mundo una Venezuela que no existe. Él ya una vez dijo, reclamándole a la oposición las críticas que le hacía al Gobierno, que “alucinación es percepción sin objeto. Percibes algo que no existe”. El concepto le calza, o le viene como anillo al dedo. A él, que, para más señas, es siquiatra. Está vendiendo un país de fantasía.

Por Juan Carlos Zapata / Al Navío

El ministro sabe lo que es alucinar. Maneja el concepto. Es siquiatra. La noche del 10 de abril de 2014, en la primera ocasión que se sentaron a debatir representantes del gobierno de Nicolás Maduro y la oposición agrupada en la MUD, Jorge Rodríguez evocó el manual de estudio y consultorio. Dijo:

“Alucinación es percepción sin objeto. Percibes algo que no existe”.

El encuentro se desarrolló en el Palacio de Miraflores. Entonces, Jorge Rodríguez era alcalde del municipio Libertador de Caracas. Un sector de la oposición, encabezado por Leopoldo López, había convocado a jornadas de protesta para salir de Maduro. El saldo, para la fecha, era de 40 muertos. Con la reunión se perseguía iniciar un proceso de diálogo y ponerle punto final a la violencia. Que el hoy ministro de Comunicación apelara al concepto llevaba el propósito de rebatir el discurso opositor centrado en el diagnóstico de una crisis que ya tomaba cuerpo. Aquel debate lo ganó la oposición, dejando al descubierto, en el mismo centro del poder, la situación del país y la falta de argumentos por parte del Gobierno. Sin embargo, hay que reconocer que Jorge Rodríguez intentó salvar la cara del chavismo-madurismo. El manual pudo haberle funcionado. Al menos funcionó allí, en la mesa de debate, insuflándole ánimos a la delegación gubernamental. Y tal vez el discurso tocara a la puerta de los millones de simpatizantes del Gobierno que seguían las incidencias en vivo en cadena nacional de radio y televisión. Y el “tal vez” no es un decir, pues “alucinación”, en cuanto concepto, encajaba más que bien en la erudición del siquiatra y menos en la realidad verdadera. De hecho, con el paso de los días y los meses la crisis se fue profundizando al punto que en diciembre de 2015, el Gobierno perdía las elecciones parlamentarias de forma estrepitosa. Ya el doctor Jorge Rodríguez había anticipado esa noche, abordando el punto de la economía, que la oposición no los iba a sacar “de nuestro modelo”. Y ratificó:

“No nos van a poder sacar de nuestro modelo”.

Y como persistieron en el modelo, la crisis se hizo más profunda y condujo a la hiperinflación, a la quiebra de PDVSA, a la destrucción del aparato productivo, a que el país se haya quedado sin reservas en dólares, a que haya escasez y hambre, muertes por falta de atención médica y medicinas, a que haya más inseguridad, más desempleo, y a que hoy los venezolanos huyan, sin esperanzas, a cualquier país que les dé cobijo y oportunidades.

Alucinando tres veces con Jorge Rodríguez

Hay que puntualizar que en esa jornada que se extendió más allá de la medianoche, el siquiatra Jorge Rodríguez se empeñaba en demostrar que el diagnóstico opositor estaba basado en mentiras flagrantes. Porque de ser cierto lo que afirmaban, había millones de venezolanos que alucinaban. Que veían lo que no existía para los ojos críticos de la oposición. Y aquellos que alucinaban, los seguidores del Gobierno, era como si vivieran en un mundo paralelo; el mundo paralelo de bondades y logros construido en 15 años de chavismo. Juego irónico del doctor Jorge Rodríguez que lo llevaba a exhortar a la dirigencia opositora a “reconocer que muchas de las cosas que dicen son simple y llanamente mentiras”. La verdad, según su parecer, era y sigue siendo otra. Y ¿cuál era la “realidad” del doctor Rodríguez? La misma que hoy pregona por el mundo. Y la misma que en 2008 le expuso a Enrique Krauze cuando este lo entrevistó para el libro El Poder y el Delirio. Es el mismo discurso. El de 2008, el de 2014 y el que expone ahora, en 2018; el que expuso en entrevistas a El País de Madrid y a la BBC de Londres. Por tanto, cabe preguntarse quién es el que no ve la realidad, inventa la realidad, miente, o ve lo que no existe. Resumiendo: los hechos confirman que es el doctor Jorge Rodríguez quien alucina. No el pueblo que sufre la crisis. Es él quien ve lo que no existe y no ha existido, y se niega a admitir el fracaso, la evidencia del fracaso de ese modelo que él se resiste a cambiar. “Bueno, estamos pasando por una crisis”, reconoce a El País, lo cual significa un avance en el análisis, pues antes había dicho que “no niego que tengamos dificultades”. Sin embargo, se entiende. El ministro de propaganda está para eso. Para vender lo que hay y no hay. En este contexto, vende lo que no hay. Porque lo que hay en realidad son las evidencias de la crisis y el fracaso. De modo que cuando habla de lo que verdad no existe, es el ministro el que alucina. Ha alucinado todo este tiempo. Una década. Y seguirá alucinando, pues a El País le declara que “el único capaz de sacar a Venezuela de esta crisis es Nicolás Maduro”. Lo mismo decían de Hugo Chávez. El único capaz de gobernar Venezuela y convertirla en un país potencia.

En el centro del poder de Nicolás Maduro

El ministro Jorge Rodríguez forma parte del grupo de civiles –Cilia Flores, Tareck El Aissami, Elías Jaua y Ricardo Menéndez, entre otros- que arropó a Nicolás Maduro durante la enfermedad de Hugo Chávez con el fin de empujarlo hacia la sucesión (Leer más: El Plan de Maduro y el grupo que lo respalda comenzó con la enfermedad de Hugo Chávez). El resultado está a la vista. Hoy conforman el grupo del poder. Además, la hermana del doctor Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez, es presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, entidad que no goza del reconocimiento de la comunidad internacional ni tampoco del Parlamento legítimo del país, controlado por la oposición. El doctor Jorge Rodríguez era miembro y vocero de la representación oficial en la mesa de diálogo con la oposición que no arribó a acuerdos. En su caso, dejó constancia de que posee arte para la negociación. Tal habilidad le es reconocida por opositores, oficialistas y mediadores. El doctor Jorge Rodríguez también es un elemento cercano a quien todavía es considerado segundo hombre del régimen, Diosdado Cabello. Con Chávez llegó a la Vicepresidencia Ejecutiva y antes fue presidente del Poder Electoral. Se le aprecia suelto. Dueño de sí mismo. Y ello tiene que ver con la misma supervivencia de Maduro en el Palacio de Miraflores y con el hecho de que él y su hermana se mueven en el entorno de mayor confianza del mandatario. Las fotos delatan a un doctor Rodríguez con mejor piel que la que mostraba en los últimos años de Chávez cuando lucía demacrado y enflaquecido. Ser correspondido en el poder tiene sus ventajas. Delcy, por su parte, había sufrido una suerte de ostracismo con Chávez. En el resumen de vida de la Wikipedia, el hermano le hace honor a la hermana señalándola como la primera mujer en ocupar el cargo de canciller. Purgados algunos enemigos internos –entre otros, el expresidente de PDVSA, Rafael Ramírez- el grupo madurista ha tomado confianza en el control del chavismo. Al doctor Rodríguez no hay que descartarlo en el futuro como figura presidenciable, tal vez midiéndose en comicios internos a Cabello, Jaua o Tarek William Saab, el fiscal general designado por la ANC que ha escarbado y sacado a flote la corrupción en PDVSA, una trama con alcance global. En el artículo de este domingo, Las caras de Judas, Rafael Ramírez lo retrata de esta manera: “Otro personaje declara, es de los que mejor resumen la cara de Judas, de cinismo, vanidad y deslealtad al chavismo. Lo notable es que este personaje en particular, que tanto daño le han hecho al chavismo, con una pésima gestión pública, hacen gala de la mayor prepotencia posible con sus poses de manipuladores, mienten descaradamente sobre la situación del país”. De alguna manera Ramírez dice que el siquiatra Rodríguez alucina, viendo lo que no existe y, de paso, vendiéndolo.

Alucinaciones y mentiras de un discurso

La noche del 10 de abril de 2014, Jorge Rodríguez juntó índice y pulgar de su mano derecha para precisar: “Vamos por reducción al absurdo”. O sea, vamos al grano. Al meollo. Y de allí partió. “Si es verdad lo que ustedes dicen, que ahora hay más hambre, más pobreza, que los jóvenes no tienen oportunidades”. Esa fue la primera frase alucinante. “Si es verdad”. Como si no lo fuera entonces, y como si la situación no hubiese empeorado. Y apuntó: “Supongamos que hay un grupo de venezolanos, un grupo un poco grande que oscila entre 7 y 9 millones de venezolanos que alucinan”. Es decir, que perciben algo que no existe. “Imaginemos que hay 7 millones de venezolanos que alucinan”. Por supuesto que hacía referencia a quienes votarían por el chavismo, que al cabo de un año serán menos y al cabo de más años, mucho menos. El argumento del doctor Jorge Rodríguez era –es- que son una alucinación “los 6.700 ambulatorios de Barrio Adentro 1” que atienden a la población más desfavorecida. “Supóngase que es una alucinación”. Supóngase, decía. Y el lector debe seguir los supuestos al pie de la letra y por los ejemplos decidirá quién alucinaba. “La FAO alucina con nosotros y se maravilla por el combate que ha tenido Venezuela en la lucha contra el hambre”. ¿No analizaba los porcentajes de escasez y desabastecimiento en 2014? Sigue el doctor Jorge Rodríguez: “Y el PNUD alucina con nosotros”. ¿De cuál desarrollo hablaba? Pero, como buen hablante y escribidor de cuentos, no se detenía: “Un señor que se llama Gini que yo no sé quién es, es un alucinador también. Alucinó. El índice alucinatorio de Gini que habla del progreso”. ¿Cuál progreso? Ya el PIB iba en declive en 2013, y Maduro prometía que se iba a recuperar en 2014, y no se recuperó en 2014, más bien volvió a caer tal como ocurrió en 2015, y 2016 y 2017, acumulando cuatro años de comportamiento negativo, y se estima que en 2018 sea -10%. Ya los servicios públicos estaban deteriorados. Crisis eléctrica. Crisis de servicio de agua potable. Crisis sanitaria. Hasta las telecomunicaciones –internet, telefonía celular, etc.- retrocedían. Y agregaba: “Es alucinante también 350.000 personas que estudian en la Misión Sucre”. Pero, ¿en qué proporción colapsaba el sistema educativo público y privado? “Hay muchísimos niños que alucinan con las canaimitas (ordenadores donados por el Gobierno). Eso es un progreso. Impresionante la tecnología y la ciencia que aun alucinando, estudian con sus cainamitas”. Los niños ya no pueden ir a la escuela. Por los costos del transporte y porque a los padres les falta el dinero para garantizarles el desayuno y la merienda. Y de las canaimitas, hay que decir que los padres las venden para buscar recursos y medio subsistir. “Los viejitos alucinan con las pensiones”. Y la hiperinflación –la más alta del mundo- se comió los salarios, los ingresos, las pensiones, al extremo que el Gobierno –porque no cambió el modelo- ha tenido que recurrir a quitarle ceros a la moneda (Leer más: Quitarle 3 ceros al bolívar no sirve de nada si se los vuelve a poner la infación). Cuando el doctor Jorge Rodríguez intentaba enredar con el juego de la alucinación, la inflación se había montado en más de 56% y en 2013 ya era la más alta de América Latina. Venezuela es el único país OPEP con crisis semejante. Pero el doctor Jorge Rodríguez no veía la realidad. Veía lo que no existía. O veía viejos informes de la FAO, y oía –deliraba- las remotas peroratas de Hugo Chávez y de su ministro de Economía, Jorge Giordani –purgado por Maduro- en las que citaban el tal índice Gini. Alucinaba.

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