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Rafael Simón Jiménez: Votar o no hacer nada

 

La posibilidad de que la ruina económica y la tragedia social propiciada por este depredador régimen, pueda prolongarse durante seis años más se constituye en el mayor peligro que asecha el futuro de los venezolanos. La derrota y salida del gobierno de Nicolás Maduro, no es un tema de política, sino de sobrevivencia para los venezolanos, hay que pensar en los miles de venezolanos que morirían por falta de comida o medicinas, o los millones de familia que seguirían desintegrándose tras la indetenible diáspora que hace que un número cada vez mayor de compatriotas crucen diariamente  desesperados las fronteras de los países vecinos.

La responsabilidad de lograr por vías  democráticas un cambio de gobierno, debería recaer lógicamente en el liderazgo político del país. Resultaría inentendible que un gobierno que acumula niveles de rechazo e impopularidad superiores al ochenta por ciento, y un presidente al que casi la unanimidad de los venezolanos le atribuyen la culpa de su caótica situación, pudieran tener la más remota posibilidad de imponerse en unas elecciones, donde debería expresarse con contundencia esa mayoría que clama por un cambio urgente en la actual situación.

Todos los venezolanos, sabemos que nos confrontamos con un gobierno inescrupuloso, ventajista y tramposo, capaz de utilizar todas las artimañas para aferrarse al poder. Es verdad también que el sistema electoral venezolano y particularmente el árbitro electoral carece de la imparcialidad, credibilidad y confianza, que debe y tiene que  merecer; ese ha sido el contexto impuesto desde el año 1.999 con la llegada de Hugo Chávez al poder, y ha sido la situación con la que ha tenido que bregarse en todas las contiendas electorales. Sin embargo fue con ese sistema y ese arbitro con el que las fuerzas del cambio infringieron a Chávez una dolorosa derrota comicial,  cuando en diciembre de 2.007 en la cúspide de su poder político y económico, pretendió modificar la constitución, y fue con ese mismo sistema, que el gobierno fue derrotado amplia y aplastantemente en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2.015, lo cual solo sirve para corroborar lo que es evidente: que frente a una solida mayoría política, social y electoral, no hay marramuncia que valga.

A propósito de las elecciones de Gobernadores del pasado 2.017 y de sus conocidos resultados, el liderazgo opositor ocultando las verdaderas causas del traspié electoral, levanto como un dogma de fe el tema de las llamadas “condiciones electorales “ que han servido solo para sumir a sus partidos más importantes en la esterilidad del abstencionismo desmovilizador. No se trata de no levantar con fuerza y altisonancia la exigencia de transparencia, igualdad de oportunidades, y equidad que ordena nuestra constitución, ni de renunciar a denunciar todo tipo de abusos de poder, ventajismo y vagabunderías tan propios de este impúdico régimen, de lo que se trata es de ser consecuente con el camino democrático, electoral, pacifico y constitucional enarbolado por la MUD y de hacer precisamente de la participación y la organización electoral el mejor vehículo para desenmascarar y confrontar las perversiones del CNE.

Un análisis sencillo de los resultados electorales regionales, desmiente de plano el argumento esgrimido por los partidos de la MUD, de  que fue la falta de “condiciones “el factor fundamental para haber estado muy por debajo de sus objetivos electorales. La propia realidad de los espacios geográficos conquistados lo desmiente: Si fuera verdad que la ausencia de “condiciones “opero como factor decisivo en nuestra contra, como es que logramos ganar en importantísimos estados como el Zulia (luego sacrificado en un monumento a la estupidez política) O entidades con ubicación estratégica como Táchira y Bolívar (este último, si arrebatado a la brava)y los no menos importantes Mérida, Anzoátegui y Nueva Esparta .Si diéramos por bueno el pueril y fabricado argumento tendríamos que concluir absurdamente que en unos estados hubo “condiciones “ y en otros NO.

La Verdad tiene tamaño monumental, inocultable e incontrovertible. Donde los partidos de la MUD seleccionaron los mejores candidatos, donde se trabajo en Barrios, caseríos y comunidades, donde se organizo eficientemente la maquinaria para la defensa del voto, donde se motivo y movilizo a los electores la victoria se produjo arrollando las trampas y zancadillas del gobierno. Donde fueron desatendidas las mesas de votación (40% del padrón electoral total) donde los candidatos fueron electos en traumáticos procesos que dejaron heridas difíciles de sanar, donde los partidos “se las echaron al hombro” , donde se perdió tiempo en disputas subalternas y peleas tobilleras, por supuesto que las triquiñuelas oficialistas impusieron su diabólico escamoteo.

A partir del no reconocimiento de sus errores, equivocaciones y dislates, la MUD rodo por el peor de los desfiladeros, el de tener que desandar el suicida camino de la abstención que ya entre 2.002 y 2.004 la había prácticamente extinguido y que tanto esfuerzos costo reconstruir y recomponer hasta llegar a la clamorosa victoria de diciembre de 2.015. La vía electoral, pacífica y democrática que prácticamente había arrinconado al gobierno, fue sustituida tras falsos argumentos  que solo pretendía esconder los gravísimos errores que por precipitación, ambiciones y atajos se habían cometido, por una confusa, galimatica e incomprensible política de “votar sí, pero con condiciones”, que en la práctica solo puede traducirse en la desmovilización, la pasividad y la resignación a seis años mas de este inaguantable gobierno.

El dilema entonces que se le plantea a los venezolanos termina en una disyuntiva muy sencilla: o salir a votar para expresar toda la rabia, el repudio y rechazo a un gobierno cuya prolongación significaría un autentico genocidio contra su propio pueblo, o quedarnos en nuestras casas rumiando nuestra rabia, catalizando nuestras penurias, llorando la desintegración de nuestras familias, y por supuesto bajo el influjo prestidigitador de una dirigencia opositora descarriada soñando con supuestas intervenciones humanitarias o con un golpe de estado “bueno “ que al estilo del “chapulín colorado “ venga a salvarnos.

Votar es el único instrumento que tiene a la mano un pueblo que expresa en su inmensa mayoría un deseo inequívoco de salir de este gobierno depredador y ruinoso. Votar con una fuerza indetenible que haga nugatorio e imposible cualquier trampa. Es eso o quedarnos en nuestras casas rumiando nuestra impotencia y dolor. Y concluyo entonces invocando una frase que ha popularizado mi distinguido y talentoso amigo Eduardo Fernández: Entre Votar o No votar, voy a votar. Entre Maduro y Falcón votare sin dudas por Falcón.

 

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Nelson

Me parece un excelente artículo al cual nos tiene acostumbrado el brillante expositor e historiador Rafael Simóin Jiménez. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi incomodidad con una de las últimas frases al decir que entre Maduro y Falcón me quedo con Falcón, pues somos los muchos que contrariamos al CNE cuando por maniobras chanchulleras o no, nos dejan a una buena cantidad de electores en la incertidumbre de votar solo por el que esperamos para catalogarlo como el menos malo; es decir: vemos con estupor que no tenemos esperanza de votar por quienes pudieran llenar las expectativas de… Leer más »

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