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Rafael del Naranco: Maduro,  un  manzano y el IVSS

 

En las circunstancias actuales de Venezuela, ni es fácil  ni tampoco existe  un optimismo que ayude cada  mañana a comenzar a vivir de nuevo.

Los últimos años borrascosos del país de  los caribes y cumanagotos son consecuencia ineludible de un gobierno cuyo Estado  no ha sabido manejar sus obligaciones constitucionales con sapiencia y ponderación.

Bueno sería que el país encontrara la serena calma demandada. El Presidente Nicolás Maduro dejó hace tiempo de gobernar para todos. Cortó la nación en dos tajos irreconciliable: los míos y los de nadie.

Jorge Luis Borges,  llegado a Suiza por vez primera, preguntó el nombre del presidente del país: nadie lo sabía. “Entre nosotros  los latinoamericanos – comentaba – un jefe de Estado es un personaje apabullante y público, y allí no.”

“El hecho de que en el país europeo  la Administración – explicaba  el ciego de la Costalera – sea  casi imperceptible y  eficaz, es muy importante. Nosotros los criollos tendemos a ver en función de personas y no en razón del  destino que se produce de un modo gregario y continuo”.

Es cierto: No somos ni seremos helvéticos, ni siquiera nos acercamos de lejos, pero bien pudiéramos de alguna manera intentarlo. Claro, no tenemos un Paracelso, tampoco un Jung para introducirse en nuestro subconsciente y encontrar la razón de la paranoia que nos envuelve. No atinaremos con Rousseau y su sentido de los actos lógicos; a lo más, envolveremos la cabeza con una cobija, esperando que la tormenta que nos azota  se disipe.

Somos actualmente un almacén vacío. Falta todo: azúcar, café, granos, harina de maíz, margarina, mayonesa, quesos madurados, yogures, refrescos y leches en polvo, pasteurizada, descremada y de soya, mientras al pollo, ave sustento de la mayoría de las familias, se le mira  encajonado en las nubes. Ah, y los periódicos sin papel.  ¿El valor del bolívar? Mejor preguntarse si esa moneda existe.

(En mi caso particular, tras 35 años trabajando en la Cadena Capriles y antes el 2 diarios de Isla Margarita, y habiendo cotizado religiosamente al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales  (IVSS), tras venir  a España a vivir – eso parece un delito en la actual Venezuela –  hace ahora exactamente 2 años y 6 meses que no recibo mi pensión de vejez. ¿Y de que vivo? De colaboraciones en medios de comunicación que siempre son escasamente pagadas. El diciembre, en una entrevista  que  se le hizo en TVE  a nuestro Jefe de Estado, juró que en enero comenzaría a pagar. Bueno, la verdad es que no ha dicho de que año.)

Fue Alejandro Solyenitsin en uno de sus “Cuentos en miniatura”, quien lanzó este vaho de  esperanza: “Mientras se pueda respirar después de la lluvia bajo un manzano, se puede vivir”.

Claro, eso es un relato escrito, no la realidad de la vida misma saliendo a nuestro encuentro.

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