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Ramón Guillermo Aveledo: Zapatero

En días recientes ha estado de nuevo en Caracas el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Todo indica que busca ser o será observador electoral quien hizo de facilitador en el lamentablemente fracasado diálogo en Dominicana. Y digo lamentablemente, porque si hubiera dado resultado, la política habría encaminado a nuestro país hacia la normalización institucional que permitiera resolver nuestros gravísimos problemas.

Lo del 20 de mayo no pasa de un dudoso simulacro electoral y así se ha calificado en el mundo. Fuera de los decididos a participar, no tuvo el político español contacto con alguien fuera del gobierno con el cual se alineó, dijo el pasado 9 de febrero el periódico madrileño El País, de tendencia ideológicamente afín a la suya, con una “falta de imparcialidad especialmente escandalosa”.

Zapatero fue útil al gobierno venezolano, ya no lo es. Pudo haberlo sido al pueblo venezolano, y no lo fue. Inicialmente, sus gestiones tuvieron apoyo de la Unión Europea, los Estados Unidos, incluso el Vaticano y el gobierno español, esa fue su máximo valor para el interés oficial y, de haber sido responsable y sincero, su oportunidad. Pero de tal modo se puso al lado de los intereses de Nicolás Maduro y de un gobierno que nunca demostró interés real en que la negociación progresara sustantivamente que esta se desprestigió y acabó en una calle ciega, como había predicho su propio compañero de partido y antecesor en Moncloa, Felipe González, quien ha confesado que no “ha podido hablar media hora” con él acerca del tema venezolano, materia que demostradamente conoce y comprende este líder que, como se sabe, ha tenido además una excelente relación con Cuba y los hermanos Castro, dato más que importante cuando del régimen venezolano se trata.

Para los venezolanos, objetivamente, no hubo ganancia en la “mediación” de Zapatero. Ni en lo institucional ni en lo político, ni en las condiciones para la reconciliación, mucho menos en las angustiosas penurias que se agravan. Poco de que enorgullecerse y más bien, mucho de qué avergonzarse, pero con los elementos de juicio disponibles me parece que no es el caso. Aún si mal disimule, el servilismo, al final, no sirve ni a quien pretende servir.

La crisis venezolana se prolonga y se complica. Nada resolverán unas falsas elecciones cuyo desenlace está cantado. Al contrario. Necesitamos ayuda de verdad. Imparcial, efectiva, pensando en los venezolanos y no en algún interés.

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