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Pastor Heydra: El gran aislamiento.

En la historia republicana, tómese 1811 o 1830, nunca se había padecido un proceso de aislamiento internacional como el que vive el gobierno de Nicolás Maduro, el cual, por su caótica praxis, tiende a profundizarse. Quizá el único antecedente, fue el bloqueo en tiempos de Cipriano Castro 1902-1903. Un incidente financiero en que las marinas de guerra de la gran Bretaña, Alemania  e Italia ​traspasaron las costas y puertos de Venezuela, exigiendo el pago inmediato de las deudas contraídas por el gobierno a las compañías de sus connacionales. Pero hasta allí llegó la cosa, la mediación de los EE. UU resolvieron el impasse.

De allí que Lula da Silva, días antes de ser enjuiciado y ser internado en la cárcel de Curitiba, en declaración a AFP le enviase un mensaje preciso y angustiado a su antiguo pupilo NM: “no aísles a Venezuela”, el cual no quiso ser escuchado por su destinatario.

¿Pero con quién y cómo se resuelve este desaguisado, en el cual la administración Maduro ha embestido contra todo aquello que le huela a crítica, llámese la alemana Merkel, el francés Macron, el español Rajoy, la UE, la OEA, el estadounidense Obama o Trump, el colombiano Santos o Uribe, el panameño Varela, el argentino Macri o el chileno Piñera? ¿Cómo hacer cuando NM vuelca sus armas contra la VIII Cumbre de las Américas que se celebra en Lima, solo con los tristes y melancólicos cañones de Cuba y Bolivia a su favor; ya que Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía, avalados por Barbados, Canadá, Estados Unidos, Granada, y Jamaica, la mayoría de la OEA y  de la Unión Europea, han dicho que rechazan su presencia en ese foro por atentar contra los principios democráticos; uso de la violencia e irrespeto de DD.HH?

La respuesta es de perogrullo, una cosa tan sabida o a una verdad tan evidente que es tonto decirla, pero ella le corresponde a Maduro. El ha dicho que la Cumbre de Perú no es su prioridad, salvándose de la suerte de acudir a esa cita, como se lo propuso, pero queda una asignatura pendiente: la mayorá de los países de dos continentes no reconocerán el régimen que surja de las elecciones del 20 de abril, convocadas con todos los hierros.

¿Qué significa esto? ¿Maduro será desconocido como presidente el 21 de abril, o en enero cuando deba reanudar sus funciones en una nueva magistratura? ¿Qué hará Canadá, Panamá, la cumbre de Lima? ¿Y los Estados Unidos que afirmó: “Aplaudimos el anuncio de Panamá del 27 de marzo en el sentido que hará más estricta la supervisión financiera de 55 venezolanos y 16 entidades venezolanas, y apoyará otros esfuerzos en la región para luchar contra el abuso de los sistemas financieros por parte de actores corruptos”?  ¿Negociará en los términos propuestos por el ex presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero o irá a la confrontación final? Un dilema ante el cual se encuentra Venezuela, y sobre todo su gobierno. Un capítulo que se cerrará con la quincena que puede marcar un después y un ahora.

Serán días para la observación de los movimientos diplomáticos que marcarán, al menos, el futuro del continente.

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