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Dolarización en el centro del debate

Francisco Rodríguez, Víctor Álvarez, Oscar Morales y Hugo Cabeza

¿Cuán viable es la propuesta en un contexto de cuatro años de recesión, una hiperinflación que “devora” todo a su paso, apenas $10 mil millones en reservas internacionales, un aparato productivo reducido a escombros y una economía altamente especulativo?

Como nunca el tema de la dolarización está sobre la mesa del venezolano en estos días. De facto, porque no hay precio en este país que no esté calculado por el mercado negro de divisas; y ahora por primera vez, el tema entra en la carrera por Miraflores, con la propuesta de Henri Falcón de dolarizar los salarios.

Semejante plan no es indiferente para nadie, pero cuán viable es en una economía que lleva cuatro años en recesión, una hiperinflación que “devora” todo a su paso, apenas $10 mil millones en reservas internacionales, un aparato productivo reducido a escombros y una economía altamente especulativo.

El padre de la criatura (idea de la dolarización), el economista Francisco Rodríguez advierte que su plan es el camino más expedito para derrotar la hiperinflación.

“Se cambian todos los depósitos y el dinero que hay en circulación en la economía a dólares a una tasa de cambio que, si implementáramos el programa hoy, estaría aproximadamente a Bs. 70.000 por dólar (…) La idea es ofrecerle a los venezolanos una tasa muy favorable, en comparación con el paralelo, hemos hecho los cálculos y hay más que suficientes reservas internacionales para hacer esa conversión”, explica el economista, exhombre fuerte de la firma Torino Capital LLC, pero que ahora asesora a Falcón en la materia.

Rodríguez plantea un modelo como el panameño (balboa-dólar), donde el bolívar pueda cohabitar con los “verdes”, aunque, claramente, la moneda más fuerte termina imponiendo su ley.

Otro defensor de la tesis es el experto Steve Hanke,  uno de los economistas más influyentes del mundo, quien hace poco más de un año planteó la fórmula de dolarizar la economía venezolana como receta ante la hiperinflación.

“Ahora mismo ustedes (Venezuela) están dolarizados no oficialmente. dolarizar será un proceso exitoso, siempre lo es. Hay 33 países dolarizados en el mundo y a todos les va muy bien. La transición no sería fuerte para los venezolanos, sería estupenda. Quien haga la dolarización será un héroe”, agrega.

Hanke coincide con Rodríguez en que “se puede mantener el Bolívar con una junta monetaria con un canje similar al dólar o el camino de la libre convertibilidad”.

La propuesta de dolarizar o no la economía es el eje central de la campaña, tanto, que ya Datanálisis cifró en 62% el porcentaje de la población que la respalda, según un sondeo.

Desde el Ejecutivo, el presidente Nicolás Maduro le ha salido al paso a la tesis defendiendo el bolívar en un plano más emocional. “Por ahí anda un candidato diciendo que él va a imponer el dólar como la moneda nacional. Es el Bolívar la moneda de la República y así seguirá siendo llueve, truene o relampaguee”, opinó.

Con argumentos más en el plano de lo económico, el profesor de economía de LUZ, Rodrigo Cabezas interviene en contra de la propuesta. “Estoy en radical desacuerdo con la dolarización, no sólo porque mutila a la República de la posibilidad de usar la política monetaria y subordinarnos al departamento del tesoro norteamericano, sino porque liquida todo sueño industrializador de Venezuela, y esto es capital cuando pensamos en los próximos 10 o 15 años de la economía”, dijo.

El economista Víctor Álvarez coincide con Cabezas en esta idea y agrega en su artículo Ventajas y desventajas de la dolarización: “Cuando un país subdesarrollado, con una baja productividad, adopta la moneda de una potencia económica que lo supera ampliamente en niveles de productividad, difícilmente la producción agrícola o industrial del país dolarizado podrá competir internacionalmente. Al igual que Ecuador, Venezuela es un país petrolero. Y al dolarizarse, pierden su capacidad de ajustar el tipo de cambio para respaldar la competitividad de las exportaciones no petroleras”.

Aunque el economista Álvarez reconoce que “en el corto plazo, el beneficio de dolarizar es que se frenaría en seco la hiperinflación. Ecuador sufrió inflaciones de dos dígitos a lo largo de veinte años, pero a partir de la dolarización en el año 2000, el promedio de inflación apenas llega a 3,8 %”.

El economista zuliano Oscar Morales advierte que “el BCV sólo tiene reservas líquidas cercanas a  mil millones de dólares. Actualmente, el país no tiene combustible para generar los 35-40 mil millones de dólares anuales que se estiman para llevar a cabo esta propuesta”.

En este sentido, Morales refiere los “costos” de un proceso de dolarización.  “Con ella la reducción de la economía sería impresionante. Por ejemplo, pasaríamos a tener un sistema financiero que sería el 1% de Colombia. Quedaríamos minúsculos. Tendríamos unos salarios por debajo de los 20 dólares hasta que la economía vaya paulatinamente siendo más competitiva. (…) La dolarización no viene sola, ni tampoco es magia. Para que sea efectiva debe venir acompañada de grandes reformas y acuerdos nacionales, y en nuestro país consensuar mínimos asuntos nos da alergia”.

 

En el plano político de la propuesta, Rodrigo Cabezas estima: “No me parece adecuado colocarlo como oferta electoral ya que se malinterpreta y distrae el verdadero y acuciante debate que debe dar la nación para dotarse consensualmente del plan macroeconómico de estabilización y anti hiperinflacionario”.

En medio de la dificultad de poner de acuerdo a los economistas, en lo que sí están en sintonía las fuentes consultadas, y cualquiera que repete la ciencia económica es que el control de cambio dejó de ser útil para la productividad del país, hace ya varios años, su continuidad no hace sino agravar lo que queda en pie de la economía venezolana.

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