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Alberto Mansueti: Infalible remedio contra la corrupción

La “histeria anticorrupción” es uno de los peores problemas cognitivos de nuestra América Latina. Las izquierdas han sido exitosas en sembrar confusiones; y la gente cree, errada pero tercamente, que no hay tiza en las escuelas fiscales, ni gasa en los hospitales públicos, por causa de “la corrupción”. Y que la solución es “meter presos a los corruptos”.

La corrupción es apenas un síntoma; el mal es el estatismo. Y el único e infalible remedio contra el estatismo es el libre mercado. Pero la gente desconfía, y nos pregunta: “¿Y cuáles países desechan el estatismo y aplican libre mercado?” Respuesta: los “leones africanos”, países de África subsahariana, como Ruanda y Botswana, que hicieron y siguen haciendo reformas de fondo y cambian el sistema.

“Transparencia Internacional”, organización mundial con sede en Berlín, publica cada año un “Índice de corrupción percibida”, que ranquea unos 175 países, en una escala gradual que parte de “0”. Menos puntaje es que no hay transparencia: se ve mucha corrupción; más alta nota es que se percibe menos corrupción: llega hasta “100”. Recientemente los “leones africanos” han acrecentado (mejorado) su puntuación, y andan por la mitad de la escala, con puntajes entre 40 y 60. Y avanzando.

Al mismo tiempo, fuentes que miden otros aspectos, como crecimiento económico, reducción de la pobreza, alfabetismo, salud física y mental, menos violencia y más estabilidad política, observan que los “leones” también progresan en estas otras variables; así que sin duda están asociadas. ¿Y cómo se relacionan? Es obvio que el capitalismo pone remedio a muchos males de las naciones; pero son las reformas políticas, desde los ’90, las que producen cambios económicos, educativos y culturales.

Libre mercado y corrupción se relacionan inversamente: a más libre mercado, menos corrupción. ¿Explicaciones? En un libro del Prof. John Mukum Mbaku, de la Universidad Weber, mormona. Se titula Corruption in Africa: Causes, Consequences, and Cleanups. (O sea “causas, consecuencias y limpiezas”); está en “Amazon”. El Dr. Mbaku trabaja el tema y publica desde hace años; por eso le conocen los líderes de los “leones”, que no son perezosos para leer, como los latinoamericanos.

El Prefacio dice que la corrupción ha existido siempre y desde tiempos inmemoriales en todo el mundo, pero en EE.UU. llamó la atención desde el 11 de septiembre, porque los terroristas pagaron sobornos para tener sus papeles y hacer transacciones financieras en ese país. Y en África, porque su abundancia de oro, diamantes, cobre, uranio, petróleo y otros recursos naturales en las manos del Estado, ha sido una fuente de corrupción.

(1) El Capítulo 1 explica que la corrupción resulta de un Estado “débil pero no limitado”; es decir: obeso pero no fuerte. El Estado debe ser sólo para mantener la ley y el orden, y ofertar bienes públicos, pero los pasados gobiernos socialistas en África no han cumplido su tarea.

(2) El Capítulo 2 distingue entre corrupción burocrática y política. Define la primera como el “uso indebido de cargos públicos para beneficio privado”, y la segunda como el “uso de leyes e instituciones para construir partidos y ayudar a ciertos políticos a hacerse jefes autocráticos”. Por otro lado hay dos niveles: “gran corrupción” de altos funcionarios, grandes sumas de dinero; y la “baja corrupción”, de empleados inferiores y cantidades menores, p. ejs. lo que se paga para conseguir una cama en un hospital estatal, o una beca o un cupo en una entidad educativa del Estado.

(3) El Capítulo 3, “Corrupción en África”, describe lo que llama “la futilidad de las limpiezas”. Los esfuerzos contra la corrupción han fracasado porque las oficinas y los tribunales del Estado están todos manchados con corrupción; así que es como pretender hacer limpieza con un trapo sucio: es imposible, es ridículo. Se ilustra con casos en Nigeria, Ghana, Zaire y Camerún por ejemplos.

(4) El Capítulo 4, “El impacto de la corrupción en las economías africanas”, explica cómo la corrupción a veces tiene efectos positivos; y esa es una de las razones de su permanencia: sin pagar coimas para conseguir o renovar licencias, es imposible operar a las entidades privadas. Los efectos negativos: los costos de los bienes y servicios privados se encarecen indebidamente; la financiación de los servicios públicos depende de la acción privada; se crea desconfianza en el gobierno; se desperdicia el capital humano; el servicio civil es ineficaz; la inversión extranjera no llega; la falta de respeto por la ley se generaliza; y los pobres pagan más sobornos que los ricos, proporcionalmente hablando.

(5) El Capítulo 5, sobre “La Dimensión Internacional”, alude a la actitud de las burocracias mundiales para descalificar o “descertificar” a los gobiernos corruptos; lo único que logran, no es que sean más honestos, sino que sean más disimulados, taimados e hipócritas. Hay muchos ejemplos.

(6) El Capítulo 6, trata las “limpiezas”. Descarta como inútiles los enfoques “moral y cultural” y el tratamiento “legal”. Es simple: hay corrupción porque estando cerrados los mercados, es la única vía abierta para sobrevivir, para prosperar, y para hacer riqueza. El único remedio es abrir los mercados, todos, pero eso se hace desde la política. “La política primero”, decía el francés Charles Maurras.

(7) El Capítulo 7 aplica “Elección pública” (Public Choice Analisys); trata los “incentivos” perversos. ¿Queremos “principios y valores”? Simple: cambiemos de lugar las recompensas y castigos, cuando están al revés: zanahorias y garrotes son para las buenas y malas conductas, respectivamente.

(8) El Capítulo 8, “Papel de las instituciones”, distingue reglas escritas y no escritas, como la Escuela Neo Institucionalista (Douglass North); y recomienda la descentralización, urgente: federalismo y autonomía municipal, en el marco teórico de una “subsidiariedad” estatal propiamente entendida.

Los Capítulos finales, 9 a 12, tratan muchos puntos clave, pero ya se me acaba el espacio. Apuntan a la razón por la que no debe atribuirse al “sector público” aquello que los sectores privados pueden hacer mucho mejor en economía y finanzas, en educación y salud, en las jubilaciones y pensiones, así como en el deporte, la cultura, la ciencia y las bellas artes.

¿Cuál es? Que los privados tienen cuadros de ganancias y pérdidas, flujos de entrada y salida de dinero, estados financieros de activos y pasivos; son como los instrumentos de navegación, que les dejan saber si van bien o no, cuándo corregir y cómo. Las oficinas que dependen de los Gobiernos no tienen estos mapas, brújulas y compases.

Compre el libro: “Corruption in Africa”; ¡no tiene desperdicio!

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