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Carlos Guillermo Cárdenas: Briceño Ferrigni en tres voces

 

Germán Briceño Ferrigni (gobernador de Mérida 1969-72, parlamentario, escritor y académico) fue un orador que descolló en la plaza pública ante el pueblo que lideró  por tres décadas, en la tribuna de oradores del parlamento nacional y en el podio de las academias y en el paraninfo de las universidades. Su verbo claro y prístino retumbó en variados y disímiles escenarios. Tuvo el don de catapultar a la audiencia con sus expresiones que fueron el mejor testimonio del hombre cultivado con intelecto y talento. Con motivo de su deceso (19 de marzo de 1999), tres voces dejaron sentir sus opiniones.

Fortunato González (1) sobre su obra literaria señala: “Sus escritos eran un modelo de finura, con expresiones y metáforas que le daban fluidez y gracia a su literatura, sustentaba sus ideas en los autores apropiados sin recurrir a citas de ocasión, para concluir con proposiciones explicitas y pertinentes”. Más adelante añade: “La amistad era para él un valor fundamental  y se cuidaba de expresiones contra nadie que no fuesen críticas a acciones o criterios que no compartía. Cuidaba el lenguaje, los modales, la expresión corporal y la vestimenta. Era un hombre elegante, impecable, de gusto exquisito, que supo disfrutar de las cosas buenas de la vida y aguantar con reciedumbre los momentos aciagos. Católico de misa dominical, comunión ocasional y rosario de familia. ¿Alguien puede imaginarse un mejor exponente de la Mérida de los Caballeros?.

Asdrúbal Baptista (2) merideño por antonomasia y viajero incansable por los caminos del mundo, tuvo palabras hacia don Germán: “Para mi generación en la vida de Mérida que sigue a 1958, el nombre de Germán Briceño Ferrigni llegó a ser, y no pudo haber exageración, en mis recuerdos, casi mítico. El tiempo que se le concedió ha concluido. Conductor de inquietudes juveniles en años azarientos. Recio, como acaso ninguno entre los vendavales políticos de la época. Su porte, de linajes ya idos, y su palabra, precisa y atinada, marcaron una época agria, que demandaba firmezas e imponía lealtades”.

Monseñor Baltazar Cardenal Porras Cardozo (3) escribió desde Madrid: “Recibo la infausta noticia de la muerte de Germán Briceño Ferrigni. Hace apenas diez días coincidimos por última vez en el Salón Rectoral Fray Juan Ramos de Lora de nuestra máxima casa de estudios. Se presentaba la revista institucional de la Universidad de Los Andes en la que ambos colaboramos. Desde su medio retiro de la actividad política activa, su sed de letras y luces, tragaba libros, escribía con agudeza y disertaba con verbo fácil y elegante. Tenía un dominio envidiable del idioma y lo manejaba con donosura”.

Esa simbiosis de tribuno de la plaza pública y fina pluma de escritor, inusual por demás, en Briceño Ferrigni tuvo una excepción que lo llevó a recorrer el mundo político y el mundo intelectual con una propiedad que sobresalió en los escenarios más nutridos y más refinados. Abordaba un tema taurino, una anécdota histórica, una aproximación filosófica o una disquisición literaria como el más experto y ducho. Su expresión era directa y contundente. Alejado de la lisonja y el servilismo, reconoció los méritos y el talento de quien lo merecía. El próximo año, el 19 de marzo, se cumple el vigésimo aniversario de su partida final.

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