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José Antonio Gil Yepes: Respuesta a Leopoldo López Gil

 

Querido primo: Pocas veces hemos estado en desacuerdo, pero votar o no en las próximas elecciones es una de ellas. Este debate tiene dos enfoques: el lineal y el dialéctico. Según el lineal, cabe pensar en no votar porque el gobierno juega con más ventajas que nunca. Sin embargo, a eso se contrapone que la oposición, como en 2015, tiene un altísimo potencial de votos, el 80%, que no se puede escamotear si cuenta con los testigos de mesa que eviten el “relleno”. El resto del sistema electrónico es invulnerable. Como podemos ver, todo es una cadena compleja de proposiciones y contraproposiciones cuyo protagonismo y responsabilidad no caen en una sola de las partes.

Las ventajas mal habidas del oficialismo como justificación de la abstención no revelan el pecado original: La incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo en un candidato unitario. Quienes más ventaja le sacarían a Maduro son Leopoldo hijo y luego Capriles, ambos injustamente inhabilitados; pero les sigue Henri Falcón, quien, a pesar del abstencionismo y estimando 50 a 60% de participación, le está ganando a Maduro 44 a 31%. Bertucci tiene 25%.

Si los partidos se hubiesen puesto de acuerdo en un candidato, sacrificando aspiraciones personales, la abstención estaría en un 20-25, y no en un 40-50%. Sin embargo, muchos llaman a no votar y descalifican como vendidos a los que compiten, a riesgo de que el gobierno ganaría sin trampa con una abstención del 60%. La abstención me luce como una herramienta de algunos partidos para descalificar al régimen, ocultando sus debilidades y falta de generosidad entre ellos mismos: A Leopoldo hijo lo dejaron solo en 2014 y a Capriles en 2016 y la mayoría de los partidos dejó solo al pueblo ante la opción ganadora (80 a 20%) del revocatorio presidencial en 2016. La diferencia con la abstención de 2005 es que aquella se convocó a última hora y la razón no era sólo las ventajas del gobierno, sino que los opositores llevaban 8 candidatos promedio por curul, con el 40% de intención de voto, mientras que el chavismo tenía un promedio de 1,1%, con una intención de voto del 60%. En estas presidenciales, no sé qué pueden sacar los partidos de la abstención vistas las debacles de 2005 y de las elecciones de gobernadores y alcaldes de 2017 cuando la abstención le entregó casi todos estos cargos al gobierno y no pasó nada: El gobierno de Maduro no cambió sus políticas catastróficas, sigue gobernando y yo no creo que vaya a pasar mayor cosa en función de acciones internacionales en su contra si es reelecto, inclusive si no cambia sus políticas. Mientras tanto, el pueblo sigue sufriendo, desorientado y la mayoría sin liderazgo político pues sólo el 17,7% se identifica con alguno de los partidos de oposición y el 17% con el PSUV. El 66% del pueblo no se identifica con los partidos porque tienen una agenda de llegar al poder individualmente y sin contar con la participación activa de otros sectores; en vez de crear un frente político multisectorial y privilegiar el logro de mejores condiciones para la población.

El desconocimiento anunciado por los países importantes occidentales es un boomerang porque le deja el campo libre a países orientales (Rusia, China, India, Irán, Turquía y Japón) para que exploten nuestros recursos y sin que Occidente pueda hacer nada para sacar del juego a esos players tan grandes o agresivos. Este último argumento también da al traste con el de que nuestro próximo gobierno sería desconocido por la ilegitimidad de las condiciones electorales: Los países no tienen principios sino intereses… y todos vendrán a por nuestros recursos. Eso sucede, inclusive, en países pobres con gobiernos ilegítimos, como Cuba, Nicaragua y Corea del Norte, que siguen gobernando y, los dos primeros, con relaciones con Estados Unidos.

También podemos esperar el veto militar al escamoteo de los votos, como sucedió en las elecciones de diputados de 2015, cuando el general Padrino mandó a reconocer el triunfo opositor. Tanto más ocurriría ese veto cuanto mayor sea la participación electoral y porque a los militares no les conviene que el gobierno continúe con sus políticas porque, si la situación explota, les tocaría reprimir y ser culpados por crímenes de lesa humanidad.

Se acusa a Falcón de chavista; pero es el único político importante de oposición salido de las filas del chavismo y salió por defender a una empresa privada; cosa que casi ninguno de nuestros líderes ha hecho. Sin embargo, ojalá que Falcón tenga algún nexo con el oficialismo de manera que eso le permita negociar con el madurismo la entrega del poder a cambio de que se les deje en paz. Como dice el profesor Robert Dahl de la Universidad de Yale: “Para salir de un régimen autoritario, hay que subirle el costo a la represión (hoy con los votos) y bajarle el costo a su salida. De lo contrario no se va”. Recordemos el cambio de seña para dejar a Chávez en Venezuela para castigarlo, y…? Todo es dialéctico, nada es lineal.

@joseagilyepes

 

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