Inicio > Opinión > Enrique Meléndez: El terror del transporte

Enrique Meléndez: El terror del transporte

 

Un sector donde está reflejada la cruda realidad del país lo representa el transporte público. Trabaja colapsado, a propósito de la reducción del parque automotor pues la mitad de los venezolanos que poseemos vehículos ya no los movemos, tomando en cuenta que no hay plata para repararlos mucho menos para comprar los repuestos, que nada tienen que ver con lo que percibimos como ingresos pues cada pieza ya anda por los millones de bolívares, mientras que lo que percibimos anda por los miles de bolívares.

Sé de una persona que perdió su empleo de camionero; porque se puso a comer en un restaurán en medio de la carretera, y cuando fue a prender el camión, resultó que le habían robado todo el aceite; tuvo, en consecuencia, que pedir auxilio a la compañía, propietaria del camión, y así que lo dejaron en la calle; lo que significa que este tipo de trabajador conduce su unidad como si se tratara de un castigo. He allí una de las grandes víctimas de las carreteras; porque, por lo demás, esta gente también es extorsionada en una y otra alcabala; por esa especie de hampa uniformada en que se ha convertido hoy en día la Guardia Nacional.

Obsérvese que ahora antes de llegar a una alcabala se coloca un cartel; donde se sugiere que sea denunciada la corrupción del agente de la Guardia matraquero, a través de un número telefónico; lo cual no deja de ser una ironía pues toda denuncia de ese tipo no pasa de allí; teniendo presente que en la matraca participa hasta el propio comandante del batallón que se asigna para la custodia del puesto de vigilancia.

Ese tipo de persona que va a Colombia, por ejemplo, para abastecerse de sus artículos de primera necesidad termina dejando la casi totalidad de lo que trae en su equipaje en cada una de las requisas, que se le practican a la unidad; pues allí no hay contemplación alguna a la hora de los decomisos; cosa que no deja de suceder tampoco en el caso de los vehículos particulares, valiéndose el agente de la Guardia del hecho de que los artículos no tienen factura, si es que no se ha tenido la precaución de conservar la misma, y se ha llegado a casos extremos, como el haber sido asesinado a golpes un pobre campesino, como sucedió con el caso de un sobrino de un amigo; que transportaba alimentos, para la peonada de la hacienda de su padre, y se negó a dejarse practicar el decomiso.

Uno diría que el 70% de las unidades que pertenecían a las flotas del transporte público se han salido de las líneas, que cubren determinadas rutas, tanto en la capital, como en el interior de la República, y, en consecuencia, ahora las esperas en las paradas son largas; aun cuando ya muchos pasajeros no las usan, tomando en cuenta que el bolsillo no les da, para pagar el pasaje, y entonces uno los ve hacinados, cuando no guindados en camiones, que creo que los llaman cochineras, y de donde ha resultado que hasta ha habido muertos, es decir, personas que se han caído de los mismos durante el viaje.

El problema es que un litro de aceite de una de esas camionetas, que se conocen como encavas, ya va por los siete millones de bolívares, y un viaje repleto de pasajeros no da para cubrir ese monto; mucho menos para reponer un caucho, que ya va por más de cien millones de bolívares, y no se diga de las otras piezas automotrices. ¿Cuánto vale lo que se conoce como un kit de la correa de los tiempos? He allí el por qué muchos conductores han tenido que vender sus unidades de transporte, y con el capital se han ido a instalar a otro país.

Por lo demás, tampoco el transporte subterráneo ya no es la solución, como se decía antes, con respecto al Metro de Caracas; porque esa es la otra calamidad. “¡Como destruyeron este servicio!” He allí una expresión, que uno escucha una y otra vez, cuando se monta en este tipo de transporte; donde ahora se viaja hacinados, y con la mayor incomodidad del mundo; puesto que los sistemas del aire acondicionado están colapsados; digamos, por falta de mantenimiento, pues también los servicios de la administración pública sufren las consecuencias de la hiperinflación, que estamos viviendo, y el presupuesto, que perciben del Estado, no les alcanza para nada.

Por supuesto, también en las camionetas encavas se viaja hacinado; ya que ahora ha surgido la modalidad de la cola de los parados; gente que no tiene tiempo de hacer una larga espera en una cola kilométrica, y así que opta por esta alternativa, para llegar rápido a su casa o a su trabajo, y de donde ha resultado que este ha sido el mejor antídoto contra los asaltos a este tipo de unidades que, por lo común, se realizaban, y despojaban los malandros a los pasajeros de sus pertenencias, especialmente, celulares, pues este hacinamiento no les permite mayor movilidad en la acción.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

Loading...

Te puede interesar

Compartir

Puedes comentar

avatar
  Subscribe  
Notificación de