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Earle Herrera: Mamadera de sanciones

Lo de las sanciones contra Venezuela se ha convertido en una mamadera de…gallo, en el sentido vernáculo de la expresión una tarde de bolas criollas. La banalización de la cosa (vulgo: choteo) la empezó EEUU, al extender la jurisdicción de su acomplejado destino manifiesto al derecho de sancionar a todo el mundo por cualquier mala noche del presidente de turno, su consorte o de ambos.

De gran hermano los yanquis pasaron a policía del mundo y de allí a fiscal y juez al mismo tiempo. Empezaron imponiendo castigo a naciones pequeñas, por ellos apostrofadas “repúblicas bananeras”. Después dilataron su radio de acción e inventaron vainas como “estados fallidos”, “forajidos” o “narcoestados”. Roma, menos retórica, los envolvió a todos en un solo vocablo: “Bárbaros”. El imperio yanqui gusta de las barbaridades. Pregúntenle a Libia, Irak, Siria, Afganistán o al despojado vecino que está “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Esa arrogancia de sancionar a todo el mundo a cada rato, de certificar a diestra y siniestra por cualquier cosa, de dar y quitar carta de buena conducta, convirtió las sanciones en una joda imperial sin la menor seriedad. Tanto, que ya nadie le para ni esto. Pero como todo lo que viene de la casa matriz se imita, a los perritos del imperio les dio por meterse a sancionadores. Y la moda hoy, lo que da nota ante el amo, es sancionar a Venezuela.

Un paraíso fiscal como Panamá decidió aplicar sanciones fiscales. ¡Mira tú! Otro paraíso fiscal, pero nórdico y blanco, Suiza, gran lavadora de la corrupción planetaria, hizo lo propio. La vaina alcanzó ribetes cómicos y epidémicos cuando hasta la pequeña República Corporativa de Guyana amenazó con sancionar a Venezuela si no se deja quitar el Esequibo. Aquí si fue verdad que la puerca torció el rabo.

Que Guyana se infle y erija “sancionadora” no es lo cumbre, sino que derecha y medios venezolanos celebren la ocurrencia como un ultimátum que pondría a Caracas de rodillas. Esto da la justa dimensión de la oposición que tenemos, esa que después de dar varias vueltas por el mundo buscando a un invasor, cree haberlo encontrado en el gobierno de la ex colonia británica que, Exxon Mobil mediante, usurpa el Esequibo, justo por donde sale nuestro sol, eh.

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