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Rubén Ávila Serratti: Tiempos de amigos y enemigos

El que se pica es porque ají come; pero hay conductas temerarias utilizadas por el enemigo en Mérida para debilitar la gobernabilidad, encajados dentro del plan conspirativo que viene fraguando la multinacional de la conjura, con sus socios en el Alto Clero y en medios comunicacionales de la oligarquía contra las elecciones en Mayo. Flaco favor le haríamos a la Revolución, si por  triunfalismos y descuidos, fortalezcamos ese enemigo que está alerta y dispuesto a utilizar cualquier debilidad que tengamos para dar el zarpazo.

Debemos estar seguros que funcionarios en los cargos públicos que aún detentamos después de la derrota de la Gobernación, asientan su  gestión manteniendo la lealtad con la revolución, con su moral, con la valentía para defender a Maduro y la capacidad para asumir la gestión revolucionariamente. Estos momentos no son para  chismosos,  jalabolas, cobardes  ni oportunistas.

El 20 de Mayo no podemos perder, porque vamos por el rescate de la Revolución y el Socialismo en este Estado, y la consigna es ¡Ganar! para garantizar el pan de cada día, y cuidar para que nadie nos quite la capacidad creativa de soñar y amar, porque nos oponemos a que el hombre y la mujer sean mercancía, para que  el socialismo sea una realidad tangible.

Sabemos que estamos viviendo momentos difíciles en el camino revolucionario; pero hay que llegar a feliz término, para reivindicar la fraternidad y la amistad como nexos esenciales, puros, nobles y acerados entre los humanos, entendiendo que el socialismo no es un muñuño de vivos y oportunistas que llegan como moscas al pastel del futuro.

En el PSUV, la hermandad, el espíritu del hombre nuevo y el instinto revolucionario con la UNIDAD a cuestas, debe ser la esencia y el accionar constante, para desterrar el individualismo, el odio, la flojera, la corrupción  y alerta, alerta siempre porque una organización revolucionaria debe estar preparada para enfrentar un golpe en cualquier momento que permita una rápida reacción para aplastarla donde sea. Entender que una revolución pacífica como la que estamos construyendo, puede pasar a ser violenta en cualquier momento, porque eso no depende de la voluntad de los revolucionarios, sino de las intenciones de las fuerzas políticas, porque el enemigo viene a cortarnos la cabeza.

 

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