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Hiperinflación, Dolarización y Desocupación en la Argentina durante el periodo 1973-1991

 

Perón inició su tercer mandato el 12 de octubre de 1973 y falleció el 1º de julio de 1974. Al asumir su esposa, la Vicepresidente María E. Martínez, se inició un proceso de hiperinflación que duró 16 años y parecía imposible superar (1). Hubo meses en los que la inflación llegó al 700%. En varias oportunidades se modificó el valor de la moneda adjudicando a los 1.000 pesos el valor de un (nuevo) peso. La suma de las devaluaciones efectuadas se reflejó en la supresión de 16 ceros al peso argentino.

Carlos Menen, quien asumió la Presidencia en 1989 (2), promovió la Ley de Convertibilidad que comenzó a regir el 01.04.1991. Dicha ley es equivalente a la dolarización de la economía ya que establece una relación cambiaria fija entre la moneda nacional (en esa época llamada Austral) y el dólar estadounidense. Inicialmente 10.000 australes equivalían a 1 dólar. El cálculo de esta equivalencia se simplificó introduciendo el peso convertible en dólares. Se hizo 1 peso (convertible) = 10.000 australes = 1 dólar. Cabe precisar que hasta ese momento se habían eliminado 12 ceros y esta última devaluación completó los 16 ceros de las devaluaciones efectuadas a lo largo de los 16 años transcurridos entre 1974 y 1990.

Consecuencias de la dolarización

La dolarización estuvo vigente durante 11 años y fue derogada por la crisis económica que produjo:

a) Una desocupación descomunal (3).

b) Cierre de fábricas y quiebra de comercios. P. ej., en Buenos Aires sobrevivió apenas un tercio de los negocios.

c) Reducción del 50% de los estratos medios, que pasaron al estrato bajo. Recordemos que en Argentina el estrato medio abarcaba el 52 % de la población y era uno de los más altos de América Latina; mientras que en Venezuela, para 2004 la suma de los estratos alto y medio alcanzaba apenas el 18%.

d) Aumento brutal de la tasa de suicidios.

e) Suspensión, de hecho, de los sistemas de crédito.

f) Pérdida de la confianza de los inversores.

g) Fuga de capitales y de cerebros.

Esto llevó a muchos a afirmar que “el remedio de la dolarización resultó peor que la enfermedad de la inflación.”

Durante la hiperinflación las deudas se “indexaban,” esto es, aumentaban con la tasa de inflación. Como resultado, la gente dejó de tomar créditos ya que una cuota inicialmente pagable, luego de ser indexada varios meses se volvía impagable; casos hubo en los que llegó a superar los ingresos mensuales de una familia completa. Los argentinos, muy dados a tomar créditos, dejaron de hacerlo y en poco tiempo estos se eliminaron de la lista de opciones. Por otra parte, nadie podía retrasarse ni siquiera un día en el pago de los servicios de luz, agua, y gas, etc., pues los retrasos eran severamente multados.

Para paliar esta situación, los ciudadanos implementaron una estrategia que podría resumirse así: Al cobrar el sueldo se pagaban los vencimientos de la semana y se separaba el dinero necesario para los gastos de esa primera semana, el resto se ponía a interés a 7 días. Al terminar la primera semana se repetía la operación y el resto se ponía a interés por otros 7 días, y así siguiendo. Era frecuente que mientras la gente hacía fila para pagar en la caja de un supermercado los altoparlantes anunciaran que desde ese momento todos los precios aumentaban 20% o más. Mucha gente se veía obligada a dejar parte de los productos que había apartado para comprar y que luego de dicho aumento no podría adquirir.

Los piqueteros

La desocupación resultante sobre todo de la dolarización incrementó las protestas populares. Los pocos planes de ayuda a los desocupados resultaron insuficientes y, además, se corría la especie de que sólo favorecía a los miembros del partido gobernante (4).

Los desocupados se lanzaron a las calles y a las rutas de todo el país para interrumpir la circulación y llamar la atención sobre sus problemas. Quienes así protestaban recibieron el apodo de piqueteros.

La crisis económica

Temiendo una situación aún más acuciante, en 2001 la gente comenzó a retirar grandes sumas de dinero de sus cuentas bancarias y a enviar los dólares obtenidos al extranjero, lo cual provocó una corrida bancaria. El gobierno respondió adoptando un conjunto de medidas, informalmente conocido como el “Corralito”, que restringió la libre disposición del dinero que las personas tenían en plazos fijos, en cuentas corrientes y en cajas de ahorros. Las movilizaciones de masas consecuentes culminaron en muchos casos con destrucciones de la propiedad y saqueos de bancos y de empresas estadounidenses y europeas, especialmente las más importantes.

El gobierno decretó el estado de sitio (de emergencia), pese a lo cual tuvo lugar la movilización popular del 19 al 20 de diciembre de 2001 que provocó la renuncia del Presidente de la Rúa.

Fin de la dolarización

A continuación vino el default financiero. Argentina se declaró insolvente para pagar las deudas contraídas y, después de muchas deliberaciones, el 6 de enero de 2002 el presidente interino Eduardo Duhalde decidió dar fin a la Ley de Convertibilidad que había estado en vigor durante diez años.​ En cuestión de días, el peso perdió gran parte de su valor en el mercado. Provisionalmente se fijó un cambio “oficial” de 1,40 pesos por dólar. Como complemento, el Ministerio de Economía dictó la pesificación, de todas las cuentas, que convirtió los depósitos en dólares a pesos computados al cambio oficial. Esta medida enfureció a muchos ahorristas. Después de unos meses, el tipo de cambio se dejó flotar más o menos libremente. El peso sufrió una devaluación importante que lo llevó a la equivalencia 4 pesos = 1 dólar.

Recordemos que

Antes de 1973 Argentina tenía una inflación superior al 30% anual. Hay quien consideraba que esa inflación desempeñaba un papel positivo, ya que motorizaba la industria nacional. Esto porque quienes disponían de dinero y/o crédito, compraban hoy lo que estimaban que necesitarían mañana.

(1) Distintos países han sufrido la hiperinflación por diversas causas. En el caso argentino, la Vicepresidente y luego de la muerte de Perón Presidente María E. Martínez fue manejada por su secretario privado, el ‘brujo’ López Rega. Ella concurría a la Casa de Gobierno rara vez, y los miembros del equipo económico que advirtieron el proceso inflacionario inminente, ni siquiera tuvieron la posibilidad de alertarla, secuestrada como estaba por el ‘brujo,’ quien les negaba a los miembros del gabinete las audiencias necesarias para discutir y firmar los decretos que habrían contribuido a evitar la hecatombe que se avecinaba.

(2) Luego de Carlos Menen (08.07.1989 al 10.12.1999), fue elegido Fernando de la Rúa. Su mandato se truncó con su renuncia, el 20.12.2001. Le sucedió el Presidente del Senado, Ramón Puerta, hasta que la Asamblea Legislativa designó al gobernador  Adolfo Rodríguez Saá (23 al 30.12.2001). A su renuncia asumió el Presidente de la Cámara de diputados, y dos días después, 02.01.2002, la Asamblea eligió a Eduardo Duhalde. Este convocó a las elecciones que le dieron el triunfo a Néstor Kirchner, quien gobernó desde el 25.05.2003 hasta el 10.12.2007.

(3) Héctor Palomino. Pobreza y desempleo en la Argentina. http://www.economicas.uba.ar/wp-content/uploads/2016/03/cespapaper6.pdf

(4) El desempleo recién fue superado durante la presidencia de Néstor Kirchner, quien incrementó los créditos a las PYME. Esto posibilitó la creación de una gran cantidad de pequeñas empresas que fueron absorbiendo la mano de obra desempleada, tarea que fue completada por su esposa cuando fue electa Presidente. En la actualidad, la eliminación de los subsidios al gas, la electricidad, el agua, etc., ha provocado un incremento sustancial en los gastos de esas pequeñas empresas, acosadas además por la liberación de la importación de manufacturas. En la actualidad muchas de ellas se ven obligadas a cerrar, lo cual también incrementa la desocupación.

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