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Román Ibarra: ¿El fin de la República?

 

Tristeza; rabia; impotencia; estupor, y mucho dolor, son algunos de los sentimientos que nos embargan como venezolanos en este tiempo, que sin duda, es el peor de toda nuestra historia republicana.

Nuestro país fue entregado cobardemente por Hugo Chávez para ser colonizado por el asesino de Fidel Castro, bajo el ridículo ardid de que el venezolano sería el ¨titán¨ de la lucha mundial contra el imperialismo a la muerte del cubano. Sólo un idiota de mentalidad febril es capaz de dejarse amasar el ego de esa forma pueril.

El plan fue astutamente diseñado por el sátrapa cubano con la intención aviesa de ponerle la mano a las riquezas petroleras de nuestro país para incendiar el continente y el mundo con su idea loca del comunismo. Ese mismo plan, ya lo había propuesto el cubano en 1959 al Presidente Betancourt, quien inteligente y patrióticamente se lo negó, y de allí su odio y actitudes conspirativas contra la incipiente democracia venezolana de entonces.

No obstante, logró volver a urdir su patraña y ésta vez fue obedecido a pie juntillas por el megalómano de aquí, desde el mismo momento en que salió de la cárcel en 1994, y fue recibido por aquel con honores en la Universidad de La Habana. Es bueno recordar que Fidel fue de los primeros en comunicarse con CAP la noche del golpe criminal del 4F-92, repudiando la acción; cínico e hipócrita, pero sobre todo, chulo!

Ya en el poder desde 1999, comenzó la tragedia venezolana con la entrega miserable de nuestro país a la dictadura cubana para extraerle la sangre y sus riquezas a cargo de aquellos vampiros; primero con el chiflado eterno, y ahora con su sucesor desde 2013, artífice de la debacle económica y social que nos mata de hambre.

Toda esa acción deletérea que se expresa en la vida miserable de nuestros compatriotas por falta de comida; medicina; hospitales; vialidad; persecución al sector privado de la economía; destrucción física y material de las empresas del Estado; empleos precarios con salarios de hambre, y la única sociedad del mundo con hiperinflación, se refleja nítidamente en todas las encuestas, las cuales dan cuenta de que el 80% de la población desprecia y repudia al gobierno.

Aun así, con esa pesada carga a cuestas en los hombros del gobierno, la oposición venezolana ha sido incapaz de ponerse de acuerdo en torno a una política unitaria que conectada con las luchas sociales del pueblo, derrote de manera definitiva esta plaga comunista y mediocre que nos destruye día a día.

Bastantes fueron las ocasiones en que tratamos de llamar la atención de quienes toman las decisiones políticas en el seno de la MUD, para que no se dejaran chantajear por conductas radicales contrarias al interés general; para que actuaran coherentemente y con audacia y así tomar las mejores decisiones como consecuencia de lo que fue un diseño correcto en cuanto a la conducta cívica, pacífica, constitucional y electoral.

Más poderosos fueron los intereses particulares y partidistas, que los intereses de todo el país que clama a gritos desde el foso en que fue lanzado, y se impuso entonces el abstencionismo contra la sindéresis.

Tenía que haberse impuesto una lucha conjunta entre la unidad venezolana, y la comunidad internacional para reclamar con un liderazgo único y unitario, de consenso, las condiciones electorales para lograr la participación de todos, pero prefirieron regalarle a Maduro la presidencia y los argumentos para seguir destruyendo.

Ya cada quien debe haber tomado su decisión, y es probable que sea tarde. ¿Se habrá perdido la República?

 

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