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Thays Peñalver: Tercer error de Maduro, según los Castro

(Como señaló mi hermano Fidel cuando se acabó la magia soviética) Mucha gente no entiende que el Estado Socialista puede dar lo que no tiene y mucho menos va a tener si no se produce; si se está dando dinero sin respaldo productivo”. (Yo pienso lo mismo) “Si el salario crece más rápido que la producción de bienes y servicios, los efectos para la economía y el pueblo serían fatales, ello equivaldría a comernos el futuro (…) y engendrar inestabilidad en la sociedad cubana a causa de una inflación galopante, que destruiría la capacidad adquisitiva del salario y las pensiones”.

“Tengamos presente el principio esencial de que para distribuir riqueza, primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad”. (Y eso) “… debe quedar bien claro. Que no se puede distribuir una riqueza que no hemos sido capaces de crear, hacerlo conllevaría serias consecuencias para la economía nacional y de cada ciudadano. Soltar dinero a las calles sin un incremento correspondiente de las ofertas de bienes y servicios generaría inflación, fenómeno que entre muchos otros efectos nocivos reduciría la capacidad adquisitiva de los salarios y de las pensiones, golpeando en primer lugar a los más humildes. Y eso no lo podemos permitir”.

(Se lo digo más claro a los pseudorevolucionarios) “Sería irresponsable y con efectos contraproducentes disponer un aumento generalizado de los salarios (…) ya que lo único que causaría es una espiral inflacionaria en los precios, de no estar debidamente respaldado por un incremento suficiente de la oferta de bienes y servicios. Hacer eso parecería fácil (…) es la fórmula neoliberal que se ha aplicado en varias regiones del mundo para preservar y multiplicar la fortuna de los más ricos y condenar a la marginalidad a millones de habitantes del planeta”.

(Pero no es de eso de lo que vengo a hablar hoy, sino de algo que también aprendimos muy tarde, cuando un día Fidel me dijo) ¿Estamos haciendo el socialismo? Porque a fuerza de sincero (…) se trabaja poco, se trabaja menos. (Por eso) “Perdonen la crudeza de mis palabras (pero) Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es igualitarismo. Este, en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún por el vago”.

Por eso (Lo aprendimos demasiado tarde 2006) “es necesario cambiar la mentalidad de todos los compatriotas. Se trata de transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del Socialismo, muy enraizados en amplios sectores de la población durante años (…) muchos cubanos confundimos el socialismo con las gratuidades y subsidios, la igualdad con el igualitarismo.”

(Y les pongo un ejemplo) “No pocos identificamos la (Caja Clap*) como un logro social (…) estoy convencido de que varios de los problemas que hoy afrontamos tienen su origen en esta medida de distribución, que si bien estuvo animada en su momento por el sano empeño de asegurar al pueblo un abastecimiento estable (…) constituye una expresión manifiesta de igualitarismo, que  beneficia lo mismo a los que trabajan y a aquellos que no lo hacen o que no la necesitan y genera prácticas de trueque y reventa en el mercado sumergido, etc, etc.

“La única solución (…) guarda estrecha relación con el fortalecimiento del papel del salario en la sociedad y ello sólo será posible, si a la par de reducir gratuidades y subsidios, elevamos la productividad del trabajo y la oferta de productos a la población. (…) si disminuimos las plantillas infladas, (protegemos) el sistema salarial, los precios minoristas, (y abandonamos) los millonarios subsidios. (…) (La Caja Clap) En las actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e insostenibles (…) eso no es socialismo”.

(Pero como bien dice mi ministro de planificación, la Caja Clap) no solo es irracional por el precio subsidiado (…) no se trata de un precio más caro o más barato, todo lo que esté normado es complicado. Cuando usted norma algo lo tiene que poner todos los días, y si es barato la gente se lo lleva para la casa, aunque no le haga falta, eso es una realidad, porque me toca. (…) es irracional también por el propio mecanismo de distribución (…) nadie tiene idea de lo que significa esa logística y el gasto irracional de transportación y todo (por eso) hay que caminar en la eliminación de las dos cosas. (Por eso) “El igualitarismo hay que desaparecerlo…, el nivel de vida dependerá del trabajo aportado por cada uno, porque tiene que ser la principal fuente de ingreso, y hoy (en 2010) no lo es”.

(Y yo lo repito aún más fuerte, la Caja Clap), si bien fue introducida con una vocación igualitaria en momentos de escasez (…) se ha venido convirtiendo, con el decursar de los años, en una carga insoportable para la economía (pero peor aún) en un desestimulo al trabajo, además de generar ilegalidades diversas en la sociedad”. (Por eso mi Ministro de Planificación lo ha repetido hasta el cansancio) “hay que suprimir las gratuidades indebidas y los subsidios excesivos; descargar al Estado de actividades que no le corresponden; reducir las plantillas infladas e incrementar la productividad del trabajo”.

(La única verdad es que) “Tenemos que darle el verdadero valor al trabajo, y podemos quedarnos roncos hablando y predicando ese concepto, que si no tomamos las medidas para que las personas sientan la necesidad vital de trabajar para satisfacer sus necesidades, no acabaremos de salir de este bache (…) Pero si queremos equilibrar los salarios en el justo papel que deben desempeñar, hay que eliminar gratuidades indebidas, que fueron surgiendo por aquí y por allá y subsidios excesivos”.

(Y hay que llevarlas al modelo venezolano antes de Chávez) “las gratuidades deben limitarse estrictamente a asegurar a todos los ciudadanos por igual cuestiones vitales como la educación, la salud y la seguridad y asistencia social, junto a la cultura y el deporte”. (Pero para ello debemos lograr primero) “que todos los ciudadanos aptos se sientan incentivados a trabajar legalmente a partir de restablecer la vigencia de la ley de distribución socialista, “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, lo que propiciará terminar con la injusta “pirámide invertida”, o lo que es lo mismo, a mayor responsabilidad, menor retribución (…) la pirámide invertida no permite retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad y complejidad y que el nivel de vida se corresponda con los ingresos legales de los ciudadanos, generando desmotivación de la fuerza laboral”.

(Porque todas esas gratuidades afectaron el salario y) “el salario aún es claramente insuficiente para satisfacer todas las necesidades, por lo que prácticamente dejó de cumplir su papel (y) Ello favoreció manifestaciones de indisciplina social y tolerancia que una vez entronizadas resulta difícil erradicar, incluso cuando desaparecen las causas objetivas que las engendran”.

Fin de las citas de Fidel y Raúl Castro

Como también lo dijo Fidel Castro sangrando por la herida, el problema cubano fue “que todo llegaba hecho” (de Rusia) y demostraron que no sabían (…) nadie lo sabía (…) fueron años perdidos” y si no llegaba hecho “por los campeones olímpicos del socialismo” la mayoría de los otros errores cometidos fue porque “copiamos experiencias negativas de los países socialistas (y encima) los copiamos de una manera incorrecta” (que) ¿De dónde sacamos esa basura?, La copiamos, a decir verdad” dijo Fidel.

Si, los cubanos aprendieron tarde que eran una mala copia de un modelo que nadie sabía construir. Allí llegó Hugo Chávez a copiarse nada menos que de un experimento fallido, haciendo que Venezuela terminara pareciendo uno de esos duplicados baratos que hacen en China, un juguete de esos que caen de las piñatas que son plástico de desecho, algo muy mediocre y sin calidad. Algo muy parecido a él, por cierto.

Hugo Chávez creyó que copiando el igualitarismo y el plantillismo, y que los subsidios masivos sin producir riqueza, eran la gran fórmula para construir el socialismo. Creyó, en su minúsculo universo, que desestimulando el hábito al trabajo (que él nunca cultivó) y organizando a las masas para recibir gratuidades indebidas, eran la fórmula del progreso socialista, pero sobre todo para mantenerse en el poder. Irresponsablemente, amplió y sembró la locura a niveles cercanos a lo inaudito. Millones de venezolanos dejaron de trabajar o abandonaron sus puestos de trabajo y se fueron detrás de Chávez gritando sus consignas y así recibir cosas gratis. Y cuando cayeron los precios del petróleo, lo que quedó fue la simple verdad. Millones de pobres sin trabajo y sin futuro. Y Venezuela arruinada.

Poco antes de su muerte debió ser el momento para volcarse a la revisión de los errores y a la reorganización del despelote chavista. Pero en vez de hacer un programa de revisión como el cubano, decidieron multiplicar las gratuidades, solo que sostenidas de forma incendiaria “soltando dinero a las calles sin respaldo” y causando el mayor daño en la economía, que alguna  nación Latinoamérica hubiera vivido alguna vez. Pero quizás lo peor, es que educó a toda una generación nueva, incluidos a muchos políticos de la oposición que hoy proponen idioteces temerarias para atraer a los votantes, en vez de educarlos de una buena vez y por todas, demostrando que el chavismo es en realidad un estado de ánimo tropical, una quimera siempre presente en el tercer mundo, que al gritar a los cuatro vientos que no hay que esforzarse, millones se incorporan al modelo parasitario.

Al día de hoy solo podemos concluir que el chavismo no fue sino otro experimento sensacionalista más, (digo fue porque ya no existe, desapareció el día que el propio Chávez fue enterrado) un terrible y grotesco experimento que vendió que el progreso se puede alcanzar robando los dineros públicos y sin trabajar. Y el problema -aunque esto suene nefasto decirlo o cercano a lo vomitivo- es que ni siquiera hay un Raúl Castro en el chavismo que diga: “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras”.  Y no lo habrá, porque lo que hoy queda de aquello que acompañó al más irresponsable de los presidentes que ha tenido Venezuela, es una jauría suicida conformada por personajes que encarnan al mismo Chávez, pero acorralado, sancionado y condenado por el mundo moderno.

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