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Alberto Mansueti: Cristianos, “Hipos” y Leopardos

“El colonialismo destruyó África”, dijeron los socialistas africanos en los ’60, “porque nos trajo el capitalismo”. En aquellos años de la descolonización, las izquierdas tomaron el poder en las nuevas naciones, y las destruyeron. Ahora repiten lo mismo, alegando que África, antes del colonialismo blanco, desconocía la propiedad privada, y practicaba el “comunismo primitivo”.

Para despejar las mentiras sobre África hay que leer a los nuevos líderes pro-capitalistas. El pionero y más conocido es George Ayittey, economista, Presidente de la Free Africa Foundation. Ha publicado libros excelentes. Sus descripciones pueden resumirse así:

(1) Antes del colonialismo, la propiedad no era comunista sino privada, sólo que de tipo “familiar” más que individual; y el concepto era de familia “extendida”, casi un “clan” parental. (2) El colonialismo, a partir del Congreso de Berlín de 1884, no ayudó a África, porque le llevó un capitalismo estatista “de amigotes”, de planificación centralizada y gestión burocrática, que destruyó las redes comerciales y clanes tradicionales. (3) Y además, los europeos abrieron sus universidades a los “jóvenes rebeldes” que recibieron en esas aulas su “formación” marxista.

(4) Los comunistas hicieron lo de siempre: “anti-imperialismo”, asfixiante estatismo, culto religioso al “jefe supremo”, partido único y “cleptocracia”, populismo, nepotismo y amiguismo. Resultado: hambre, violencia y guerras, condimentadas con multimillonarias “ayudas” económicas del exterior, que sólo enriquecieron a las Nomenklaturas y sus allegados. (5) La gente común trataba de sobrevivir como podía, en la economía informal. (6) Unos 30 años después, en los ’90, nuevos líderes crearon partidos pro capitalismo, se ganaron apoyo, y conquistaron poder. Hicieron reformas de libre mercado en los “leones africanos”, como Benín, Botsuana, Mauricio, Ghana, Ruanda, Sudáfrica, Nigeria, Uganda, etc.

(7) Y ahora tenemos una rivalidad entre dos campos enfrentados: hipopótamos (hippos) y guepardos (o leopardos). Así les llama respectivamente a los aprovechadores del sistema, y a los que luchan por el cambio de sistema. En el Centro de Liberalismo Clásico encontramos este cuadro muy similar al de nuestra América mestiza, por eso lo estamos estudiando a fondo, y haciendo contactos con líderes “guepardos” destacados en lo académico y en lo político.

Estudiamos los factores políticos, económicos, jurídicos y culturales. Y entre éstos, el cristianismo; hay también parecido con América Latina. Paul Gifford es un autor muy iluminador, con varios libros sobre África, especializado en el ascenso global del pentecostalismo, una “forma”, o quizá “de-forma” de la religión cristiana histórica, o sea: apostólica. Gifford muestra que el cristianismo apostólico se opone diametralmente al pentecostal: uno va en favor de la modernización y el desarrollo de África; no así el otro. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?

Es de cosmovisiones. El cristianismo católico y protestante discrepan en muchos puntos, pero comparten la cosmovisión: (1) de un Dios racional y justo, creador de un universo racional, y un ser humano racional. Dios es espíritu sobrenatural, inmaterial e incorpóreo, y por eso incorruptible; pero su Creación, en la naturaleza, y en su dimensión humana, individual y social, es para ser entendida en términos racionales, científicos, a fin de tener así el hombre “dominio” inteligente y eficaz sobre el mundo creado: Génesis 1:28, el “mandato cultural”.

(2) Por eso el cristianismo histórico ha apoyado la educación y la ciencia, y también las actividades comerciales e industriales con fines de lucro, que traen riqueza y prosperidad, mediante la economía libre, sin gobiernos abusadores. La Biblia expone la Ley de Dios, sus principios y valores. Y no es “el Estado” quien ha de proveer bienes y servicios económicos, educar a niños y jóvenes, auxiliar a los enfermos, o encargarse de los pobres, ancianos y los más necesitados; es la iniciativa privada, y en particular las iglesias, mediante la creación y la gestión de escuelas y Universidades, hospitales, orfanatos y asilos, entre otras “obras de caridad”.

(3) ¿Y los milagros? Fueron señales, para acreditar a profetas y apóstoles, los verdaderos, con sus propósitos específicos. El Antiguo Testamento registra y documenta las acciones sobrenaturales de Dios para preparar la venida del Salvador, con su propósito redentor; por eso todas las curaciones milagrosas y otros hechos espectaculares de los profetas. Y el Nuevo hace igual con los milagros de Jesús, y todos los “hechos de los apóstoles”, con su propósito de establecer la iglesia, encargada de predicar la práctica del “Evangelio del Reino” a las naciones. Esta es “La gran comisión”, Mateo 28:16-20, reedición del mandato cultural. Los milagros del Antiguo Testamento apuntan a Cristo; y los del Nuevo, al Reino de Dios.

¿Y qué “reino” es ese? La voluntad de Dios, “así en la tierra como en el Cielo”. Su voluntad para las naciones incluye muchas cosas como la abolición de la esclavitud, la civilización incluso de la guerra, el buen orden social, gobiernos limitados y prosperidad mediante la actividad económica productiva.

Opuesta al cristianismo católico y protestante (y ortodoxo, en parte) es la visión pentecostal, o “Neo” pentecostal le llaman a veces. (1) Anti-intelectual y enemiga del conocimiento, es “dualista”; y quiere tener sanaciones, liberaciones y prosperidades milagrosas, “sobrenaturales”, del “otro mundo”; y en éste mundo andando por la “sola fe” (mal entendida). Su éxito, crecimiento y popularidad se deben a su inocultable parecido con el paganismo animista, ese del “mundo de los espíritus”, en África y en América mestiza.

(2) Esta visión es antinomiana; y apoya sin reservas el estatismo, y aún el socialismo. Sus falsos “profetas y apóstoles” pretenden hacer lo que Dios ya hizo en la historia, y con propósitos meramente personales. Leen muy mal la Biblia: no conocen la Ley de Dios; y por eso, (3) tampoco saben nada de su Reino. Ni de la historia cristiana. Por eso se dejan llevar por su doctrina “dispensacional”, y creen que el Estado sionista es “el pueblo de Israel hoy día”. Atropellando toda consideración bíblica, histórica, política, geográfica, étnica y aún espiritual sobre el judaísmo, apoyan cualquier política de EE.UU. en Medio Oriente, por criminal que sea.

Wolfgang Vondey, autor pentecostal pero serio, es muy crítico de los excesos, contradicciones y disparates. Pero se me acabó el espacio; aunque si Dios quiere seguiré con estos temas …

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