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Alfredo Monsalve López: El cenáculo de Maduro y la paz de la República

Todos queremos paz. En eso andamos desde hace rato. Desde tiempos remotos se comenta, como una esperanza ineludible: “después de la tormenta viene la paz”. Pienso que para lograrla, debemos atravesar un camino muy espinoso. Sobre todo cuando escuchamos a personeros que de estrategias saben lo que yo sé de astrología, decir  y en cadena nacional: “pero tenemos Patria”. El país se desborona, se destruye, arde por los cuatro costados “pero tenemos patria”. Ese es el aliciente. No hay mayor desfachatez que no tener argumentos a la hora de una tragedia.  Porque eso es lo que vivimos los venezolanos: una verdadera tragedia.

Es pertinente recordar cómo y cuándo se inició la destrucción de la Venezuela próspera: “Exprópiese”. “Exprópiese”. “Está botado, fuera”. “Vamos a crear cultivos oligopólicos”. “Extenderemos por todo el país gallineros verticales”. Además, “vamos a quitarle tres ceros a la moneda para crear el bolívar fuerte”. “Volveremos al trueque”. “La espada de Bolívar camina por América Latina”. Y así anduvimos entregando nuestra fe. Entregando nuestra riqueza. Entregando nuestra humildad. La Cuba de los Castro se apoderó de la Patria. Perdón, la Cuba no, quise decir, los Castros se introdujeron, sin ninguna oposición patriótica en toda Venezuela. El difunto presidente les abrió las compuertas para que auparan aquí, el llamado “mar de la felicidad” ofrecido una y mil veces. Miren ahora lo que tenemos. La peor de las desgracias. Una Venezuela desolada en todos los estratos sociales (menos en el cenáculo que impera en el régimen). A mi modo de ver, el mayor daño causado  en la historia reciente: una hiperinflación galopante que no ha dejado hueso sano. Y allí están, precisamente, niños desnutridos (según expertos), por falta de una alimentación adecuada. Sin profundizar en el resto de los males que nos han zarandeado sin piedad.

Cuando asomo el constructo cenáculo, me refiero al círculo que rodea a Maduro desde que se hizo presidente. Algunos ya han abandonado el barco que busca tocar fondo junto con la “retahíla” de errores y desafueros que les inculcan a otros. Tratando de no hundirse, ahora se aferran a la bendita paz. Aunque aquí no hay guerra, pregonan la paz. Venezuela se ha caracterizado por su generosidad. No es una nación bélica. Todo lo contrario. ¿Pendejos?. Pregúntenle a Daniel Ortega, a Evo M., a Rafael C., a los Kirchner, a Raúl C., a Lula, qué ha hecho Venezuela por sus respectivos países. ¿Y nosotros? Pelando “borlas”. Ahora mismo somos el hazmerreír del mundo. No obstante, hay solidaridad mundial por nuestro infortunio.

A ver. Escuche usted con atención las declaraciones que han emitido los miembros de los poderes públicos, la palabra mágica es paz. Todos la pronuncian. Es más, vendieron como uno de los objetivo de la constituyente de Maduro, lograr la paz. Craso error. Porque el objetivo fundamental, según el 347 de nuestra Carta Magna, la Asamblea Nacional Constituyente legítimamente formada, es redactar una nueva constitución. Hasta el sr Hermann Escarrá se le ocurrió llamar a Maduro “estadista de paz”. Por Dios. Ahora cabe la pregunta: ¿Cómo no va haber paz si cada vez que salía el ciudadano a reclamar sus derechos, la represión y la cárcel era el pan de cada día? Ahora mismo hay miedo de ejercer el derecho a la protesta pacífica como lo establece nuestra Carta Magna, porque podrían esgrimir alteración de la paz de la República. El cenáculo de Maduro debe abrir la llave del entendimiento y poner sus cargos a la orden. Porque mientras estén en el cenáculo del poder, la paz no es tal. El ciudadano clama por una República en concordia. Se abre el debate.

alfredo.monsalve10@hotmail.com

@monsalvel

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