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La bebida en Venezuela y su historia (I), por Miro Popic

 

Caña, palo, rasca y ratón. Estos son los puntos cardinales que marcan el rumbo de lo que se ha bebido y se bebe regularmente en el país. Palabras de uso frecuente a las que todos, o casi todos, recurrimos a diario, cuyo origen generalmente desconocemos, lo que no nos impide su uso regular en el hablar cotidiano pese a lo alejado que pudieran estar, en nuestro caso, del rigor académico del castellano y del habla culta. Lo popular no quita lo significante, lo fortalece. Cada pueblo tiene su propio lenguaje para expresar el acontecimiento etílico y es el que más acepciones acumula a la hora de nombrarlo. Las lenguas se aprenden o se olvidan, pero no así la capacidad de expresar ideas y emociones en busca del entendimiento que nos hace humanos.

Si bien lo hispano y lo indígena tuvieron sus propios referentes en materia de bebidas alcohólicas, es el aguardiente de caña de azúcar surgido durante la propia formación del país el que marca la categoría, con una fortaleza tan poderosa que su nombre entre nosotros se ha convertido en sinónimo de bebida alcohólica. Comenzó a gestarse en la época colonial pero no fue sino en el período republicano cuando se impuso como nombre genérico de todo licor. Fue su consumo lo que determinó el vocablo. Es nuestro vínculo etílico con un pasado histórico aferrado a un territorio cultural que se expresa en el lenguaje.

Para Alexis Márquez Rodríguez, en Muestrario de voces y frases expresivas, caña es una “forma genérica de designar las bebidas alcohólicas, también se usa en forma metonímica, como nombre elíptico del aguardiente de caña, licor que se destila de la caña de azúcar, distinto del ron, que tiene el mismo origen”. Su uso obedece a la presencia dominante de la caña de azúcar en el paisaje venezolano y su consecuente destilación hasta ser transformada en alcohol.

En un artículo de El Nacional, del 20/07/1974, Matías Carrasco, seudónimo de Aníbal Nazoa, titulado Viva el Gobierno, escribe: “Cañandonga vaya y venga, sin que nadie la detenga. Ella es el único artículo de primera necesidad que ni baja ni sube, aunque tampoco está congelado sino on the rocks”. Don Ángel Rosenblat, dentro de las muchas expresiones que reúne sobre el tema en su valiosa obra Buenas y malas palabras, menciona “ese muele caña en bruto”, haciendo alusión a una persona que bebe demasiado, “Le gusta arrear la caña”, “¿Usted no raja caña?”, “Raja la caña en bruto”, “Es amigo de la cañandonga”, “Al primer cañazo se rascó”, todas expresiones sacadas de relatos periodísticos o de la literatura nacional.

El legado filológico del alcohol en Venezuela es enorme. Cada país tiene los suyos, pero no tantos como los que circulan entre nosotros. Imposible no citar a don Tulio Febres Cordero quien el 11 de septiembre de 1890 publicó en El Lápiz un escrito El licor y sus efectos, con este listado relativo al que está pasado de tragos: Achispado. Aguardientoso. Alcoholizado. Alegre. Alegrón. Alumbrado. Aporreado. Atarantado. Atilampado. Bebido. Beodo. Borracho. Cargado. Chispeante. Chispo. Chungo. Chupado. Descompuesto. Ebrio. Emborrachado. Embriagado. Emparrandado. Empiscado. Encandilado. Enfiestado. Ensabanado. Entitiritado. Golpeado. Iluminado. Impersonal. Imposible. Inspirado. Jalado. Jecho. Jumo. Lingüeteado. Loteado. Moneado. Mono. Paloteado. Pelado. Perdido. Pinto. Pintón. Pisco. Quemado. Rascado. Rascómetro. Templado. Tomado. Toteado. Tragueado. Trancado. Tranquilo. Trastornado. Triqueado. Trinquiliforte. Tristón. Turno. Turbio. Turco. Tureco. Tureque. Tuturuto.

Cien años después el tema fue revisado y ampliado con rigurosidad académica por el catedrático Édgar Colmenares del Valle en su curiosa obra Designaciones de borracho en el habla venezolana, aparecida en 1989, lo más completo que se ha publicado en el país sobre el tema desde el punto de vista lexicográfico. Esta es una lista sin fin que cada quien puede actualizar a su antojo y libre conocimiento. Está en constante evolución pero permanece fiel a los clásicos que perduran por generaciones. Y los nuevos que surgirán cada vez que uno se echa unos palos. (Continuará).

Miro Popic

 

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